Matemos al “Yo”

Hace un siglo, que las mujeres del mundo se expresaron contra los horrores de la guerra, y que reclamaron a sus iguales no guardar silencio.
Ylonka Nacidit Perdomo - 13 de marzo de 2017 - 7:30 am - Deja un comentario
Foto: Archivos de la autora.

Sé que el mundo es una silueta que nos quema, y no un divino espacio para que nos hagamos sofistas. El mundo ya no tiene medida. Se abre, se cierra ante nuestra condición de marionetas. Los ojos son dos sofisticadas cuencas donde el nihilismo se refracta con un afán  de hacerse el Todo sujetado a un estiércol de mentiras. El pasado es, ahora,  un “algo” que se organiza para entender el destino ignominioso de  los pueblos, para comprender los abismos del poder, el vacío, la fatalidad, y porqué  insepultas almas  huyen con paroxismo de la violencia. El miedo, el horror   agita a  las sombras, las sombras propias que devoran todos los planos y escenarios en el cual coexistimos.

El drama no es lo que fue antaño; quizás  no hay tragedia que no se conozca, porque ha sido suplantada por la simulación en torno a los  desheredados y  desterrados. La ilusión de hacerse una deidad, ha traicionado al sueño. Todo es mimesis, obediencia a la apariencia,  espasmos hechos circunstancias, apologías que se apropian excesivamente de la “verdad”. Pero, ¿De qué “verdad” podemos hablar, sino no se re-funda a la realidad? ¿De qué “verdad” se puede escribir si las “cosas” se hacen igualmente especulación?

No hay espacio para meditar, ni para pre-meditar. Los milenios equivalen sólo a la intemporalidad, porque el demiurgo no quiso salvarse del suicidio de la reflexión. Es más fácil conformarse con el después, con el ahora,  que con el presente y sus argumentos ficticios.  A fin de cuentas lo irracional se expande, lo efímero se hace azar, y emerge de la contemplación el único si-no que no se extingue: el silencio.

Des-aprender al mundo, des-aprender el mundo es,  hacia lo cual debemos ir en auxilio; es la única “locura” que no se atrofia, que desacraliza al éxtasis, y que puede tener un sentido prístino.

¿Cuándo llegará el día en que los mitos se rompan, en que volvamos al escalofrío de la intemperie, a no saber qué camino escoger para transitar sobre la tierra,  cuando el caos se hizo metamorfosis de la materia, e inclusive  no había nirvana alguna  para entender la existencia eclipsada por las sombras de la noche? ¿Cuándo llegará el día en que los mitos se rompan, y se respire en otra atmósfera lo que no se descifra a solas, lo que aniquila el no-conocer, cuando nada era paradoja, sino comienzo, y el “Yo” no existía con las adversidades y perversidades que traen  las burlas  y demagogias  del poder?

Ese maldito “Yo” represivo, que engaña, que desampara, que se enmascara sin remordimientos, que se mantiene de las comparsas de las moscas a su alrededor, que no despeja las incógnitas ni dudas algunas, que se hace ilusionismo inservible, falsificador de la “verdad”,  que se obsesiona con desnaturalizar a la palabra. Ese “Yo” de la sarcástica conveniencia, que se oye, que se escucha a sí mismo, estéril, que hace de la modestia un juego. Ese “Yo” inhumano, que pretende “autoridad” para alardear de su dominio; inconsecuente, “predestinado”, arraigado en el temor. Ese “Yo” que pretende la unicidad personal, inescrutable, enfermo de prédicas que encadenan, que se domestica,  inescrupuloso, que guarda a la conciencia en una cripta de barro. Ese “Yo” propio juez de sus actos, cínico, miserable, que golpea a martillazos con su hipocresía, es un anti-yo de la existencia, y por ello, la muerte no será piadosa con él.

Hay que matar a ese “Yo”  para que los mitos se rompan, para que lo cruel termine, para que las profecías no se traduzcan en secretos,  para que no se lastime más a la humanidad, más aún cuando los pueblos no advierten que están próximos a tocar fondo por idolatrar a un “Yo”.

Hace un siglo,  que las mujeres del mundo se expresaron contra los horrores de la guerra, y que reclamaron a sus iguales no guardar silencio. Comprendieron que el espectro de la guerra, de las contiendas bélicas, de los levantamientos civiles, y de la insurrección armada, sólo lo provoca el “Yo” represivo, que engaña, ese que pretende boicotear a las conciencias  de millones de mujeres que se han constituido en desafiantes rebeldes, que no van a caer víctimas de dictaduras o de las máquinas infernales del odio.

Una tercera ola del feminismo contestatario, de vanguardia, subversivo, recorre al mundo. Ellas, las feministas, no vacilan en enfrentar a los opresores, y se levantan, y salen a las calles innovando nuevas maneras de resistencia contra las amenazas del “Yo”,  que se cree  propio juez de sus actos. Ellas motorizan a los indignados para que no se cansen  de protestar, para oponerse  a la crueldad subliminal del dominio del Estado patriarcal, para  derrumbar a los mitos, y  rebelarse  contra las abominables matanzas colectivas. Ellas  honran las memorias de las que  en épocas distintas de la humanidad desafiaron al autoritarismo del “Yo”; enfrentan a quienes pretenden arruinar sus cuerpos, y hacerlas víctimas  de las más perversas violaciones de sus derechos.

En medio de la angustia que se siente, que se respira,  más aún cuando desde la ortodoxia, desde las esferas más oscuras del poder político, y del sistema de opresión patriarcal, se pretende que a las mujeres no siga asfixiando el discurso del “Yo” de la sarcástica conveniencia, reproduzco la «Carta de las mujeres francesas a las mujeres de todas las naciones» publicada hace justo ahora un siglo,  en el periódico La Nueva Democracia, de New York, en la  Sección “AMÉRICA-LATINA”,  el 15 de marzo de 1917, en la página 19:

«CARTA DE LAS MUJERES  FRANCESAS A LAS MUJERES DE TODAS LAS NACIONES.

«Las mujeres francesas han querido que su voz se distinga y se eleve entre las protestas solemnes que el mundo entero formula contra las deportaciones. ¿No habían de estremecerse indignadas al saber que, bajo el yugo alemán, desaparece todo respecto hacia la familia y sus lazos? ¿Al saber que a mujeres de Francia, de Bélgica, de Serbia y otros países se les han arrancado o se les arrancarán sus maridos, sus hijos, cuando el invasor los necesita para servir a sus oficiales, en sus industrias o en sus trincheras?

«Entre todos los crímenes del enemigo, no hay otro que infunda mayor ansiedad al alma femenina. ¿En torno de quién, si no es de la mujer, agrupan todas las civilizaciones la familia? ¿No es ella acaso la que con su inagotable paciencia ha defendido a través de los siglos la intimidad del hogar, la fragilidad de la infancia, la moralidad de la juventud?

«Por eso invitamos a las mujeres, a todas las mujeres, a unirse a nuestra manifestación. Todas deben darse cuenta, ninguna debe ignorar las leyes internacionales, penosamente elaboradas para salvaguardia de los civiles indefensos, ninguna puede ignorar que, según confesión de los responsables mismos, estas leyes, formuladas por ellos ha sido pisoteadas.

«Las más conmovedoras protestas de altas autoridades políticas, sociales y religiosas no han bastado a detener estas bárbaras dispersiones; los criminales las llevan a cabo sin reparo alguno sobre el temor o la pasividad de los pueblos.

« ¿Van estos crímenes a ser sancionados por el silencio de las mujeres? ¿Olvidarán éstas que el respeto al derecho ajeno sigue siendo la mejor garantía de nuestro propio derecho y que si la Historia, en sus retrocesos, expusiese a los mismos peligros a otras generaciones y a otros pueblos, ellas y sus hijas no podrían elevar la voz para quejarse ni para maldecir?

«Cualquiera que sea el país a que pertenece: aliado, neutral o enemigo, toda mujer debe tener conciencia de sus deberes. Callarse es tanto como absolver a los soldados que violan los hogares y detienen a los transeúntes para escoger víctimas; es hacerse cómplice de ellos; callarse es condenarse a no invocar nunca el derecho y los tratados, a no dar a una acción, pública o privada, la autoridad de una base moral.

« ¿Quién es la mujer que rehusará responder a nuestro llamamiento y condenar la barbarie?

«Que todas aquellas cuyos hogares han sido respetados se unan en un impulso de justicia y de compasión. Arrebatadas y levantadas por una angustia y un dolor supremos, nuestras hermanas, víctimas de la Fuerza, no esperan ya más socorro que el de la conciencia universal.

«CONSEJO NACIONAL DE LAS MUJERES FRANCESAS.-

Federación de 150 Sociedades Femeninas.

UNION FRANCESA EN PRO DEL SUFRAGIO DE LA MUJER.

Federación de 80 agrupaciones de Provincia.

SOCIEDAD PARA EL MEJORAMIENTO DE LA SITUACION DE LA MUJER.

UNION FRATERNAL DE MUJERES.»

 

FOTOGRAFÍAS

Las tarjetas postales que ilustran el presente artículo  corresponden a la colección E. Le Deley, impresor editor, de la 127, Boulevard de Sebastopol, París. De la 54me.  Série «Guerre 1914-1915… DANS LES BALKANS»  y «1914-15… AUX DARDANELLES» del  Fondo Patrimonial Nacidit-Perdomo.

DANS LES BALKANS. Camp de Lembed  près Salonique; Salonique-L ´État Major arrive à terre ;

Camp de Zeitinlic- Le Générale Sarrail visite le camp.

AUX DARDANELLES-Une grosse pièce Anglaise; Les Généraux Bailioud  et Gouraud à  Sedul-Bahr;

Canon turc au Cap Helles; Dans une ambulance, un chirurgien au travail; Autos blindées en action;

Canon employé par les Allemands pour tirer contre les aéroplanes.

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