Opio y aloe son «drogas para el tedio»

Ylonka Nacidit Perdomo - 25 de diciembre de 2017 - 6:00 am - Deja un comentario
Foto: Trujillo en la Hacienda Fundación © Conrado, ca. 1942. AGN

El mundo podría edificarse, re-construirse sobre el amor, los afectos y los saberes del orden simbólico materno, no en torno a la opresión, y a las desmesuras de las trampas de la igualdad legal de Occidente. Pero nada. La vida es un esbozo, una materia con deseo de existir, un pensar, escenas llenas de «curiosidades» históricas. Quien esculpió la vida, para nombrarse a sí-mismo como Creador, tenía su razón vital fatigada, y agonizaba en el después. No era cierto que moldeaba algo firme o que sus ojos quisieran representar a su otro, porque no tenía carácter, y el espíritu no era más que un aprendiz. No sé si aquel, cuyos ropajes de carne no conocemos, comprendió que la Luna era nuestra diosa, una diosa con esplendor propio, que no se rompe en pedazos, que no está afectada por el peso de la intolerancia, que no se ha desgastado por los siglos de los siglos, que no llora la pérdida de los suyos, y que no ha perdido la cabeza ante el arsenal de quienes se enfilan a la conquista de la tierra, de los mares y de los cielos.

«Y seguiré a caballo». Trujillo en la Hacienda Fundación © Conrado, ca. 1942. AGN

Cuando lo que conocemos como Universo desprendió sus energías, y se expandieron en el firmamento peñascos incendiarios, fue la madre Luna quien hizo de escudo para que quedara aquí en la tierra agua, bosques, y vida. No estuvo ella neutra, ni alejada de la impaciencia de las furias que descendían y penetraban a inhóspitas cavernas.

Han sido esas furias, que no pudo contener la Luna, llegadas desde las sombras, formadas por masas amorfas, las que han circundando al mundo, las que han morado por siempre aquí clavando en los árboles del bosque los conjuros de su abigarrada apariencia. Son ellas, las que arrebatando a la luz el color blanco para hacerlo grisáceo, atrajeron para sí esa oscuridad de las profundidades, rasgando a los misterios, adorando a lo hostil y a lo voraz.

No se sabe el día -si lo hubo- en que el verde, el vívido verdor de la tierra, se resquebrajó, y se advirtió que todo era una especulación oscilante en la inmensidad de la lámpara del firmamento. Entonces vino la abrumadora angustia, y los ojos se hicieron custodia de lo incierto, del círculo y del arco, de la muerte en sí. Desde entonces el único refugio para huir de los espacios inhabitables es, la soledad.

A muchas personas se les antoja la soledad, aislarse, concentrarse en la calma, desdibujarse como una línea que se extiende, y llega a difuminarse. Vivir así, ahora, no es un imposible. Es una necesidad; es la única manera de palpitar desde el silencio, de abstraerse del mundo temporalmente.

La Luna, nuestra diosa, no sé porqué quedó allí, alrededor de la Tierra, para ser contemplada como si llevara en su rostro pinturas rupestres. Cuál será el sí-no de ella, cuando el sol se asoma antes de su crecida, cuando no conocemos sus frutos, a excepción de la conciencia que aun no conquistamos. Desde que empieza el alba, me pregunto, qué acontece en su matriz cuando se alzan hacia ella los brazos en duelo de la humanidad, una humanidad que destroza su vientre, que destruye a su antojo donde vive y respira.

«A Trujillo, creador de la prosperidad nacional y sembrador de dichas sobre las ruinas de la vieja ciudad ». © Conrado, ca. 1940. AGN.

Y digo esto, porque aquí, en este media Isla, las miserias humanas nos han vencido. Padecemos la enfermedad del tedio y, por consiguiente, el trauma de estar sitiados por el espectáculo de la simulación. Las mentiras desde las alturas del poder político nos acosan, y se “aceptan” porque se vive en la embriaguez, en asumir día tras día las derrotas. Somos raros, rarísimos; unos huérfanos de identidad, viciados por la corrupción, podridos desde arriba hacia abajo, manipulables con gran facilidad, engañados y, se tolera.

Quizás sea necesario evitar razonar, no preocuparse por el significado de nada. Total, todos somos de barro, destellos de partículas cósmicas que la brizna trae y lleva, sin olvidar que, la muerte siempre está de casería, pendiente, dedicada a recitar los avisos, los murmullos de su asechanza. Si aquí dejáramos de estar al tanto de los azares de la vida, no sería necesario el tedio; pero sucede que, todos los días nos encontramos con una mordedura, con un entierro de la dignidad, con la disolución de los ideales, con largos pendientes que hacer, y con dolientes de las inequidades. No obstante, esta apariencia mezquina impuesta “de prosperidad”, y un entorno lacerante, atemorizador, impredecible, se hace explosivo.

Mañana, o quizás pasado mañana, despertaremos con la sorpresa de que lo imposible se hace posible. Quedarán atrás las huidas, las reacciones conocidas, la cordura, los dones del buen cristiano. El tedio, esa extraña enfermedad del solitario o del que se aísla, romperá los celajes de los idos, reunirá las fuerzas para hacer la tormenta, y desde un promontorio de la Luna descenderá la memoria secuestrada.

Calma y sosiego ahora, en apariencia; y el peligro merodeando detrás de las espaldas, y las manos de los que agitan sus corazones ante la agonía de la vida en alerta, porque no hay obra máxima que no sea la justicia, esa palabra que no es nuestra, que se filtra por los muros, que toma las calles, y reúne allí a las esperanzas de los que lloran desde las celdas de sus almas.

Cada vez que el mundo está ante lo inevitable, un eclipse de Luna nos visita para desatar a las furias, o anunciar el final de los verdugos. La Luna deja el tedio, y persigue con su rostro, como si tuviera una herida en él, a los que visten de ruinas y de miserias a los pueblos. Se ve proyectada con una luz que deliberativamente hace temer sus sombríos designios. No tarda en llegar otro eclipse de Luna cubriéndose los ojos con arcilla. La veremos llegar como una orante en duelo, rehusando esconderse; se hará retina que mira con profundidad, y no serán extrañas sus señales de abismo. Pasará como sombra por las estatuas que tienen parecidos con los tiranos; le quitará la “fortuna” a los ensordecidos, a los que se contorsionan de extremo a extremo impunemente. La Luna obrará sobre el concierto de los mares; dará ocaso a un tiempo, y conclusión a una época. Desterrará a los que frustran los cambios anhelados, a los que reviven las asperezas del poder ilegítimo. ¡Qué misterio traerá la Luna en enero! Ella, que es nuestra Madre, será suprema, eclipse. No permanecerá en el hastío, sino desesperando a los que se enseñorean como predestinados.

Desfile de funcionarios gubernamentales en un desfile de adhesión a Trujillo, frente al «Obelisco macho». Malecón. © Conrado, ca. 1940. AGN

Una guerrera es la Luna, y más en el paisaje de los sueños y los anhelos. Opio y aloe son «drogas para el tedio». Y, el mundo, nuestro mundo de aquí, de 48 mil kilómetros cuadrados, está lleno de tedio, de intrascendencia, de amarguras, salpicado por fósiles hallados en los caminos polvorientos, por tronos decadentes, por estatuas pocos pulcras, por rosas quejumbrosas, por puertas de madera desvencijadas en casas donde los rostros solo tienen por faz a la miseria. Opio y aloe son «drogas para el tedio». El 2017 ha sido el año del hastío, de los excesos y desproporcionadas ambiciones, donde redes venenosas de antihéroes se han burlado de todos alegremente. Ha sido el año de las leyendas y de las fábulas, de la arrogancia y de las gigantescas mentiras. Ninguna “inteligencia” estuvo al descuido. Por el contrario: se alimentó, no del aire, sino del erario.

Con blindaje o no, el 2017 desnudó a la República de manera irreverente. Fue exuberante, porque parió asombros y modelos de hurtos donde no importaban los dolientes.

Opio y aloe son «drogas para el tedio». No lo he escrito así de simple, son las drogas a las cuales se refiere el poeta dominicano Domingo Moreno Jimenes en 1917 en el verso «El parque iluminado por la luna» cuando confiesa «El dolor que [le] muerde las entrañas». Y, así está este pueblo con un dolor que le muerde las entrañas, hasta que llegue el día en que la Madre Luna haga justicia.

 

Batallón de altos oficiales en un desfile de adhesión a Trujillo,frente al «Obelisco macho» Malecón.© Conrado,ca. 1940. AGN

El pueblo como expectador en un desfile de adhesión a Trujillo,frente al «Obelisco macho» Malecón.© Conrado,ca. 1940. AGN

Las mujeres, también presentes en un desfile de adhesión a Trujillo, frente al «Obelisco macho» ©Conrado, ca. 1940. AGN

Trujillo pronunciado su discurso al asumir la Presidencia de la República el 16 de agosto de 1942. © Conrado. AGN

Trujillo juramentado Presidente de la República, al salir del Palacio del Senado. © Conrado, 1942. AGN

Domingo Moreno Jimenes. Col. Ylonka Nacidit-Perdomo

Trujillo en la Hacienda Fundación © Conrado, ca. 1942. AGN

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