Habilidades para la vida

Como bien se sabe los empleos son escasos y cuando aparecen no son todos y todas los que pueden calificar para un puesto a pesar de tener varias de las aptitudes requeridas. Existen escollos como la preparación del currículo y la presentación para la entrevista.

Para ciertos empleos el lugar donde vive el solicitante lo sitúa del otro lado de una barrera invisible que crea en su inconsciente el miedo (real o supuesto) de ser rechazado. Vivir en ciertos sectores es muchas veces, de antemano, un motivo de baja autoestima. En caso del candidato haber superado las primeras pruebas y lograr ser empleado lo importante pasa a ser mantenerse en el puesto y culminar exitosamente los tres meses de prueba.

Mucho se escribe sobre la elevada tasa de jóvenes que ni estudian, ni trabajan y sobre la falta de empleos de calidad en general. Poco se menciona el caso de los jóvenes que consiguen un primer empleo y lo pierden, tanto a nivel formal como informal.

Para prosperar en el trabajo y en la sociedad, se necesita de toda una serie de habilidades para la vida que pueden hacer falta a nuestros empleados. Son habilidades que para algunos vienen en parte de la cuna, de la educación familiar, de la comunidad, de la escuela, de los estudios superiores y que se van desarrollando progresivamente desde la infancia a todo lo largo de la vida. Sin embargo, debemos constatar que una proporción apreciable de nuestros jóvenes carece de una buena parte del repertorio de aptitudes necesarias para interactuar correctamente con otras personas.

Estas habilidades para la vida son, a la vez, habilidades cognitivas, emocionales y sociales estrechamente ligadas a una pedagogía de aprendizaje, activa y participativa, que nuestra “revolución educativa” está compelida a integrar en sus programas para beneficio de las nuevas generaciones. No se puede seguir formando ciudadanos de segunda categoría que a pesar de seguir una escolaridad completa en las escuelas públicas no alcanzan las habilidades sociales mínimas para desempeñar exitosamente empleos de calidad. El mundo del trabajo requiere que los jóvenes integren a sus vidas nuevos códigos y nociones de disciplina, jerarquía, cooperación, responsabilidad y puntualidad para los cuales no han sido debidamente preparados.

Las debilidades son patentes en quienes han crecido en familias disfuncionales, en medio de la violencia barrial e intrafamiliar, estudiando en escuelas que no aportan un mínimo de correctivos a las situaciones al no trabajar debidamente las habilidades para la vida.

Desde la infancia los niños y niñas de sectores vulnerables han desarrollado las aptitudes sociales necesarias para sobrevivir en el ambiente en el cual se desenvuelven: el “tigueraje”, la “pinta”, las jerarquías barriales, el machismo, las normas de sanidad y el vocabulario. No obstante, esos códigos no son exactamente los requeridos en el empleo para el cual aplicarán.

No es igual llevar una Pizza Hut en Piantini que un “chimi” en un motor destartalado, sin casco, en Villas Agrícolas. No es igual trabajar en un taller de reparación de carros desde los 10 años, siendo víctima de toda una serie de abusos y trabajar en el taller automotriz de una gran empresa. Los nuevos empleados deben, de buenas a primera, pasar de un mundo donde la comunicación verbal es rápidamente conflictiva y violenta a un mundo laboral cada vez más exigente en cuanto a servicios al cliente a todas las escalas, donde se requiere capacidad de expresarse, de saber escuchar, de articular pensamientos, de controlar sus emociones y de comprender situaciones..

En la Fundación Abriendo Camino se realizó recientemente una feria de empleo con Ágora Mall en la cual participaron 150 candidatos. Después de la feria se realizaron entrevistas a algunos de los candidatos y estas entrevistas dieron testimonio de las escasas habilidades sociales que presentaban algunos de los entrevistados.

Al ser los jóvenes el más importante recurso con que cuenta la comunidad y los llamados a ser los protagonistas del desarrollo, no solo es importante explicarles cómo hacer un currículo y cómo vestirse para una entrevista de trabajo sino también ayudarles a desarrollar un sin número de aptitudes que el joven empleado debe tener: la cortesía, la cooperación, la disponibilidad, la capacidad de adaptación y de resolver problemas de interacción social, la gestión del estrés y la aceptación de la crítica.

Una respuesta integral se impone. No solo se trata de capacitar sino de abordar las habilidades para la vida a todos los niveles de la enseñanza y de poder asegurar su seguimiento hasta la integración real en el mundo del trabajo.

La sociedad que se unió alrededor del 4% para la educación debe exigir con fuerza un currículo escolar que se base no en repeticiones, como en el actual, sino en tomar como nuevo norte 2016 los “Pilares de la Calidad Educativa: comunicar ideas, resolver problemas, expresar, emociones”, como plantearon los especialistas que participaron en la XX edición del Congreso Internacional de Educación Aprendo 2016.

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