Arquitectura y energía

El día que… ¿se acabó lo que se daba?  IV

 

Juan C. Sánchez González.

 

Continuando con nuestras alternativas para el arquitecto, en cualquier escenario en el que parezca que se ha acabado lo que se daba (aunque nos hayamos inspirado en el escenario español), valoramos algunos ejemplos más para el rescate laboral de este gran humanista.

Un par de campos habituales de ejercicio para los arquitectos es el de la rehabilitación y el de la restauración de edificios y monumentos e incluso espacios urbanos. Sobre el primero ya hemos hablado un poco la semana pasada.  La gran desventaja de estos sectores, o por lo menos del primero, es que van muy de la mano del sector de la construcción de nueva planta dado que muchas veces los capitalistas inversores son los mismos. El caso de las restauraciones se desmarca un poco de la inversión privada y recibe la promoción directa de la administración pública, siempre que ésta tenga la capacidad de poder identificar los fondos para proyectos de esta naturaleza. En la República Dominicana se recuerdan los grandes proyectos de restauración del casco antiguo de la ciudad de Santo Domingo en varias de sus etapas y con la participación del superior gobierno y del sector privado.

El sector de la restauración en el campo de la arquitectura, vincula fácilmente al arquitecto con dos vertientes culturales muy próximas, las bellas artes figurativas o visuales (pintura, escultura)  y el campo del ejercicio intelectual de las publicaciones especializadas. En el caso de las primeras, el arquitecto, ya sea por formación o por su propio proceso de sensibilización personal, puede dedicar parte de su talento a la creación y expresión artística en obras pictóricas y escultóricas, ya sea creándolas, restaurándolas o ejerciendo labores de valoración y manejo, conservación, preservación, exposición, coleccionismo e incluso administración de bienes artísticos. Evidentemente dichas funciones, cada cuál más específicas, demandarían un nivel de especialización que el arquitecto debe cultivar ya sea de manera reglada o empírica.

Al referirnos al ejercicio intelectual de las publicaciones especializadas, no estamos haciendo otra cosa que hablar de publicar libros y artículos especializados de arquitectura o afines. En ambos casos el nivel de gratificación moral es muy alto pero hay que saber que en cuanto a un rendimiento económico no se pueden esperar grandes resultados, aunque esto, desde luego, puede solo ser una visión miope del autor de estas líneas. Es de suponer que para el ejercicio del arte de escribir arquitectura es, cuando menos, recomendable mantener un ritmo de investigación, que marche por delante del material que es de dominio público y de fácil acceso para las masas, si se quiere realizar una labor original y útil a la sociedad.

Esto nos lleva a otra alternativa laboral y es la de arquitecto investigador. Este personaje es, junto a sus colegas de las ingenierías, el responsable de plantear los posibles avances en el ámbito de las ciencias de la construcción, sean estos en el campo de nuevos materiales, nuevas tecnologías constructivas, etcétera, e incluso de la reinterpretación de elementos y/o tecnologías ya en uso, pero a los que se les puede dar un nuevo enfoque. Seguiremos la próxima semana.

 

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