Las escenas de dolor que cambiaron la vida a una familia en Cenoví

Foto: Máximo Laureano

CENOVÍ, San Francisco de Macorís.- “Me han arrancado la paz y ni me acuerdo de la dicha”, fue la lectura bíblica, en a misa llevada a cabo en la parroquia San Antonio de Padua, en la comunidad Madrid, en Villa Tapia, en la despedida de Emely Peguero.

Allí se concentró el pueblo, unido por el dolor de haber perdido a una de sus hijas. Las comunidades unidas por la solidaridad y el clamor de justicia, una masa de persona, unida por una sola interrogante, porqué matar a Emely y su criatura de cinco meses que llevaba dentro, de quien ya se sabía sería un varón. 

“Se me acabaron las fuerzas”, dictaba otra parte de la lectura, mientras el predicador Diógenes de los Ángeles, llamaba aferrarse a la fe para encarar situación como la ocurrida en el hogar Peguero Polanco, ayer una familia desconocida, pero, hoy, una familia marcada por el dolor, antes los ojos del país y parte del mundo por el impacto de la desaparición y posterior asesinato de Emely.

“El perdón, no quita que se haga justicia”, sermoneaba al sacerdote, en una iglesia repleta de creyentes, que dejan en su fe, la certeza de que todo aquel que tuvo que ver con quitarle la vida a Emely y la criatura que llevaba dentro, debe pagar.

“Que la justicia sea igual para todos, para pobres, para ricos, para los del pueblo, para los del campo”, profirió el predicador católico, quien agregó que Emely Peguero, se había convertido en un símbolo doloroso para lo solidaridad. 

El predicador también llamó a los padres y madres a cuidar a los adolescentes, reiteró que entre las familias haya más dialogo, más acercamiento.

La parroquia San Antonio de Padua, en la comunidad de Madrid, en Villa Tapia, era la penúltima morada, para Emely, de allí, el féretro con sus restos, sería seguido por caravana, que se extendió por más unas tres horas, para pasar por San José de Cenoví, su comunidad natal, hasta ser llevado al cementerio de La Milagrosa, donde llegó una multitud para despedirla, entre llantos, dolor y clamor por justicia.

Avanzando el recorrido, los moradores de las comunidades y pueblos vecinos que también se movilizaron, se acercaban al féretro, para tocarlo o decir una palabra de aliento a la familia, otros simplemente buscaban solidarizarse con la situación, ante un caso que estremeció todas las esferas de la Sociedad Dominicana. En la carretera, la gente esperaba la caravana para sumarse y tributar un último adiós a Emely.

“Quienes les hicieron esto a mi hija, pensaron que por tener dinero y poder, este caso no se iba a descubrir, pero Dios quiso, que no fuera así”, expresó Genaro Peguero, papá de Emely, quien asegura se aferra a la fe, para tener la fuerza soportar el dolor. Su madre Adalgisa Polanco, también  encara todo lo ocurrido. Ambos agradecieron a las comunidades, a los medios de comunicación y a las autoridades, el apoyo en todo el proceso de dolor. 

Ambos vestidos de blanco, cumpliendo a un llamado que Emely, afirmaron, le habría revelado tras su muerte, clamaron por la justicia divina y por la justicia terrenal.
El hecho.

La adolescente de 16 años edad, Emely Altagracia Peguero Polanco, había desaparecido, el 23 de agosto, su cuerpo sin vida, fue encontrado, ocho días después en una maleta, en la comunidad de La Guama, en el municipio de Cayetano Germosén, en la provincia Espaillat.

Por el hecho está en prisión, Marlon Martínez, de 21 años, a quien se identifica como novio de la víctima, el joven tiene prisión preventiva por tres meses.

Este viernes 01 de septiembre, justo luego del entierro de Emely, un tribunal de Atención Permanente en San Francisco de Macorís, envió a prisión preventiva por tres meses a Marlín Martínez, también involucrada en el asesinato, Marlín, es la madre de Marlon.

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