Ylonka Nacidit Perdomo: “Culpables”

El año que concluyó fue desgarrador desde muchas perspectivas. Sé que cada cual podrá escribir su propia crónica en este “país portátil” donde todo se muda o se acomoda de acuerdo a la conveniencia del sistema.
Ylonka Nacidit Perdomo - 2 de enero de 2017 - 6:00 am - Deja un comentario
Foto: Sil Adrover, 1896 © Frank Adrover

“Vociferando patriotismo y honradez se han lanzado una y muchas veces, trabando la más desvergonzante y criminal de las contiendas, como enorme bandadas de feroces buitres festejándose hambrientos con el cadáver de la Patria. Y, en eterna libación, como hasta ahora han vivido, bebieron voraces el último licor que guardaba escasa la mezquina uva del viñedo patrio. Y siguieron para ellos, sus carreras de triunfo (peor que el de los Hunos) de devastación y asolamientos… […] Y en resumen ¿para qué tal ambición, tanta codicia?”.

SIL ADROVER. Fragmento del manuscrito “Culpables”, septiembre de 1916. [1]

Vista de Baní, ciudad donde desarrolló su vida intelectual Sil Adrover. Parque Marcos A. Cabral, 1884. © Frank Adrover.

Vista de Baní, ciudad donde desarrolló su vida intelectual Sil Adrover. Parque Marcos A. Cabral, 1884. © Frank Adrover.

Esta es la voz de Sil Adrover, hace un siglo: una voz que se hace reflexiva, que se pierde en la memoria, porque al parecer está suprimido el pasado, ese que se confunde con la pérdida de todo, puesto que no hay escrutinio que hacer. La Historia se encuadra siempre en los síntomas que traen los abismos ideológicos. La Historia ya no es un género “profesional” que se escribe; es un género que se reelabora, que estratifica con lo de “antes” y lo de “ahora”, que se totaliza en el presente como la Historia sin rumbo. Se lee limitada. No se deja atravesar por la feroz disidencia. Se piensa como la ficción del último siglo, entre textos instrumentalizados, y otros que faltan en los archivos. La crisis actual es la crisis de desconocer a la Historia, al no darle una mirada inequívoca, directa o indirecta a lo vivido hasta el momento.

¡Qué accidentada es la historia de este pueblo! Entierra a los de antaño, derrumba la identidad, desarticula los registros, aísla a los que no son de alabastro, y hace semidioses a los que destruyen el valor de los héroes, porque no desafía nada. Hace tiempo que estamos entre los linderos del bien y del mal. Ya no hay estaciones donde florezca la esperanza, y se pueda oler un aire que traiga el aroma de días felices. Derrotismo y docilidad es lo que se muestra como ofensa a la vida. Ocurre cuando se comenten los mismos errores del pasado. Es como si de pronto todo se dejara abrumar por una modorra mental, y sofocara el clima, la vegetación. ¿Cuál es el lodo que descompone todo? ¿Es que acaso, como pueblo, nacimos derrotados? O, ¿esta tierra de oloroso verde no ha dejado de ser una metáfora que no descubre, que las minorías moldean a semejanza de lo incierto, de las deformaciones mordaces? No se puede afirmar que tenemos una cultura patriótica. Los grandes procesos del pasado se quedan como “historias sin coartadas”, y los de ahora como “historias con cortadas”. Es esta la República cimentada sobre tantas realidades conflictivas, que lo único “real” es el imaginario, que no se cierne como tradición, sino como alternativa para la posmodernidad. ¿Cuántas claves secretas guarda este primer quinquenio de siglo atrapado en el pragmatismo, acorralado por la diversidad con la cual se asume la legitimidad? O, acaso ¿este siglo nuestro, de los dominicanos, se ha hecho sólo un páramo, o una mala conciencia que no agoniza aún?

El testimonio escrito por Sil Adrover es un discurso que, afortunadamente, nos da de golpe en la cara. De ayer a hoy parece que no se ha interrumpido el tiempo; pero la de él, como la de muchos otros fue, es y sigue siendo una voz marginada que no pudo capitanear el destino de su generación. Era la voz que colocaba contra la pared la acción oficial, que socaba el eco del silencio de quienes aguardan a la Historia para impregnarla de tragedias y de mentiras. No obstante, es un texto irrefutable en su contenido, que narra los pecados del pasado de los caudillos, de esos que creen que pueden argüirse como absolutos. No sé cómo -pasado este quinquenio- se podrán desenterrar de las apariencias los signos del tiempo, para que un intérprete de la Historia reconstruya las páginas sueltas, en blanco, o entintadas de negro o de rojo.

El padre y las hermanas de Sil Adrover en José de Ocoa, 1893

El padre y las hermanas de Sil Adrover en José de Ocoa, 1893

Cuando se pase balance a todo, se comprenderá que el “saber” fáctico consistió en guardar silencio, en no polemizar, en no dar riendas sueltas a la indignación. Silencio-no polemizar-no indignarse es la fórmula de la “felicidad” para un año que se inicia, que se extenderá 365 días, que se irá fragmentando, deconstruyéndose, haciéndose crisis, subordinándose, dejando sus grietas, triturando al vacío. Tengo la certeza, la inmensa certeza, que la ambigüedad de lo que somos ahora –como conglomerado-, algún día se resolverá; vendrá la ruptura, el desmoronamiento inevitable del estado de cosas, pero ¿sabremos percibir el momento, tendremos el arsenal de experiencia suficiente para reconstruir la sociedad desde los escombros?

El 2016 no tiene otra lectura diferente; esbozarlo de otra manera sería huir de este espacio “ensoñado”, que no se puede encuadrar en una simple fotografía como testimonio documental, ni hacerse de ella una crónica con alardes de vivencias exitosas; pretender lo contrario: homogenizar “todo” [lo oficial con lo no oficial] es no ser coherente, y anclarse en lo submundillo de los imbéciles. Vivimos en el borde del abismo. Tenemos alzado al cuello el filo de la navaja, porque “las paces” en una sociedad no se hacen a través de las violencias, como ha expresado la investigadora pedagógica y periodista Elvira Lora, en sus estudios sobre este tema. Nadie quiere que su piel y sus huesos sean mutilados, ni oscilar entre la azarosa realidad de que existe una vulnerabilidad, aparentemente indetenible, a la existencia cotidiana en calma y sosiego.

Esta sociedad está herida, y la herida está abierta y sangrante por lo hostil que se hace vivir y confiar en los demás. Por tanto, no es de extrañar que llegue el ocaso, que no puedan acudir al aquelarre del derrumbe del sistema interlocutores validos, que ningún caudillo ni “entusiasta” tribuno pueda evitar que la chispa emprenda otro rumbo para la Historia que altere los calendarios, que intente saldar cuentas con los que auscultan sus complicidades con sátiras fáciles de propagar.

La utopía, como símbolo de ruptura, no ha perdido vigencia; cada generación la trae consigo al tiempo de procurar explorar lo “inexplorable”, porque la utopía renace, a pesar de sus complejidades como viejo vocablo, cuando sucede que debemos movernos, que se requieren forjadores de conciencias que construyan múltiples posibilidades positivas para conjurar los destinos ante el asombro.

Sil Adrover, 1896 © Frank Adrover.

Sil Adrover, 1896 © Frank Adrover.

El año que concluyó fue desgarrador desde muchas perspectivas. Sé que cada cual podrá escribir su propia crónica en este “país portátil” donde todo se muda o se acomoda de acuerdo a la conveniencia del sistema. Esta pequeña Historia, que escribo, me hace sentir como en una parálisis, como si estuviera suspendida en un puente, o en un espacio donde la luz no alcanza a llegar, porque siento que nos hemos quedado en un punto fijo, dentro de un círculo que se ha hecho vertiginoso, puesto que el poder hegemónico se ha hecho eficaz, ha innovado nuevos enmascaramientos para su dominio, y se sostiene en la hibridez de un “performance” que crea imaginarios distintos a los reales.

NOTA

[1] Sil Adrover Feliz nació en el Valle de Peravia un 29 de diciembre de 1881. Perteneció a la juventud intelectual banileja. Se dedicó al dibujo, y a la literatura. Su obra poética se encuentra dispersa. Fue nombrado Profesor-Secretario de la Escuela Superior por el Ayuntamiento de la Común de Baní. Escribió páginas impregnadas de patriotismo (que invitamos a leer detenidamente) en un ambiente político complejo de lucha entre jimenistas y horacistas.

De la “Colección Adrover” que pertenece al  fondo documental de la escritora, Maestra Normal, pintora, y dibujante Belkiss Adrover de Cibrán (Baní, 1918-Santo Domingo, 1995), que preservó la obra de su padre Frank Adrover Mercadall y de su hermano Sil Adrover, presentamos una selección de sus manuscritos, y fotografías que sobrevivieron a la vorágine de la naturaleza, a la  furia del huracán San Zenón en 1930.

Edelmira Feliz Objio, madre de Sil Adrover. © Frank Adrover.

Edelmira Feliz Objio, madre de Sil Adrover. © Frank Adrover.

Frank Adrover, padre de Sil Adrover. © Frank Adrover.

Frank Adrover, padre de Sil Adrover. © Frank Adrover.

Nombramiento de Sil Adrover en una comisión para examinar en la escuela El Carretón

Nombramiento de Sil Adrover en una comisión para examinar en la escuela El Carretón

 Manuscrito del Sil Adrover, 1913

Manuscrito del Sil Adrover, 1913

 Manuscrito de Sil Adrover. Baní, octubre 18, 1914

Manuscrito de Sil Adrover. Baní, octubre 18, 1914

Culpables, manuscrito de Sil Adrover, 1916

Culpables, manuscrito de Sil Adrover, 1916

Juan Isidro Jiménes.

Juan Isidro Jiménes.

No aceptamos comentarios ofensivos ni denigrantes.
Estamos interesados en el debate de las ideas, no auspiciamos ninguna ofensa contra nadie. Los comentarios que contengan mensajes denigrantes, ofensivos, difamatorios, injuriosos, por razones de raza, de política, de religión o de cualquier otra índole serán eliminados y sus autores excluidos de continuar comentando.