Arquitectura y energía

Espacios exteriores en verano I

Faltan poco más de una semana para que en el hemisferio norte se “inaugure” el verano. Aunque ya el calor acompaña en muchas partes, todavía nos quedan varias semanas para ver las altas temperaturas propias del período estival.

En lugares con eternas primaveras, como muchas zonas del trópico, el calor no castiga tanto como en otros lugares menos afortunados, pero tanto en unos como en otros el confort se consigue con ciertas medidas comunes de diseño exterior para los espacios.

En los tratados de arquitectura bioclimática como los escritos por Victor Olgyay (Arquitectura y Clima: Manual De Diseño Bioclimático Para Arquitectos Y Urbanistas. Ed. Gustavo Gili; Barcelona, 1998) o por Javier Neila (Arquitectura Bioclimática En Un Entorno Sostenible. Ed. Munilla Lería; Madrid, 2004), se habla, entre otros factores, de la radiación solar, y sus diferentes formas,  como causante de la sensación de calor en época de verano, ya sea en espacios exteriores o incluso interiores.

Esta afirmación, que a todos nos parece muy obvia, establece una serie de soluciones que, por separado o combinadas, pueden ayudarnos a conseguir la sensación de bienestar deseada en los espacios exteriores.

Antes de pasar a las soluciones es bueno establecer las relaciones – intercambios de temperatura o ganancias de calor,  que se presentan entre los usuarios y el medio exterior en que se encuentran. En este sentido hablaríamos de ganancias de calor por radiación solar directa;  ganancias por radiación solar reflejada en el entorno y sus superficies; radiación solar difusa (la que se refleja en la bóveda celeste, y las nubes). También podríamos hablar de intercambios de temperatura, es decir la ganancia de calor de los cuerpos y superficies más frías con relación a las que tengan mayor temperatura.

Además de estas relaciones, se debe tomar en cuenta, a la hora de establecer las causas de las posibles sensaciones de falta de bienestar térmico, el propio calor generado en las actividades metabólicas de los individuos, es decir las actividades y el movimiento que desarrollen para llevarlas a cabo.

Partiendo de estas consideraciones anteriores, es fácil llegar a la conclusión de que para que la sensación de bienestar térmico esté presente en la relación individuo + entorno exterior, es preciso equilibrar y/o crear un balance entre ganancias y pérdidas de energía; en este caso energía en forma de calor.

En la próxima entrega de esta serie,  no se descubrirá nada nuevo que nuestros antecesores proyectistas, de civilizaciones antiguas, no hayan puesto en práctica con éxito;  pero por lo menos las refrescaremosy citaremos para nuestro consumo actual y de cara al verano que se aproxima.

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