Paradigma del patriotismo rabioso

Lo que se necesita en momentos así es una sofocante ironía, no argumentos convincentes. Ay, si tuviera la capacidad, y pudiera llegar a los oídos de la nación, hoy derramaría un ardiente torrente de mordaces mofas, de terribles reproches, de paralizante sarcasmo y de severas recriminaciones. Porque lo que se necesita ahora no es luz, sino fuego. No es la suave lluvia, sino truenos. Necesitamos la tormenta, el torbellino y el terremoto. Hay que reavivar la sensibilidad de la nación, hay que despertar la conciencia de la nación, hay que sacudir la corrección de la nación, hay que exponer la hipocresía de la nación y hay que denunciar sus crímenes contra Dios y contra las personas.*

Retrato de Frederick Douglas en la Embajada de EEUU

Durísimas son las expresiones del patriota rabioso. Descontextualizadas de sus acciones, sus críticas mordaces sirven de motivo para perseguir al presumible ingrato y hasta llevarlo al patíbulo. Pues la misión del ciudadano comprometido no consiste en pregonar la grandeza de la patria y alabar frenéticamente las virtudes de la nación ocultando sus miserias (para eso siempre sobran adulones patrioteros). La brújula del patriota apasionado es contribuir a fortalecer las instituciones y mejorar todo lo susceptible de mejoría en la nación, castigando y extirpando sus vicios precisamente porque cree en la esencia virtuosa de la patria, y le duele y le da rabia ver manchas evitables en ella. En el camino de enaltecer a la patria, sin dudas es preciso hacer fuertes críticas y enfrentar los intereses de muchos poderosos, incitando a los conciudadanos a comprometerse con la acción constructiva en defensa de todos. El patriota apasionado y comprometido raras veces gana concursos de popularidad entre sus contemporáneos, y con frecuencia es ignorado por las generaciones beneficiadas con los frutos de sus esfuerzos. Debe tener mucho temple para persistir en su empeño de trabajar por el bien colectivo sin descanso y frecuentemente sin reconocimiento.

Nuestro predilecto patriota rabioso, Frederick Douglass, dice creer que nació en 1817 o 1818 como esclavo en una plantación en el estado de Maryland. Separado primero de su madre cuando infante (ella murió luego cuando Frederick apenas tenía siete años), fue separado de su abuela materna a los ocho años y enviado a trabajar en una distante finca. Nuestro héroe adoptó el 14 de febrero como día de su natalicio, porque recordaba que en las contadas veces que vio a su madre después de su forzosa separación, ella le llamaba cariñosamente “mi valentín”. De joven Frederick sirvió a diferentes amos y en diversas capacidades, pero su breve estadía con una generosa ama marcó su vida para siempre, pues Sophia Auld- en violación de las leyes al respecto- inició al joven esclavo en el mundo de las letras cuando Frederick tenía doce años de edad. Tiempo después Douglass sentenciaría que “cuando aprendas a leer serás libre para siempre”.

En 1838 su existencia como esclavo trabajando en un astillero era inaguantable, y entonces Frederick huyó en un buque desde el puerto de Baltimore a Nueva York en busca de su libertad física. Después de desempeñar diversas ocupaciones manuales para sostenerse y seguir sus estudios como autodidacta, descubrió su talento como apasionado orador y periodista comprometido. Estudiantes de la universidad de Harvard escucharon al joven Douglass hablar sobre sus vivencias (el apellido fue tomado por Frederick del romántico héroe de  una novela de Sir Walter Scott para evitar ser identificado y capturado por los cazadores de esclavos). Cautivados por su vibrante verbo, le animaron a escribir la autobiografía de su juventud. La obra le hizo célebre, poniendo nueva vez su libertad en peligro al identificarse públicamente como esclavo escapado de Maryland. En aras de preservar su vida se marcha entonces a Inglaterra, donde continúa durante dos años su labor como orador divulgando su potente mensaje abolicionista, hasta que reúne entre amigos y admiradores el importe para pagar a su amo el precio de su libertad, unos setecientos dólares. Así logra retornar a su amada patria como hombre libre para luchar con renovado ímpetu en favor de la abolición de la esclavitud y los derechos de todos los estadounidenses.

Douglass fue editor de varios periódicos y conferencista muy solicitado, pero no se limitó a hablar y escribir. Fue de los principales promotores y organizadores del Ferrocarril Subterráneo, la red clandestina que ayudaba a los esclavos a escapar de las plantaciones del sur hacia estados libres del norte y Canadá en busca de su libertad. Su cabildeo fue en gran parte responsable por la decisiva participación de los negros en el ejército de la Unión durante la guerra civil. Ya abolida la esclavitud, Douglass fue líder de las batallas por consagrar los derechos de los negros en enmiendas a la constitución y las leyes estadounidenses, mientras ejercía diferentes funciones públicas. Su defensa del derecho de todos los ciudadanos al sufragio, incluyendo no solo a los ex esclavos sino también a las mujeres, fue motivo de su distanciamiento del presidente Abraham Lincoln después de la Guerra Civil. En 1872 Douglass fue involuntariamente el primer candidato negro a la vicepresidencia acompañando a la primera candidata a la presidencia, en reconocimiento a su papel como propulsor del sufragio universal y defensor de los derechos políticos de todos los estadounidenses.

Douglass enunció claramente que “sin lucha no hay progreso”, argumentando que para prevalecer debía ser incisivo e incesante en sus denuncias y críticas, aun en las circunstancias más dolorosas y riesgosas, pues “el poder no concede nada sin una demanda. Nunca lo hizo y nunca lo hará.”.  Alentados por su evidente espíritu combativo, en varias ocasiones otros líderes negros invitaron a Douglass a emplear la violencia en persecución de sus ideales de libertad y trato igualitario. Nuestro héroe, al igual que Martin Luther King un siglo después, siempre creyó en su patria, y rechazó el uso agresivo de la fuerza destructiva contra el gobierno federal para lograr la libertad de todos los estadounidenses, prefiriendo luchar dentro de la institucionalidad y los canales establecidos. Su principal arma fue su elocuencia verbal, empleada para propulsar sus ideas y metas con todos los recursos de una retórica efectiva. Con su discurso rabioso incitó al combate, mas no al odio ni a la violencia sangrienta. En pocas palabras expresaba de manera gráfica complejas ideas, como al advertir sin rodeos a los esclavistas sobre la explosividad de la esclavitud, diciendo que “nadie puede poner una cadena en el tobillo de su prójimo sin tener el otro extremo alrededor de su propio cuello.”

Autor de tres autobiografías publicadas en diferentes momentos de su vida que alcanzaron una amplia circulación, Douglass es inmortal de las letras por un discurso de 1852 valorado por muchos historiadores entre los más impactantes de la oratoria estadounidense, equiparable al de Gettysburg de su contemporáneo, el presidente Lincoln. En ese memorable escrito leído en ocasión del aniversario de la independencia estadounidense, conocido hoy bajo el título de “La hipocresía de la esclavitud americana”, después de rendir tributo sincero a los padres de la patria por sus contribuciones, se torna implacable y rabioso. Denuncia sin ambages la esclavitud de cuatro millones de negros bajo el manto de una república hipócrita, que mantenía  en cadenas a gran parte de sus habitantes, maltratando a los esclavos como ganado que se compra y se vende, pero exigiendo de ellos el comportamiento civilizado de cristianos. Contempla con ironía afilada la fiesta de la independencia nacional desde la perspectiva de los esclavos, exclamando:

¿Qué es para el esclavo estadounidense vuestro 4 de julio? Yo les respondo: un día que le revela, más que cualquier otro día del año, la tremenda injusticia y crueldad de las que es víctima constante.  Para él, su celebración es una farsa; su alardeada libertad, una profana licencia; su grandeza nacional, hinchada vanidad; su regocijo, vacío y sin corazón; sus gritos de libertad e igualdad, huecas burlas; sus plegarias e himnos, sus sermones y agradecimientos, con toda su ostentación religiosa y solemnidad, son, para él, mera grandilocuencia, fraude, engaño, impiedad e hipocresía, un tenue velo para cubrir delitos que avergonzarían a una nación de salvajes. No existe nación sobre la Tierra en este mismo momento que sea más culpable de prácticas tan escandalosas y sangrientas como el pueblo de los Estados Unidos.

Busquen donde quieran, recorran todas las monarquías y despotismos del Viejo Mundo, viajen por Sudamérica, persigan cada abuso y, cuando hayan encontrado el último, comparen lo encontrado con las prácticas diarias de esta nación y acabarán diciendo conmigo que, en el terreno de la repulsiva barbarie y la desvergonzada hipocresía, Estados Unidos no tiene rival.”

La rabia del patriota es sincera, fundamentada en su deseo de rectificar la injusticia que Douglass demuestra no tiene base en la declaración de independencia y la constitución estadounidenses. No es rabia de odio, es rabia de amor a su patria y frustración por la desviación de los ideales fundacionales. Precisamente por su fe en la fortaleza de las instituciones y la entonces creciente tendencia internacional de abolir la trata y la esclavitud,  la apasionada arenga de Douglass concluye en la afirmación de que los días de la esclavitud en Estados Unidos ya estaban contados. Así ocurrió, y no en poca medida por las contribuciones de este auténtico  patriota rabioso, ampliamente documentadas por el registro de sus palabras y acciones. Pena que muchas personas que hoy hablan de engrandecer a su patria desconocen el paradigma de este gran ciudadano rabioso** nacido hace dos siglos, irrespetando su monumental legado.

*Palabras relevadas del discurso pronunciado el 5 de julio 1852 por Frederick Douglass (1817 o 1818-1895) en Rochester, Nueva York, como orador invitado para conmemorar el aniversario de la independencia de Estados Unidos de América.      Ver el texto íntegro en inglés http://www.beersandpolitics.com/discursos/frederick-douglass/the-hypocrisy-of-american-slavery/833   o un extracto traducido al español https://newsela.com/articles/speeches-douglass-slavery-spanish/id/15403/

**Sobre el término “ciudadano rabioso” (del alemán “Wutbürger”) que ha servido de inspiración para el título de “patriota rabioso” ver:

https://es.wikipedia.org/wiki/Wutb%C3%BCrger

http://elpais.com/elpais/2016/10/27/opinion/1477572688_830439.html   

Sobre el retrato de Frederick Douglass en la embajada de EE.UU. ver:

http://hoy.com.do/frederick-douglass-su-legado-y-la-rd/

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