Fantasías indigenistas (e hispanizantes)

No hay lugar a dudas de que Pedro Henríquez Ureña es uno de los prohombres más preclaros y cultos que ha dado Quisqueya. De reconocida prosapia e ilustrada familia, su obra literaria y su magisterio brillan por toda América y hasta en  la Madre Patria por sus aportes al estudio de la lengua y la literatura hispanas y el legado de sus exitosos colaboradores y discípulos hasta nuestros días. Por eso PHU es gloria  y orgullo de un pueblo más proclive a venerar a sus muchos faranduleros que a honrar a sus escasos filósofos.

A sabiendas de que violaba la recomendación  del admirado Benvenuto Cellini de “no escribir autobiografías ni memorias antes de cumplir los cuarenta años”, PHU escribió los  primeros recuerdos de su entonces corta vida cuando tenía justo veinticinco años.  Como era de esperarse  a esa edad nuestro héroe ciertamente reveló una idiosincrasia muy común entre los dominicanos,  como es el fantasear sobre remotos antepasados indígenas al tiempo que callar la fuerte herencia africana,  escribiendo:

Mi abuelo Noel Henríquez, que murió en 1904 a los noventa y un años, era hijo de holandés e inglesa; no había nacido en Santo Domingo, sino en la posesión holandesa de Curacao, y en su ascendencia hubo judíos; por lo cual supongo que al apellido Henríquez, con su H, nos viene de judíos españoles o acaso portugueses que pasaron a Flandes. Mi abuela paterna tenia sangre de los últimos indios dominicanos [sic] que permanecieron en la población de Boyá, con la jurisdicción concedida al cacique rebelde Guarocuya (Enriquillo) en el siglo XVI, de los cuales existían algunos puros todavía en el siglo XVIII.*

Obsérvese que si bien el joven autor especula-  con énfasis en el “supongo”-  sobre la antigua proveniencia geográfica de los Henríquez con H, afirma contundentemente la ascendencia indígena de su abuela paterna, y calla la patente  herencia negra materna (como es costumbre entre nosotros). No sabemos la fuente que PHU utilizó para la citada afirmación de su ascendencia taína, y en específico de los indígenas “dominicanos” que “permanecieron en la población de Boyá”: ¿quizás alguna tradición oral de familia, o su propia imaginación?  Sin embargo,  no hemos descubierto ningún registro independiente de semejante alegato por sus parientes**,  ni de los historiadores  y genealogistas que investigaron sobre la familia antes de la publicación del texto escrito por PHU cuando joven. Por ejemplo, en 1959 la Academia Dominicana de la Historia publica en Clío un merecido homenaje a su ilustre padre titulado “EN EL CENTENARIO DE SU NACIMIENTO, FRANCISCO HENRIQUEZ Y CARVAJAL”,  sin referencia alguna a su supuesta ascendencia taína, que indudablemente hubiese sido un dato de gran interés de haberse conocido algo sobre el tema. Los trabajos genealógicos más recientes tampoco mencionan la fantasía de nuestro joven héroe-  imbuido de los escritos románticos que nutrieron su formación literaria- como descendiente de indios (es el caso de Antonio Ignacio Guerra Sánchez); o cuando se menciona  este componente genético, como lo hace Jaime Read, por lo menos califica esa información con un claro “se dice”,  pues evidentemente no tiene nada documentado sobre esa espuria historia.  Muy desafortunadamente, la mayoría de los divulgadores no tienen pruritos y simplemente reproducen el yerro del inexperto PHU como verdad incontrovertible, evidenciando el arraigado sesgo racial criollo que aún persiste en el presente, pues ni nuestro máximo héroe intelectual pudo zafarse por completo del absurdo de llamar “indios dominicanos” a los aborígenes de la isla y fantasear sobre un vínculo genético directo con esos nobles salvajes.***

En justicia, que sepamos, PHU jamás volvió a insistir- al menos por escrito- en el supuesto origen indígena de su abuela paterna, la capitaleña Clotilde Carvajal Fernández (1819-1873).  Escribir esa fantasía en sus Memorias  fue un excusable gazapo de su inexperto romanticismo juvenil.****  PHU no quiso publicar el texto de sus Memorias en vida, transcurriendo  décadas antes  de conocerse su juvenil obra autobiográfica. Mientras tanto  su dura experiencia como judío errante habría de probarle lo difícil que es ser “mestizo” o “mulato” en el mundo que se movía, pues fue marginado en su ejercicio profesional a tal grado que- a pesar de sus sobrados méritos académicos-  nunca logró  ser profesor titular de una universidad argentina,  por razones llanamente esbozadas por Jorge Luis Borges, al decir:

Y aquí en Buenos Aires, creo que no le perdonamos el ser dominicano, el ser, quizás mestizo; el ser ciertamente judío -el apellido Henríquez, como el mío, es judeo-portugués-. …”

Prácticamente todos los dominicanos hemos sentido el impacto de nuestra literatura decimonónica de fantasías indigenistas e hispanizantes  así como la propaganda cultural-  intensificada por el estado centralizado a partir de Trujillo y su camarilla- que nos ha hecho creer indios para no reconocer que somos mulatos. Preferimos repetir y embellecer hasta el cansancio los tres o cuatro simpáticos episodios recogidos por los tempranos cronistas para no tener que hablar de los miles de valientes cimarrones negros que lucharon por su libertad y sobrevivencia en un medio muy hostil, e ignorar a las generaciones de africanos, cocolos, haitianos y sus descendientes (dominicanos todos) que con sangre, sudor y lágrimas han contribuido significativamente a forjar la dominicanidad. 

Hoy sabemos científicamente que  en el pueblo dominicano el componente genético africano (49.1 %) es casi catorce veces mayor que el indígena (3.6%), y que  el negro prácticamente constituye el cincuenta por ciento de nuestro acervo génico  colectivo. Si insistimos en fantasear de que somos mestizos de taínos y españoles, en lugar de sentir el orgullo de ser mulatos, hasta los ancestrales neandertales- con apenas  el medio por ciento de nuestro patrimonio genético-  se reirán a carcajadas de nosotros por fantoches.*****

*Ver en:  file:///C:/Users/jtavares/Downloads/4447-17606-1-PB%20(1).pdf

**En el fascinante escrito “Galería de antepasados”,  el dominico-puertorriqueño-mexicano José Luis González Coiscou, pariente tanto por los Henríquez como por los Carvajal, plasma interesantes recuerdos de la tradición oral familiar, sin aludir al tema del supuesto  componente genético indígena en la familia. Sin embargo, explica que lo de la alegada ascendencia inglesa de los Henríquez dominicanos viene porque el patriarca, Noel Henríquez, era hijo de un comerciante inglés de apellido Jefferson y de una  Henríquez curazoleña. González dice socarronamente que  nuestro héroe pudo haberse llamado Pedro Jefferson Ureña.   Ver p. 115 en: http://www.persee.fr/doc/carav_0008-0152_1986_num_47_1_2288  y otra versión familiar en que se omite cualquier referencia a antepasados indígenas: http://www.genealogy.com/forum/regional/countries/topics/dominican/736/

***El escrito en Clío dice textualmente: “Francisco Henríquez Carvajal era el menor de diez hermanos, hijos de Noel Henríquez, hombre de negocios de origen holandés, y de Clotilde Carvajal, hija de un cubano que arraigó en Santo Domingo, casado con una dominicana.” http://clio.academiahistoria.org.do/trabajos/clio114/Clio_1959_No_114-04.pdf          Ver a Guerra Sánchez en: http://www.idg.org.do/capsulas/agosto2007/agosto200718.htm y Jaime Read en http://hoy.com.do/capsulas-genealogicasfamilias-capitalenas-los-henriquez/     Para muestra de los incontables sitios divulgadores repitiendo el mito de la ascendencia indígena (incluyendo órganos oficiales), ver: https://es.wikipedia.org/wiki/Pedro_Henr%C3%ADquez_Ure%C3%B1a http://mapre.gob.do/listado-de-republicas/segunda-republica/francisco-henriquez-y-carvajal/ 

****Ver el juicio mucho más severo al respecto de  Fernando Valerio-Holguín:    La perpetuación del mito fundado por la novela Enriquillo de Manuel de Jesús Galván acerca de la descendencia de los dominicanos a partir de españoles e indios se ha diseminado hasta nuestros días en intelectuales portadores de un discurso nacionalista conservador, hispanófilo y católico. Su propio hijo [de Francisco Henríquez y Carvajal], el renombrado intelectual Pedro Henríquez Ureña, en sus Memorias, después de establecer su linaje paterno y materno, expresa que su abuela paterna “tenía sangre de los últimos indios dominicanos que permanecieron en la población de Boyá, con la jurisdicción concedida al cacique rebelde Guarocuya (Enriquillo) en el siglo XVI, de los cuales existían algunos puros todavía en el siglo XVIII” (Citado por Roggiano 334). No sólo elide la raza negra de la que seguro provenía su madre mulata, sino que menciona no casualmente el nombre de Enriquillo, lo que perpetúa el mito creado por Manuel de Jesús Galván en su novela Enriquillo.” https://www.academia.edu/2460087/Salom%C3%A9_Ure%C3%B1a_de_Henr%C3%ADquez_1850-1897_._Fernando_Valerio-Holgu%C3%ADn    y https://www.academia.edu/5171814/Pedro_Henr%C3%ADquez_Ure%C3%B1a_El_intelectual_mulato_poscolonial

*****Ver tabla de composición genética en: http://www.diariolibre.com/noticias/salud/el-dominicano-tiene-un-49-de-adn-africano-y-un-39-europeo-NE4251429

encuesta

¿Cree usted que el mensaje de Margarita Cedeño conducirá a la unidad de Danilo Medina y Leonel Fernández?

Cargando ... Cargando ...

Participa en el debate

No aceptamos comentarios ofensivos ni denigrantes.
Estamos interesados en el debate de las ideas, no auspiciamos ninguna ofensa contra nadie. Los comentarios que contengan mensajes denigrantes, ofensivos, difamatorios, injuriosos, por razones de raza, de política, de religión o de cualquier otra índole serán eliminados y sus autores excluidos de continuar comentando.

© 2011 - 2019 Editora Acento SAS. Todos los derechos reservados.
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial 4.0 Internacional.

Se un periodista ciudadano - Comparte las incidencias de tu comunidad.