Verde – Rojo

Una campaña de seguridad vial, una nueva ley de tránsito, o sea la “Ley de Movilidad, Transporte Terrestre y Seguridad Vial”, y la creación en el mismo rumbo del Instituto de Tránsito Terrestre (INTRANT) son facetas de la política que el gobierno ha diseñado para superar el desorden que reina en el tránsito y salvar miles de vidas. Lo primero, como en muchas asignaturas pendientes, sería hacer respetar las leyes existentes y tener una policía en la que la gente confíe, así como disponer de unos AMET  capacitados y que no sean con cada día que pasa el foco del rechazo de la ciudadanía.

Si  bien la República Dominicana tiene un importante arsenal legislativo este no se respeta por falta de funcionarios deseosos de hacerlo respetar,  por la pérdida de confianza en las instituciones y  por una ciudadanía que por falta de responsabilidad no está dispuesta a seguir las leyes cuando no le conviene.

La pregunta es, ¿cómo confiar en los AMET que demasiadas veces pican de manera vergonzosa en vez de poner multas y quienes saben igual o menos de tránsito que usted, o en la Policía que sigue tan desacreditada en 2017 como en 2016?

Además, ¿cómo hacer respetar las reglas de tránsito en un país donde el rojo de los semáforos se ha vuelto verde y el verde rojo? La oposición verde-rojo es un sistema de codificación que tiene un significado claramente implantado en nuestra sociedad y en todo el mundo. Paso permitido o prohibido, aparato encendido o en reposo, polo positivo o negativo, aceptar o cancelar. Pues aquí los AMET se han dado por misión desprogramar los códigos culturales que asumimos  sin que nadie se percate del peligro de hacer cambiar nuestras respuestas a los estímulos  y nuestros reflejos.

Un sujeto, en la esquina Kennedy con Lincoln, puede decidir que los carros esperarán más de 12 minutos con los semáforos cambiando por lo menos  6 o 7 veces y a la séptima u octava vez dar paso a los vehículos cuando el semáforo está en rojo.

El descalabro en el tránsito vial es solo una muestra de la dificultad de poner orden en la casa. Así, una sesentona, vestida de su mejor gala y encaramada en un yipetón, decide salir por la entrada de un centro comercial de Arroyo Hondo; de lejos el sereno le señala la prohibición, le hago la misma señal al entrar y encontrármela de frente; la doña, empecinada, abre su ventana, lanza los insultos más groseros y, para colmo, sale furiosa por el lado prohibido. Al igual que esta doña, son miles los choferes y conductores de todos los sectores sociales que, cada día, hacen lo que les da la gana en las vías publicas, poniendo en jaque la vida, la paciencia y la cordura de los demás. Nadie quiere molestarse y estar en tapones, por lo que muchos de los que están al frente del volante hacen las más raras maniobras para salir de su fila  ocupando los carriles del sentido contrario, creando un verdadero caos que nunca es sancionado.

No será suficiente tener nuevas leyes para que los conductores no se embriaguen, para que sean prudente, usen el casco de protección y se coloquen el cinturón de seguridad. Necesitamos un cambio de actitud global que ponga fin a la impunidad que existe desde arriba hacía abajo, para eso necesitamos desde la infancia  la construcción de una ciudadanía activa y responsable.

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