La corrupción sin sexo del senador Bob Menéndez; Trujillo sigue acosando a República Dominicana

Las acusaciones de prostitución son muy útiles si desvían la atención del verdadero escándalo del corrupción del senador estadounidense
Servicios de Acento.com.do - 3 de octubre de 2017 - 8:25 am - Deja un comentario
Foto: Acento.com.do/Archivo/Robert -Bobo- Menéndez.

Jon Cassidy/ The American Spectaror

“Si usted piensa que el dominicano promedio es malo, Trujillo fue cinco mil veces peor. El tipo tenía centenares de espías cuyo trabajo entero era recorrer las provincias para su próximo culo próximo; si la adquisición de un culo hubiese sido más cardinal para el Trujillato, el régimen habría sido la primera culocracia del mundo (y tal vez, de hecho, lo era). En este clima, acaparar a tu mujer equivaldría a traición; los delincuentes que no soltaran las muchachas podrían encontrarse fácilmente disfrutando del encanto estimulante de un baño con ocho tiburones”. — Junot Díaz, La maravillosa vida de Oscar Wao

 

Rafael L. Trujillo sigue acosando a la República Dominicana medio siglo después de que su ejecución terminara un reinado de tres décadas en el cual más de 50,000 personas fueron asesinadas, “desaparecidas”, violadas o torturadas. Para encontrar un tirano más cruel en las Américas, tendrías que aventurarse de nuevo a los días de los mayas y los aztecas. Su dominio absoluto fue proclamado a través de la ciudad capital por una señal eléctrica: “Dios y Trujillo”, y los más veteranos nunca olvidarán lo que significaba. No es casualidad que dos de las grandes obras de la literatura del siglo XXI −el libro de Díaz citado anteriormente y La Fiesta del Chivo del premio Nobel Mario Vargas Llosa− sean intentos de recontar el brutal legado de Trujillo.

Un aspecto asombroso de la política en la República Dominicana actual es que, gracias a una amnistía general después de la muerte de Trujillo, uno de sus compatriotas, Marino Vinicio “Vincho” Castillo, se convirtió en político de influencia en el país: el fundador de un partido político y asesor de varios presidentes desde entonces.

Sus hijos también son políticos. Así que cuando Vinicio “Vinchito” Castillo Semán, que es congresista allí, vio su nombre surgir en un gran escándalo que involucraba prostitutas menores, fiestas de yates, políticos retorcidos y sus partidarios, se apresuró a distanciarse de una historia con ecos ruinosos del pasado.

“Es completamente falso y calumnioso, esta historia que yo estaba en fiestas y salidas con prostitutas, menores o legales, con los senadores Robert Menéndez y el doctor Salomón Melgen”, dijo Castillo en una carta abierta. Melgen es primo de Castillo. “Estoy convencido que esta campaña de difamación es el resultado de un conflicto que ha surgido con ciertos intereses poderosos en República Dominicana que son completamente opuestos a que los millones de contenedores que entran y salen de nuestros puertos sean escaneados por una alta tecnología de sistema de rayos X, en virtud de un contrato que el gobierno dominicano firmó durante la administración de Hipólito Mejía, que fue aprobado por el Congreso, en 2002”.

La carta continúa con el comentario sobre una compañía de escáner de contenedores llamada ICSSI que Melgen había comprado recientemente, y para alegar que narcotraficantes sombríos y políticos corruptos estaban tratando de frustrarlos.

Algunos testigos describieron una fiesta a la que asistió el acusado Melgen en Casa de Campo −donde el acusado Melgen tiene un hogar y que el acusado Menéndez visitó a menudo− que involucraba prostitutas. Además, el acusado Melgen ha llevado a numerosas mujeres jóvenes de Estados Unidos y de otros países en su jet privado a República Dominicana.

Resultó que Castillo estaba yéndose de la lengua sobre otro tipo de arreglo, según los fiscales federales. Ese plan de seguridad era una oportunidad para que Melgen convirtiera una inversión de US$100,000 en US$500 millones en ingresos o más, si Menéndez, que presidía el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, pudiera imponerse al Departamento de Estado para que el gobierno dominicano cumpliera el contrato, que había estado en el limbo legal durante casi una década.

En febrero de 2012, Melgen completó su adquisición de ICSSI. En marzo, un exempleado de Menéndez llamado Pedro Pablo Permuy, que fue a trabajar para la compañía, comenzó a hacer llamadas a funcionarios del Departamento de Estado. En abril, un misterioso denunciante comenzó a dar vueltas en torno a las acusaciones de prostitución, aunque éstas no saldrían a la luz hasta noviembre. Así que la línea temporal, sin duda, encaja con la versión de Castillo.

Más importante para la culpabilidad criminal de Menéndez es lo que vino después. El 16 de mayo de 2012, el propio senador se reunió con un secretario de Estado adjunto para discutir el contrato, amenazando con celebrar audiencias si no se resolvía, según su acusación. Ese mismo día, Melgen hizo contribuciones de unos US$60,000 a Menéndez.

Si se prueba, esa amenaza podría muy bien cumplir con la norma de la Corte Suprema para un “acto oficial”, que se requiere para una condena por soborno. Al revocar unánimemente la condena de soborno del exgobernador de Virginia Bob McDonnell, el tribunal dictaminó que simplemente “organizar una reunión, llamar a otro funcionario público o acoger un evento no es un acto oficial”. Al contrario, dijo el tribunal, un acto oficial connotado es el “ejercicio formal del poder del Gobierno, como una demanda, audiencia o decisión administrativa”.

La ironía es que, muy probablemente, nadie habría descubierto el delito (aparentemente) real si Castillo no hubiera tratado de defenderse del (aparentemente) falso. En ese momento, la explicación de Castillo no recibió casi ninguna atención en Estados Unidos, donde la cobertura se centró en primer lugar en si Menéndez había retozado con prostitutas, y más tarde, destrozando a los reporteros del Daily Caller que deshicieron la historia menos que sólida como un timo que había sido manipulado por fuerzas misteriosas por razones desconocidas, presumiblemente políticas.

Incluso ahora, los principales recuentos del juicio en el Philadelphia Inquirer y el New Jersey Star-Ledger presentan como hecho que las acusaciones de prostitución contra Menéndez han sido “desacreditadas” y “desmentidas”. ¿No es así como todos lo recordamos? El Washington Post informó que dos mujeres que decían estar entre las supuestas prostitutas en cuestión se habían retractado diciendo que les habían pagado para mentir sobre Menéndez y nunca lo conocieron. ¿Las compraron? ¿Eran realmente las mismas mujeres? ¿Confesaban honestamente un truco sucio? ¿Había reporteros en las maquinaciones?

El número de mujeres no cuadraba y el Daily Caller persistió, pero la historia había sido lo suficientemente dañada como para que los medios de comunicación de los Estados Unidos la pasaran por alto. Por eso me sorprendió encontrar una historia casi ignorada de agosto de 2015, cuando investigadores federales revelaron que habían descubierto un pequeño libro negro que incluía el nombre de Menéndez, y reclamaron que documentos de la corte tenían “pruebas corroborantes”, pero no pruebas, de las acusaciones:

Algunos testigos describieron una fiesta a la que asistió el acusado Melgen en Casa de Campo −donde el acusado Melgen tiene un hogar y que el acusado Menéndez visitó a menudo− que involucraba prostitutas. Además, el acusado Melgen ha llevado a numerosas mujeres jóvenes de Estados Unidos y de otros países en su jet privado a República Dominicana. Muchas de estas mujeres jóvenes reciben sustancial apoyo financiero del acusado Melgen. Por ejemplo, el acusado Melgen trasladó a dos mujeres jóvenes − las que conoció mientras se presentaban en un Club para “Caballeros” en el sur de la Florida− en su jet privado a su villa en Casa de Campo al día siguiente de pagar a una joven US$1,000 y a la otra joven US$2,000. De hecho, uno de los pilotos del demandado Melgen describió a “jóvenes” que “parecían acompañantes” viajando en varias ocasiones en el jet privado de Melgen. Algunas mujeres jóvenes que recibieron importantes sumas de dinero del acusado Melgen estaban en el mismo lugar que el acusado Menéndez al mismo tiempo. Además, cuando se anunciaron las denuncias por primera vez, el acusado Menéndez se defendió con declaraciones públicas que son fácilmente discutibles. En concreto, repitió varias veces que sólo había volado en el jet privado del acusado Melgen en tres ocasiones. Esa declaración es demostrablemente falsa.

El resumen de todo esto es que no hay pruebas positivas de que Menéndez estuviera visitando a prostitutas en República Dominicana. También es muy probable que alguien intentó embaucarlo. Pero eso no significa que sea inocente, si también es algo fuera de lugar.

El gobierno tiene los productos aquí. Tiene mucho del dinero que ha fluido de Melgen a Menéndez, tanto en donaciones de campaña como en regalos que violan las reglas de ética del Senado. Tiene el quo en forma de actos oficiales. El funcionario del Departamento de Estado voló a República Dominicana para tratar de obtenerles a Melgen y Permuy ese contrato de escaneo, que habría pagado hasta por un contenedor hasta US$900 durante 20 años. (Para ser justos, el arreglo actual podría ser aún peor; las oficinas de aduanas en toda América Latina son casas de soborno y corrupción). Y ni siquiera hemos hablado de la desprecio del fraude al Medicare por el que Melgen fue condenado recientemente.

Los abogados de Menéndez dicen que existía una razón política válida para que sus empleados trataran de intimidar a los funcionarios del Medicare con el fin de que resolvieran una disputa de US$8,9 millones a favor de Melgen, pero es una alegación tonta. En su práctica de oftalmología en la Florida, Melgen facturaba al Medicare cuatro viales que costarían US$2,000 cada uno que supuestamente solía inyectar en cuatro globos oculares por separado, cuando realmente estaba tomando aprovechando los medicamentos de un solo vial a pesar de los riesgos de contaminación. Así es como facturó al Medicare por más que cualquier otro médico en el país. Los abogados dicen que los empleados de Menéndez estaban argumentando que el camino de Melgen conduce a la reducción de costos, pero por supuesto el precio de la medicación no está determinado por el costo real de producir una unidad, que es casi nulo.

Este debería ser el centro del caso. Pero los periódicos ahora dicen que el juicio ha sido “saneado” del tema del sexo. El juez de distrito William H. Walls, quien está presidiendo el caso, declaró que “no hay manera en esta tierra verde de Dios” de que él permita “manchas de derechas” en su sala de audiencias.

Por un segundo, lo puedo ver de esa manera. Imagínese estar sentado en ese cajón de jurado, escuchando cómo Melgen gastó 650,000 puntos de American Express en una estancia de tres noches para Menéndez en un lujoso hotel de París, con un “baño de piedra caliza con bañera de inmersión y ducha cerrada de lluvia”, pero no llega a escuchar a la fiscalía hablando sobre una amiga suya. El único gasto de Menéndez fue una factura de 12 euros en el restaurante del hotel, que pagó en efectivo. Me imagino que, tal vez, a mi amigo realmente le gustan los baños de lujo. Y quizá a él realmente le gusta volar a un complejo de recreo en la isla para beber jugo y leer libros.

El peligro, en un juicio que se espera que se extienda hasta finales de noviembre, es que el jurado pierda el hilo de la trama. Recuerde que ni siquiera son instruidos sobre los elementos que se supone que deben escuchar hasta que todo haya concluido. Pueden andar a la deriva en el aburrimiento, preguntándose por qué están perdiendo meses de sus vidas hablando de baños de lujo.

Esa sería la ironía final: un caso que comenzó con un escándalo sexual destinado a ocultar un negocio tortuoso se desmorona porque la corrupción real es mucho más aburrida que el sexo.

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