Cui bono?

Hacer daño a Assad ahora sólo significa prolongar una guerra civil que ahora es aún más un sin sentido que antes.
Uri Avnery - 18 de abril de 2017 - 12:07 am - Deja un comentario

CUI BONO −¿quién se beneficia?− es la primera pregunta que un detective experimentado hace al investigar un crimen.

Y porque fui un detective por un corto tiempo en mi juventud, sé el significado. A menudo, la primera y obvia sospecha es falsa. Te preguntas “cui bono”, y otro sospechoso, en el que no pensaste, aparece.

Desde hace dos semanas, esta pregunta me tiene preocupado. No me deja tranquilo.

En Siria, se ha cometido un terrible crimen de guerra. La población civil en un pueblo rebelde llamado Idlib fue golpeada con gas venenoso. Decenas de civiles, entre ellos niños, tuvieron una muerte miserable.

¿Quién podría hacer algo así? La respuesta era obvia: ese terrible dictador, Bachar el Asad. ¿Quién más?

Y así, en pocos minutos (literalmente) The New York Times y una gran cantidad de excelentes periódicos en todo el Occidente proclamaron sin titubear: “¡El Asad lo hizo!”.

No se necesitan pruebas. Ninguna investigación. Fue sencillamente evidente. Por supuesto que fue Assad. En cuestión de minutos, todo el mundo ya lo sabía.

Una tormenta de indignación barrió el mundo occidental. ¡Debe ser castigado! El pobre Donald Trump, que no tiene ni idea, cedió a las presiones y ordenó un ataque de misiles sin sentido en un aeródromo sirio, después de haber predicado durante años que Estados Unidos no debía involucrarse en Siria. De repente, se echó atrás. Sólo para darle una lección a ese bastardo. Y para mostrarle al mundo que clase de He-He-He Man él, Trump, es realmente.

La operación fue un éxito inmenso. De un día para otro, el Trump despreciado se convirtió en un héroe nacional. Incluso los liberales le besaron los pies.

PERO DESDE entonces, esa pregunta me ha seguido perturbando, dando vueltas en mi mente. ¿Por qué Assad lo hizo? ¿Qué ganaba con eso?

La respuesta sencilla es: Nada. Absolutamente nada.

(“Asad” significa “león” en árabe, contrariamente a lo que parecen creer los expertos y estadistas occidentales, el énfasis está en la primera sílaba).

Con la ayuda de Rusia, Irán y el Hizbullah, El Asad está lentamente ganando la guerra civil que ha estado acabando a Siria durante años, ya tiene casi todas las ciudades importantes que constituyen el núcleo de Siria. Tiene suficientes armas para matar a tantos enemigos civiles como desee su corazón.

Entonces, ¿por qué, por Dios, debería usar gas para matar unas decenas más? ¿Por qué despertar la ira de todo el mundo, invitando a la intervención norteamericana?

No hay forma de negar la conclusión: Asad tuvo el menor beneficio de la acción maldita. En la lista de “cui bono”, él es el último.

Asad es un dictador cínico, tal vez cruel, pero está lejos de ser un tonto. Fue criado por su padre, Hafez el Asad, quien fue un dictador por muchos años antes que él. Incluso si fuera un tonto, sus asesores incluyen a algunas de las personas más hábiles en la tierra: Vladimir Putin de Rusia, Hassan Rouhani de Irán y Hassan Nasrallah de Hezbolá.

Entonces, ¿quién tenía algo que ganar? Bueno, media docena de sectas y milicias sirias que luchan contra Asad y se enfrentan en la loca guerra civil. También sus aliados árabes suníes, los saudíes y otros jeques del Golfo. E Israel, por supuesto. Todos estos tienen interés en despertar al mundo civilizado contra el dictador sirio.

Lógica simple.

UNA ACCIÓN militar debe tener un objetivo político. Como dijo Carl von Clausewitz hace 200 años: “La guerra es la continuación de la política por otros medios”.

Los dos principales opositores de la guerra civil siria son el régimen de Asad y el Daesh, también llamado Estado Islámico. Entonces, ¿cuál es el objetivo de EE.UU.? Suena como una broma: Estados Unidos quiere destruir ambos contendientes. Otra broma: Primero quiere destruir Daesh, por lo tanto bombardea a Asad.

La destrucción de Daesh es altamente deseable. Hay pocos grupos detestables en el mundo. Pero Daesh es una idea, más que una simple organización. La destrucción del estado Daesh dispersaría a miles de asesinos decididos por todo el mundo.

(Curiosamente, los asesinos originales, hace unos 900 años, eran fanáticos musulmanes muy similares al Daesh de ahora.)

Los propios clientes de Estados Unidos en Siria son una pena, casi destruidos. No tienen ninguna posibilidad de ganar.

Hacer daño a Assad ahora sólo significa prolongar una guerra civil que ahora es aún más un sin sentido que antes.

PARA MÍ, un periodista profesional la mayor parte de mi vida, el aspecto más deprimente de todo este capítulo es la influencia de los medios de comunicación estadounidenses y occidentales en general.

Leo el New York Times y lo admiro. Sin embargo, destrozó todos sus estándares profesionales publicando una asunción no probada como la verdad del Evangelio, sin necesidad de verificación. Tal vez Asad sea el culpable, después de todo. Pero, ¿dónde está la prueba? ¿Quién investigó y cuáles fueron los resultados?

Peor aún, la “noticia” inmediatamente se convirtió en una verdad mundial. Muchos millones lo repiten sin pensarlo como obvia, como la salida del sol en el Este y la puesta del sol en el Oeste.

No surgen preguntas. No se exige ni suministra ninguna prueba. Es muy deprimente.

VOLVAMOS AL dictador. ¿Por qué Siria necesita un dictador? ¿Por qué no es una bella democracia al estilo estadounidense? ¿Por qué no acepta con gratitud el “cambio de régimen” ideado por Estados Unidos?

La dictadura siria no es un fenómeno accidental. Tiene raíces muy concretas.

Siria fue creada por Francia después de la Primera Guerra Mundial. Una parte de ella más tarde se separó y se convirtió en el Líbano.

Ambas son creaciones artificiales. Dudo que aún existan verdaderos “sirios” y verdaderos “libaneses”.

El Líbano es un país montañoso, ideal para pequeñas sectas que necesitan defenderse. A través de los siglos, muchas pequeñas sectas encontraron refugio allí. Como resultado, el Líbano está lleno de esas sectas, que desconfían unas de otras −musulmanes suníes, musulmanes chiíes, cristianos maronitas, muchas otras sectas cristianas, drusos y kurdos.

Siria es casi lo mismo, con la mayoría de esas mismas sectas, y con el añadido de los alauíes. Estos, como los chiíes, son los seguidores de Ali Ibn Abi Talib, primo y yerno del profeta (de ahí el nombre). Ocupan un pedazo de tierra en el norte de Siria.

Ambos países tenían que inventar un sistema que permitiera que entidades tan diversas y mutuamente sospechosas vivieran juntas. Y encontraron dos sistemas diferentes.

En el Líbano, con un pasado de muchas guerras civiles brutales, inventaron una forma de compartir. El presidente es siempre un maroní, el primer ministro, suní, el comandante del ejército druso, y el presidente del parlamento, un chií.

Cuando Israel invadió el Líbano en 1982, los chiíes en el sur eran los de más abajo en la escala. Ellos dieron la bienvenida a nuestros soldados con arroz. Pero pronto se dieron cuenta de que los israelíes no habían venido sólo para derrotar a sus arrogantes vecinos, sino que pretendían quedarse. Así los humildes chiíes iniciaron una campaña de guerrillas muy exitosa, en el transcurso de la cual se convirtieron en la comunidad más poderosa del Líbano. Son dirigidos por “Hizballah”, el Partido de Alá. Pero el sistema todavía se mantiene.

Los sirios encontraron otra solución. Se sometieron voluntariamente a una dictadura, para unir al país y asegurar la paz interna.

La Biblia nos dice que cuando los hijos de Israel decidieron que necesitaban un rey, escogieron a un hombre llamado Saúl que pertenecía a la tribu más pequeña, Benjamín. Los sirios modernos hicieron lo mismo: se sometieron a un dictador de una de sus tribus más pequeñas: los alauíes.

Los Asad son gobernantes seculares y anti-religiosos, lo opuesto al fanático y asesino Daesh. Muchos musulmanes creen que los alauíes no son musulmanes en absoluto. Desde que Siria perdió la guerra de Yom Kipur contra Israel, hace 44 años, los Asad han mantenido la paz en nuestra frontera, aunque Israel se anexionó las Alturas del Golán sirio.

La guerra civil en Siria todavía está en marcha. Todo el mundo está luchando contra todo el mundo. Los diversos grupos de “rebeldes”, creados, financiados y armados por Estados Unidos, están ahora en malas condiciones. Hay varios grupos rivales de yihadistas, que odian todos al Daesh yihadista. Hay un enclave kurdo que quiere separarse. Los kurdos no son árabes, pero son principalmente musulmanes. Hay enclaves kurdos en la vecina Turquía, Irak e Irán, cuya hostilidad mutua les impide hacer causa común.

Y está el pobre e inocente Donald Trump, que ha jurado no involucrarse en todo este lío, y quién está haciendo precisamente eso.

Un día antes, Trump era despreciado por la mitad del pueblo estadounidense, incluyendo la mayoría de los medios de comunicación. Pero apenas con el lanzamiento de algunos misiles, él se ha ganado la admiración general como líder fuerte y sabio.

¿Qué dice eso del pueblo estadounidense norteamericano y de la humanidad en general?

No aceptamos comentarios ofensivos ni denigrantes.
Estamos interesados en el debate de las ideas, no auspiciamos ninguna ofensa contra nadie. Los comentarios que contengan mensajes denigrantes, ofensivos, difamatorios, injuriosos, por razones de raza, de política, de religión o de cualquier otra índole serán eliminados y sus autores excluidos de continuar comentando.