Diáspora en Retrotopía

 

Siento que, en las semanas previas, he asumido una línea un tanto filosófica y hasta conceptual, en los artículos o editoriales que he publicado. Incluso, consciente de ello, había decidido que esta semana fijaría mis puntos de vista sobre la “Diáspora Dominicana”, desde un enfoque más analítico, metódico y medible. Es decir, con citas de cifras, datos y estudios. Pero el haber conocido sobre la póstuma publicación del ensayo del filósofo y sociólogo polaco, Zygmunt Bauman, y mi afán de ver las cosas a través del lente de “los de fuera”, tendría entonces que posponer ese análisis grafico para otra semana.

En lo que aparenta ser su última publicación, “Retrotopía”, o en cualquiera de las otras, el ideólogo del concepto “modernidad liquida”, no trata el tema de la diáspora, de manera específica. Lo cierto es que entre las líneas de sus reflexiones sobre el comportamiento y pensamiento humano a todo lo largo de su vida, el ensayista polaco siempre señaló aspectos, donde los miembros de un éxodo pueden verse reflejados.

Entre las líneas de “Retrotopía”, cuando la extrapolamos al concepto “diáspora”, vemos pinceladas de intuición de una pérdida de fe, sobre la idea de poder alcanzar la felicidad plena en una tierra que ya no es tuya. Tomemos como referencia, lo que fijaba el filósofo social Tomas More, en la isla prospera y llena de tranquilidad y seguridad, es que vivimos “los de fuera”. Nosotros, los habitantes de las haciendas de More, creemos poder mejorar las condiciones de aquello que ya dejamos físicamente, pero que aún llevamos dentro. No por su posibilidad futura, sino por el recuerdo de un pasado que asumimos fue superior al presente que esa tierra vive.

¿Será por ello lo de una diáspora que muestra apatía, desinterés y desencanto, del que hablaba la semana pasada? Pues puede que esa sensación de fantasía haya desaparecido, pero no la aspiración humana que motivó esa visión conmovedora. La diferencia está en el tiempo. Allí, donde lejanía en el espacio más que la distancia, nos hace sentir nostalgia por un pasado que no siempre concurrió mejor. Uno que no muere. Uno que motiva al futuro. Eso es retrotopía.

Este concepto está atado al vasto espacio que el autor llama el “golfo”. Es el mundo entre el poder y la política. Ese “golfo” está entre la habilidad de lograr cosas, y la capacidad de decidir qué cosas deben hacerse.

Nosotros fuimos formados en un paternalismo que solo nos permite accionar, si se nos rinde el permiso o responsabilidad por vía de los estados-nación. Colocándonos al margen de ese “golfo”. Sin embargo, estos estados-nación no han podido cumplir las promesas que han expuesto, a pesar de estar compuestos de muchos hombres y mujeres muy parecido a nosotros mismos. En el fondo, el fallo está en las estructuras y las implementaciones, que se contraponen a las expectativas y ambiciones del individuo y el colectivo. Pues todos queremos lo mismo. Todos queremos bien.

Pero fortuitamente, el mundo del presente ha cambiado. Para llegar al futuro utópico, la retrotopía debe asumir su estimulo, rectificando las fallas de la condición humana, por medio de la resurrección de las olvidadas y fallidas potencialidades del pasado. Los nuevos sistemas tecnológicos y las nuevas sociedades de colaboración, empoderamiento y emprendimiento nos permiten eso. Tan solo hay que apelar a la imaginación y preguntarte, ¿No fue siempre así?; ¿No es al pasado al que siempre nos hemos dirigido, para mejor definir el futuro?

Busquemos en lo mejor de nuestros ancestros y sus historias, para alcanzar la nación que hemos soñado. Esa es la gran enseñanza de su última lección a nosotros “los de fuera”. El filósofo y sociólogo polaco, Zygmunt Bauman, también fue parte de una diáspora. Una además de polaca, occidental de Europa, política, de alma, de corazón y de intelectuales.

-A inicios de una “Guerra Fría”, el filósofo se vio víctima de una purga política en su país de origen, orquestada por el gobierno comunista que regía los destinos y el cual más tarde cayó, gracias a los esfuerzos de movimiento “Solidaridad”. Cada uno de nosotros, los que vivimos fuera de la patria, tal vez hemos sido víctima de alguna especie de guerra fría.

 

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