Una mujer forzada al trabajo sexual durante 18 años en Aruba: Dominicanas víctimas de la trata humana internacional

La historia de una dominicana víctima de las redes de tráfico de mujeres

Publicado el 31 de mayo de 2017 - 8:55 am

Esta es la historia de una mujer que ilusionada partió a ‘‘la isla de la felicidad’’ y allí la obligaron a prostituirse durante 18 años.

‘‘Recuerdo que llegué (a Aruba) una madrugada de abril, junto a 13 jóvenes más. Hacía mucho calor y mi mente y corazón ardían por conseguir todas aquellas aventuras que te regala un nuevo país… todo lo que escuchaba en las novelas radiales cada día después de comer’’.

En 1981 había cumplido los 16 años y su padre la comprometió para casarse con un joven de ‘‘buena familia’’, como ella la nombra.

‘‘Aunque fue un acuerdo entre padres y no había forma de protestar –tú sabes que en ese tiempo uno obedecía mucho a los padres–, con todo y eso el muchacho me gustaba y hasta me había ilusionado’’.

Sin embargo, cuenta que su papá tenía un amigo cercano que organizaba viajes para las islas de los Países Bajos. ‘‘Él decía que todo el año había muchos turistas y que se necesitaban muchas meseras, mujeres que cocinaran, que fregaran y que limpiaran en los restaurantes.

‘‘Un día le comentó a mi papá que como yo era una muchachita muy de adelante, que sabía hacer los oficios [de la casa] bien, que considerara mandarme a trabar un tiempito para Aruba.

‘‘Le dijo que él no podía dejarme casar tan muchachita y que así conseguía unos cuantos pesos en euros para la boda y lo que se necesitara en la casa. Y que también aprendería a defenderme por si el hombre me salía malo’’.

Los convenció de que irse la ayudaría a crecer, a liberarse.

‘‘Yo siempre fui una muchachita activa, me gustaba aprender –aunque solo pude llegar al quinto curso, tenía una letra muy bonita y siempre me grababa todo lo que estudiaba– siempre soñé montarme en un avión o en un barco, irme a otros países… así como lo hacían los adinerados en las radionovelas’’.

Su anhelo de conocer, de aprender, llegó. Pero le costó humillaciones, lejanía, tristeza y soledad en un pedazo de tierra que la maltrató y le abrumó la vida.

Marta no se llama Marta. Pero su nombre, dice, quedó sembrado en ese país que tanto la lastimó y, tras su regreso decidió cambiarlo, como queriendo eliminar sus recuerdos imborrables.

Marta tiene 52 años y no conoce a ninguno de sus nietos y no conoce a sus tres hijos que viven –supone ella- al otro lado del mar. Deben caminar sobre la arena y reconocer las palmas y la brisa triste de Aruba.

Ella siente que durante la primavera, cuando el viento hace los días más tenues, es más difícil rememorar su vida en ese país. Pero cuando el invierno se acerca, no sabe hacer otra cosa que incrustarse en su pasado y regresar su espíritu, inquieto, a esa isla a la que ‘‘por desgracia’’ llegó y de la que nunca debió salir, por sus hijos, por sus nietos. Aunque la ‘‘desgracia’ fuera perenne.

Foto tomada del libro La Prostitución Dominicana del Dr. Lino A. Romero.

‘‘Soy una mujer triste, muy triste’’

Aruba la recibió antes de cumplir los 17. A Marta le hicieron muchas promesas. Le prometieron que aprendería a cocinar platillos ‘‘exquisitos’’, más allá del arroz y las habichuelas. Le prometieron que tendría una habitación para ella, con baño propio. Le prometieron que tendría tiempo para hablar con los extranjeros y, quién sabe si aprender otros idiomas y sobre otros países. Pero le mintieron.

Abril la llevó a otras tierras a luchar batallas que ella no había elegido.

‘‘Me tocó llegar a un chiquero, era como un hotelito, ahí vivían más de 30 mujeres, más las que llegamos. Me tocó dormir en el suelo sobre una alfombrita, bañarme hasta sin jabón porque los dueños del lugar solo les compraban ropa y perfumaban a las favoritas. Y yo en un principio no era una de esas.

Dice que no volvió a ver al amigo de su padre; el hombre aquel que la montó en la nube que contaminó su vida, para siempre.

‘‘Cuando yo llegué lo primero que me dijeron fue: ‘quita esa cara de pendeja, que tú sabe’ muy bien a lo que viniste’. Pero la verdad que yo no sabía’’.

Foto tomada del libro La Prostitución Dominicana del Dr. Lino A. Romero.

‘‘La virginidad es cualquier cosa, a mí me lo quitaron todo’’

Narra su primer encuentro sexual como algo aterrador. La dejaron en reserva unos días mientras la vendían como en una subasta. ‘‘Me tocó con un turista, un anciano, que pagó una fortuna por tener una blanquita caribeña en su cama una noche completa’’.

Marta lloró toda la noche. El cliente la injurió y ella ni siquiera pudo entenderlo porque era en un idioma que ella desconocía. La golpeó en el lenguaje universal del maltrato físico.

Estaba destrozada. Pensaba en sus padres y en su futuro esposo. Sentía que el mundo entero le dolía a ella sola, mientras la brisa arremetía contra la ventana.

A partir de esa primera vez, sintió que en cada encuentro sexual se fue un pedacito de su vida con cada hombre que la tocaba.

‘‘Me volví una persona muy fría, a la que no le importaba nada. También me convertí en una mujer triste, muy triste’’

‘‘Mira, con los años entendí que la virginidad es cualquier cosa, a mí me lo quitaron todo. Me arrancaron de mi pueblo, de mi país; me quitaron a mi papá, a mi mamá, a mi novio… Al que le quitan el lugar y la gente con la que quiere estar, ¿tú no crees que le quitaron todo?’’

Tampoco conseguía dinero suficiente para sobrevivir. ‘‘Los dueños del lugar se quedaban con casi todo. Lo poquito que nos daban era controlado y había que gastarlo casi siempre en lo que ellos decían’’.

Cuando a la vida le dio la gana de devolverla a su tierra, a su pueblo y a sus padres, solo quedaba su madre en la vejez. El papá había muerto ‘‘hacía unos años’’ como un pajarito que no tiene cómo avisarle a sus criaturas que partieron, que se fueron lejos, y que no regresaron a tiempo.

**No se precisan nombres de personas por respeto a la víctima, ni de lugares por solicitud de la persona involucrada.

Foto tomada del libro La Prostitución Dominicana del Dr. Lino A. Romero.

Estudio del siquiatra Lino A. Romero sobre La prostitución dominicana

El siquiatra Lino A. Romero, motivado por este tipo de ‘‘violencia institucionalizada’’ realizó una investigación para plasmar los tintes históricos, sociológicos, antropológicos, psicológicos y religiosos de la prostitución dominicana.

‘‘La prostitución es universal’’

A pesar de que debería ser de conocimiento público la voluntad de las mujeres, sus deseos primarios como ser humano y el derecho a no prostituirse, tal como lo plantea Romero, la demanda masculina es un factor fundamental para que este problema exista.

‘‘Concebida así, y por sus ‘criterios fundamentales’, dicha explotación es una condición socio-política inexorablemente influida por la indiscriminada subordinación a que es sometida la mujer’’.

Foto tomada del libro La Prostitución Dominicana del Dr. Lino A. Romero.

Datos históricos

En su libro La prostitución dominicana, Romero hace un recorrido histórico desde siglos antes de Cristo hasta la actualidad para estudiar ‘‘la ocupación más antigua de la humanidad’’.

Presenta, por ejemplo, a Aspacia, trabajadora sexual griega que se movía en los círculos sociales de Sócrates y Platón.

De hecho, el autor indica que Grecia fue el primer país en dar un sentido económico al intercambio sexual, así como que fueron de los primeros en introducir términos para denominar esas prácticas en el vocabulario sexual.

El comercio sexual era tan lucrativo que Solón –‘‘el fundador de la democracia occidental y considerado el más grande estadista y padre de la industria sexual’’– fue el primer gobernante en recaudar impuestos a las prostitutas.

Naty Andújar / Foto tomada del libro La Prostitución Dominicana del Dr. Lino A. Romero.

Entre las palabras que utilizaron los griegos para referirse a este oficio se encuentran hetaire, compañera sexual o cortesana de clase alta; pornoi y grafya, empleadas a las prostitutas, a las maipiolas o celestinas y los proxenetas.

También hora, que significa desempeño sexual; pornei, trabadora de la parroquia; y dice, que se utilizó para referirse a las prostitutas.

El investigador trae argumentos de sociólogos y antropólogos para explicar el fenómeno. Tal es el caso de Bachofen, para él la prostitución apareció verdaderamente en el contexto de Estado, la religión, la empresa privada y la división de las clases.

El libro señala que en la República Dominicana es obtuso el registro histórico sobre la prostitución.

Sin embargo, hace un recorrido por la intervención de las prostitutas en la historia reciente del país.

Nati Andújar, una mujer olvidada

A Nati la historia y el país la han olvidado y, Romero cuenta que ‘‘desearía que el Estado dominicano la tomara en cuenta con el propósito de ayudarla a regresar al país a vivir con tranquilidad y dignidad’’.

Narra el libro que durante la gesta de abril de 1965 participó Nati Andújar (La China), una combatiente del Comando Pedro Cadena. Una ‘‘intrépida y brava’’ mujer que intentó, junto a su movimiento, tomar la placita de San Antón.

La heroína de abril, fue una prostituta que hoy vive en Venezuela.

Aunque la investigación plantea que no se sabe el origen y la propagación de la industria del sexo en la República Dominicana, se especifica que los lugares favoritos fueron los puertos y muelles, que eran visitados principalmente por comerciantes y marinos militares.

Durante la primera ocupación estadounidense –de 1916 a1924– los interventores se dirigían al muelle de La Atarazana para recibir servicios sexuales.

Menciona como prostíbulos famosos La Carreta, Timbeque, El Bar de Pura, El Bar de Pene Mocho y el Bar de Chico.

También Yumurí, propiedad de Flor Cabrera; Carioca, de Caridad Colombo, el Habana-Madrid, administrado por Albertina Santos; Bonsoir, Taíno, el Oasis, el Bar de Cambumbo y el Burdel de Herminia.

Cita algunas prostitutas famosas como Josefa la China, Mery, La Banileja, Tatica la Cibaeña, Flor Salcedo, Luisa la Culebra, La Avispa y Nieve Luisa Trujillo Molina –hermana del dictador Rafael Leónidas Trujillo–, a quien el autor le dedica un capítulo completo.

Foto tomada del libro La Prostitución Dominicana del Dr. Lino A. Romero.

Venta de mujeres dominicanas en otras islas

Según fuentes francesas que señala Romero,  el tráfico de prostitutas desde el Caribe se realiza desde hace mucho.

‘‘Cada 15 días dos furgones parten transportando hasta 70 mujeres. El tráfico comienza en Santo Domingo, donde los proxenetas reclutan a las jovencitas prometiéndoles trabajos diversos con buena remuneración.

‘‘Las mujeres deben pagarles por lo menos 600 dólares para ser transportadas. En Juliana, aeropuerto de la zona holandesa, la policía confisca el pasaporte de las jóvenes y junto a los proxenetas se reparten el dinero’’.

De hecho, la investigación precisa que existen trabajadoras sexuales dominicanas en 66 países del mundo. 

Violencia y explotación sexual, comercialización del cuerpo femenino

Foto tomada del libro La Prostitución Dominicana del Dr. Lino A. Romero.

En el proceso de desarrollo de la prostitución, el investigador señala la intervención de varios agentes, más allá de la trabajadora sexual que es el sujeto objetivado.

‘‘Estoy convencido de que la prostitución constituye una forma de violencia y explotación sexual del hombre contra la mujer.

El proxeneta, la maipiola o la celestina y el cliente son los principales responsables de la prostitución. Y el dinero ‘‘es la razón primordial por la que existe la prostitución’’, detecta Romero.

Las indagaciones contenidas en este libro demuestran que el cliente históricamente ha sido un sujeto omitido, pues el fenómeno era hace poco ‘‘sinónimo absoluto de las prostitutas’’.

No obstante, el cliente ha sido el abusador sexual directo de la mujer que se prostituye.

Es la persona que las lleva engañadas a otros países para esclavizarlas y vulnerabilizarlas.

El investigador precisa algunas de sus características psicológicas:

1) un devorador de las más bajas pasiones

2) un amante sin escrúpulos de todos los componentes delictivos del negocio

3) un maquinador incansable

‘‘La masculinidad es una característica ‘frágil’  y por lo mismo constantemente necesita reforzarse a través del acto sexual puesto que este es un modo más fácil para los hombres reasegurarse e su dominio masculino’’.

De su lado, la maipiola, celestina o celestino–todos términos de origen religioso– generalmente son propietarias, administradoras o gerentes de los burdeles donde se albergan las mujeres vulneradas y quienes, al igual que el proxeneta, se quedan con casi todo el dinero.

‘‘En nuestro país la prostitución es ilegal y los burdeles son protegidos por negocios legales que encubren el prostíbulo, es decir, el negocio legal está en frente y el prostíbulo detrás’’, evidencia la obra.

El estudio demuestra que la brutalidad y la negligencia son comunes en este modelo de trabajo porque ‘‘las personas valen muy poco como seres humanos y solamente sirven como materia prima para la industria sexual’’.

Foto tomada del libro La Prostitución Dominicana del Dr. Lino A. Romero.

Los hombres excluidos del fenómeno

El experto en siquiatría argumenta que en la sociedad dominicana utiliza patológicamente a la mujer como forma de demostrar su masculinidad.

A pesar de que en este caso los hombres son los excluidos, la prostitución se convierte en un método para reafirmar la hombría que necesitan.