Día de la Mujer: Narcisa Bautista, el legado de una mujer que derribó muros

Una de las claves de su liderazgo ha sido precisamente trabajar las relaciones con empleados, clientes y colegas para que perduren en el tiempo. Valora el largo plazo “aunque a veces se pierda y a veces se gane”.
Servicios de Acento.com.do - 8 de marzo de 2017 - 11:35 am - Deja un comentario
Foto: Fuente externa/Narcisa Bautista

Riamny Méndez Féliz/Especial para Acento.com.do

Esta es la historia de una mujer dominicana venció estereotipos de clase y de género para abrirse paso en el sector de la exportación de vegetales orientales.

LA VEGA, República Dominicana.-La exportadora Narcisa Bautista recuerda que en 1981, cuando empezó a trabajar como secretaria en un negocio de exportación de vegetales orientales propiedad de una familia de origen chino, no había mujeres al frente de empresas de ese sector. Unos 18 años después, se convirtió en dueña de la empresa en la que empezó y desarrolló su vida profesional como exportadora.

Bautista cuenta que cuando asumió la dirección de la empresa, en 1999, tampoco conocía mujeres al mando de compañías similares. Pero, esa no fue la primera vez que derribó un muro.  Su amor por las matemáticas y su facilidad para los cálculos le abrieron las puertas del mundo de la exportación, en un país en el que aun ahora persiste el prejuicio de que las mujeres y los números no se llevan bien.

“Yo entendía más las matemáticas. Cuando ellos contrataron personas para recibir y vender productos, buscaban alguien bueno en matemáticas y quedé en el lugar número uno. Yo no había entrado a la universidad, acababa de salir del bachillerato”, dice sentada en una mesa de trabajo, alrededor de la cual hay un mapamundi, un pequeño cuadro que evoca la cultura de Sri Lanka y algunas fotos familiares.

A poca distancia se escucha el traquetear de los trabajadores que entran y salen del patio a los almacenes y cuartos fríos, las conversaciones de productores que van a cerrar tratos y los diálogos propios de un ambiente de oficina de negocios. Narcisa Bautista dirige una empacadora con 55 empleados fijos y compra vegetales orientales como berenjenas chinas y cundeamor; y frutas tropicales como coco, a 125 productores. Aproximadamente 30 de sus suplidores son mujeres.

Barrera de clase y de género

En 1981, cuando Narcisa Bautista terminó el bachillerato, la República Dominicana, al igual que muchos países latinoamericanos, atravesaba una crisis económica importante, y era difícil para las familias más empobrecidas enviar sus hijos a la universidad. Su familia, de origen campesino, aunque asentada en la parte urbana de La Vega, no tenía suficientes recursos para pagar sus estudios.

Pero su trabajo en la empacadora le permitió cubrir la matrícula de una universidad privada. “Entré ganando 180 pesos cuando el Gobierno paga 125.  Con esos 180 pesos yo mantenía a mi mamá, porque mi familia era de bajos recursos y también guardaba mis chelitos para esto mismo, esperando esto (ser dueña de un negocio de exportación), porque yo decía que tenía que exportar”, comenta y entonces la conversación toma un rumbo más personal.

La cultura de los inmigrantes chinos, como los que ofrecieron a Narcisa Bautista su primer empleo, es parte de la sociedad dominicana.

Emerge la figura de su madre, una mujer protectora que la esperaba a la orilla de la carretera a las 8:00 de la noche para asegurarse de que estaba bien, cuando una Narcisa adolescente llegaba de hacer inventario de una finca ubicada en la provincia de Santiago Rodríguez, cerca de la frontera con Haití.

“A las 8:00 o a las 9:00de la noche llegaba a veces a La Vega para entonces ir a la universidad.  Llegaba en un camión a todo dar, el chófer me dejaba y mi mamá iba a esperarme en la pista. Hasta ahí llegamos”, enfatiza con un aire de satisfacción por el camino recorrido.

Un liderazgo basado en la conciliación

Ese camino empezó con un negocio muy básico, ubicado en una enramada en la que se recibían los productos y un cuarto frío; y ha enfrentado los azares de ciclones tropicales e inundaciones que han mermado la producción, las vedas de mercados de exportación como el de Estados Unidos y la burocracia oficial.

Pero también ese camino incluye éxitos como el crecimiento de la empresa, la recuperación de mercados y el aumento de la clientela. Mantenerse a flote en un negocio lleno de altibajos ha exigido capacidad de negociación con clientes y productores, y también el trabajo en equipo con otras empresas exportadoras.

De su relación con los clientes, recuerda en particular el apoyo de una empresa canadiense que tenía una relación estrecha con los antiguos propietarios: cuando ella adquirió la exportadora la compañía le ofreció un contrato de exclusividad por 10 años, le donó dos millones de pesos para readecuar el negocio, y le prestó otros dos millones en condiciones ventajosas. Dice que todavía conserva “una relación de familia” con sus ejecutivos.

Una de las claves de su liderazgo ha sido precisamente trabajar las relaciones con empleados, clientes y colegas para que perduren en el tiempo. Valora el largo plazo “aunque a veces se pierda y a veces se gane”.

Liderazgo social

La exportadora Cruz Bautista ha realizado obras de responsabilidad social empresarial, como apoyo en el pago de la matrícula universitaria de hijos de productores y la construcción de casas para antiguos suplidores.

Otro tema clave para su empresa es la defensa de este rubro en la economía de La Vega. Bautista es vicepresidenta de la Asociación de Exportadores de Vegetales Orientales (ADEXVO) y representa a su sector en la Junta Agroempresarial Dominicana (JAD). Entre sus argumentos para solicitar el apoyo estatal cuando hay vedas o dificultades al comercio, se encuentra el hecho de que de esta industria viven miles de familias en La Vega y otros pueblos del norte del país.

Pero ahora ya no es una voz femenina entre un coro de hombres, en el negocio de la exportación de vegetales orientales hay varias mujeres como propietarias o co- propietarias de empresas familiares. Algunas siguen el mismo patrón familiar que ha seguido Bautista. Las mujeres se encargan del comercio y sus maridos permanecen vinculados a la producción de vegetales.

Narcisa Bautista se casó con un productor de vegetales orientales, con quien tiene dos hijas, que ya han empezado a vincularse con la administración de la exportadora. A ellas les tocará vivir otros tiempos, con más oportunidades, pero todavía tendrán que enfrentar los desafíos de la desigualdad en un país en el que la desocupación laboral de las mujeres prácticamente duplica la de los hombres.

Traspasar el muro de las diferencias culturales

La cultura de los inmigrantes chinos, como los que ofrecieron a Narcisa Bautista su primer empleo, es parte de la sociedad dominicana. Se ha integrado entre sus mestizajes, y se siente en la decoración, la comida y muchas de las caras dominicanas. Pero ese proceso de integración no estuvo totalmente exento de suspicacias y prejuicios. La historia de Narcisa Bautista es también la historia de una dominicana que rompió esa barrera: traspasó los límites de una relación laboral y construyó una gran amistad con la familia de origen chino que le abrió las puertas al mundo de la exportación.

“Ellos me mantuvieron como una hija, pero así yo lo consideraba a él (dueño de la exportadora) como un padre” y como la mayoría de los padres, él veló por su bienestar, la vio crecer profesional y personalmente, y mantuvo una relación con ella hasta su muerte.

Cuando la familia china decidió dejar la República Dominicana, Bautista tenía un capital producto de los ahorros de toda una vida, en parte gracias a su salario y en parte producto de otras actividades, lo que le permitió comprar la compañía. Recalca que luego de la venta, se mantuvo en contacto con la familia china hasta la muerte del propietario de la empacadora y de su esposa.

Ahora la entrevista debe terminar. Hay negocios que atender y Narcisa Bautista, con voz conciliadora, hace saber que es hora de hacer el recorrido por una empresa que se adapta cada vez más a los estándares internacionales de calidad; al tiempo que guarda la historia de los productores que trabajan duro por su sustento y la de una familia china que contribuyó a crear un legado para la economía agrícola nacional y que, como Narcisa, fue perseverante y derribó muros.

Nota: Este reportaje es parte de la serie #BeBoldForChange de la organización sin fines de lucro International Executive Service Corps, que ejecuta en la República Dominicana el Programa Exportando Calidad e Inocuidad.

 

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