Crítica de cine: La pasión de Augustine

Música y enseñanza se combinan para otorgar a esta historia algunos puntos de reflexión sobre los métodos prácticos frente a la ortodoxia de un régimen educativo que trata de limitar cualquier asomo de creatividad y experimentación.
Félix Manuel Lora/Acento.com.do - 5 de agosto de 2017 - 3:00 pm - Deja un comentario

Título original: La passion d’Augustine. Género: Drama. Dirección: Léa Pool. Guión: Marie Vien. Reparto: Céline Bonnier, Lysandre Ménard, Diane Lavallée, Valérie Blais, Pierrette Robitaille. Duración: 1 hora 43 minutos. Clasificación: + 12 años. País: Canadá.

Este filme se centra en Canadá en los años sesenta. Una revolución cultural y social empieza a tomar forma en la conservadora ciudad de Quebec en la que una religiosa, la Madre Augustine, dedica su vida a enseñar a través de la música a jóvenes chicas de familias con dificultades.

La aparición en el convento de la sobrina de la superiora, un prodigio en la ejecución musical, interpretada por la genial joven actriz y pianista Lysandre Ménard, impulsa los anhelos de la institución de aplicar sus métodos.

Pero su régimen de enseñanza se ve en peligro cuando las autoridades introducen un nuevo sistema de educación pública haciendo que la enseñanza religiosa vaya perdiendo terreno frente a los métodos laicos.

Este panorama es al que se enfrenta esta superiora junto a sus hermanas de congregación, donde la música es un personaje permanente que se cuela por todos los rincones de este espacio dramático.

Música y enseñanza se combinan para otorgar a esta historia algunos puntos de reflexión sobre los métodos prácticos frente a la ortodoxia de un régimen educativo que trata de limitar cualquier asomo de creatividad y experimentación.

El trabajo de dirección de Léa Pool (Lost and Delirious, 2001) trata de equilibrar ambos elementos dentro de la acción y objetivo del filme, quedando muchas cosas sobre la superficie, pues, quizás, con esto se evitaba la complejidad para no sobrecargar el drama de situaciones que conllevarán analizar otros aspectos de la iglesia y la sociedad.

Por eso este relato resulta agradable pues entre la ambientación, el clima y el ritmo, se producen las distancias necesarias para que cada elemento esté en su justo lugar.

La actriz Céline Bonnier, como la Madre Augustine, actriz que lo largo de los años ha brillado en el escenario, en la televisión y en el cine, en obras como L’opéra de quat’sous de Bertolt Brecht y Kurt Weill (2012) o en cine con “Maman est chez le coiffeur” (2008), aporta verismo a su participación y cierto encanto maduro a su personaje.

Un cine que conjuga muy bien el drama y la música y que coloca su punto de reflexión sobre los cambios sociales y la percepción de la convicción religiosa como lección de vida.

 

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