Matrimonio infantil en República Dominicana: Las historias de Fátima y Paola 

A Fátima su padrastro le advirtió que “si salió embarazada que se la busque como pueda”
Servicios de Acento.com.do - 14 de septiembre de 2017 - 5:05 am - Deja un comentario
Foto: por Fran Afonso

Escrito por Juan Carlos González/Especialista de Incidencia Política de Plan International República Dominicana

A Fátima su padrastro le advirtió que “si salió embarazada que se la busque como pueda”

Apenas termina el asfalto de la avenida que lleva directamente a las mejores playas y resorts de la República Dominicana, comienzan a aparecer por los estrechos callejones de tierra adolescentes recién salidas de la pubertad. Con miradas curiosas y desafiantes al mismo tiempo, parecen niñas cargando sobre sus brazos a otras niñas más pequeñas.

El mentado paraíso caribeño, donde la pobreza alcanza al 41.2% de la población y 1 de cada 5 adolescentes está embarazada, también presenta las cifras más elevadas de matrimonios y uniones de hecho en todas las Américas: el 12.5 % de las dominicanas se casaron o unieron antes de los 15 años y el 37 % antes de los 18 años. 

Fátima es una de ellas. A sus 17 años ya ha vivido experiencias muy intensas: “yo me considero ya una mujer. Trato de dejar mi niñez atrás”, dice con un dejo de amargura. Cuando tenía 8 años falleció su abuela materna, quien la crió y a quien recuerda con tristeza: “desde que yo voy allá al Seibo, a mi sitio, no me siento bien”.

Desde entonces, Fátima y su hermana menor Erika se fueron a vivir con su madre que trabaja en Bávaro, la zona turística más importante del país: “nos llevamos bien, alguna veces ella pelea mucho… como todas las madres”, dice Fátima sobre la relación con su madre.

Debajo de los árboles de sombra de este barrio de Bávaro, más mujeres sentadas en sillas y troncos improvisados, cargan a sus hijos sobre sus piernas. Unos barracones apenas coloreados de verde, amarillo y rosa dejan ver los efectos de la lluvia tropical. Pisos de barro llenos de charcos donde se mezclan los restos de lluvia con las aguas negras, electricidad sostenida con cables a baja altura para llevar un poco de luz a las calurosas casas de aluminio y madera conforman el ambiente donde creció Fátima, quien se embarazó a los 16.

“Imaginaba que iba a tener mi primera vez con alguien que yo realmente quería”, cuenta sobre su iniciación sexual: “Yo tenía un novio y él me hablaba de eso, él iba a ser mi primero, pero no se pudo. Luego conocí a otro muchacho y nos hicimos novios. Quedé embarazada de él y él se fue pa’ San Cristóbal. No sabía que yo había quedado embarazada”. 

La presión aumentó en su casa luego del embarazo. Su padrastro le advirtió que “si salió embarazada que se la busque como pueda”. Dice que por esa razón se casó. Un hombre de 38 años que vivía cerca de su casa comenzó a hablarle: “él me fue enamorando y yo a lo último caí. Por eso me casé. Ya no quería estar en la casa así”. Fátima tenía 4 meses de embarazo cuando se mudó a casa de él, que había aceptado encargarse de la bebé a pesar de no ser su progenitor.

Al principio, ella cuenta que todo fue bien, pero pronto el hombre empezó a maltratarla: “él me fue hablando mal delante de la gente. Siempre discutíamos y yo luego venía pa’ donde mi mami y él me iba a buscar y yo volvía. Eso pasó como tres veces”. Fátima también relata que el hombre maltrató físicamente a su pequeña hija y le impedía trabajar. Un día ella se hartó de la situación y pidió ayuda a su mamá, refugiándose en su casa.

En República Dominicana, una de cada cinco adolescentes entre 15 y 19 años está actualmente casada o unida con un hombre 10 años mayor. Al mismo tiempo, las cifras indican que 35% de las dominicanas ha sufrido algún tipo de violencia por parte de su pareja, 26% reportó haber tenido al menos una experiencia de violencia física y más de la mitad de los asesinatos contra las mujeres en el país fueron cometidos por su pareja anterior o actual.

Ahora Fátima vive temerosa. Casi no sale a la calle. El hombre que prometió villas y castillos para llevársela hoy la amenaza: “él me dijo que yo tengo que ser de él obliga’o”. Ella se niega a volver con él, pero comenta que ahora él la acosa, llamándola con insistencia y buscándola en casa de su mamá con la excusa de visitar a la bebé.

Tampoco tiene mejores opciones a la mano. Ella misma no conoce a su padre, escucha de su padrastro cosas como “quien tiene su hijo que se lo eche al hombro”, no recibe ninguna ayuda del padre biológico de la niña desde hace 7 meses y tampoco ha retomado los estudios por carecer de documentos de identidad ni los mínimos recursos económicos.

“Aunque mami dice que… le gustaría que yo fuera ingeniera”, comenta Fátima para darse ánimo.

Paola Se casó a los 12 años con un hombre 10 años mayor

Paola se define como una persona tranquila, paciente y amistosa. El suave tono de su voz contrasta con la claridad de sus ideas. Con 18 años de edad ya tiene muchas lecciones que compartir.

Se casó a los 12 años con un hombre 10 años mayor. Él mismo la embarazó a los 13. Intentó abortar tomando brebajes artesanales, pero no lo logró. Hoy es madre de una niña de 5.

Paola es de Guayacanal, un poblado de la sureña provincia de Azua donde viven poco más de mil seiscientos habitantes. La mayoría de sus hombres se dedican a la siembra de plátano y tomate, mientras que las mujeres realizan labores mal pagadas en la única calle asfaltada del pueblo, o suben a la capital para trabajar como servicio doméstico. 

De acuerdo a la investigación “Niñas Esposadas” realizada por Plan International República Dominicana, el matrimonio infantil es un fenómeno de la pobreza en las zonas rurales: las niñas del quintil más pobre tienen 3 veces más probabilidad de casarse y 2 veces más si viven en esas áreas. Paola no escapa a esa realidad; la casa de madera y blocks que construyó su abuela se apila junto a muchas otras al lado de una calle de tierra.

Dentro, el techo de zinc cataliza el sofocante calor pero no oculta la desolación de la cocina, donde a mediodía no hay indicio de alimentos por ninguna parte: “No tengo muchos recuerdos de mis padres, todo el tiempo he vivido con mi abuela. Ella me aconsejaba estar tranquila, no caminar tanto ‘que la calle no deja nada bueno’. Yo me llevaba más de mis amigas que de mi misma abuela: ‘No tienes que estar con ese hombre porque ese hombre es mayor que tú, tienes que esperar tu tiempo’, me decía”.

Paola tuvo su primera relación sexual a los 12 años sin estar preparada, según relata. “Sí quería hacerlo pero no sabía cómo era, o si podía doler o no podía doler”, comenta.

Según Plan RD, el matrimonio infantil en República Dominicana se vincula a distintos factores como el inicio temprano de la actividad sexual con hombres adultos, así como con el deseo de las niñas de establecer relación con un hombre adulto porque entienden que él es portador de experiencia, madurez y estabilidad. Otra razón es la presión que ejercen las familias sobre las adolescentes por un embarazo no deseado.

Todos esos factores de riesgo los vivió Paola: “Muchas personas dicen que es mejor un hombre que sea mayor, que esté montado y con dinero”. A escondidas Paola comenzó a frecuentar al hombre, y cuando ya no pudo ocultar el embarazo, se fue a vivir a la casa de la familia de su novio y dejó la escuela avergonzada por las críticas de sus pares y las “sugerencias” hechas por la directora del centro educativo: “ella me dijo que ya no podía seguir estudiando durante el día, que tenían que apuntarme de noche”.   

De las 10 niñas y adolescentes casadas con hombres adultos que fueron entrevistadas para el estudio “Niñas Esposadas”, siete estaban embarazadas al momento de establecer la unión. El conjunto de esas niñas inició su actividad sexual entre los 12 y 14  años con hombres que las superan entre 5 y 10 años.

Cuando Paola piensa en las consecuencias de ser madre a temprana edad, lamenta las oportunidades que dejó atrás. “Llegan los compromisos” dice, “y tú no eres la misma ni te vas a divertir igual. No tienes el mismo derecho que las otras personas, como salir todos los fines de semana”.

Mientras vivió con el hombre mayor, Paola asegura que aunque no sufrió violencia física, sí padeció el control de su pareja: “Era muy celoso, a él no le gustaba que yo saliera tanto, quería que solo estuviera enfocada en él y en su casa. Me hablaba bastante fuerte y entonces yo le decía que a mí no me gusta que me controlen”. Esas diferencias los separaron.

Así, Paola regresó al hogar de su abuela y juntas están criando a su pequeña hija. Logró retomar sus estudios y acaba de completar el tercer año de bachillerato. Sueña con llegar a ser bioanalista “con Dios adelante…trabajando, llevando mi niña a buen camino, que no siga los mismos pasos que yo seguí”. cierra.

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