Tema tabú

Hemos recorrido un largo camino desde que Wally y Bob llegaron en misión oficial a Santo Domingo hace poco más de 30 meses. Seguimos distanciándonos de lo que ocurre en el Califato, pues es evidente que no salimos de la misma “gatera” que ISIS. Sin implicar con ello que hemos alcanzado la meta, ni que el andar ha sido sin tropiezos, a pesar del acompañamiento del Embajador estadounidense y su consorte en la lucha por el respeto a los derechos humanos y el combate a la discriminación basada en ancestrales prejuicios. En otras palabras, no tenemos por qué ser pesimistas pues al menos seguimos luchando por liberarnos de las lacras del pasado; y mucho menos pecar de complacientes y conformistas, porque todavía faltan muchos molinos por vencer en el aun largo camino por delante.

A veces es difícil juzgar la distancia recorrida por estar entretenidos con la rápida sucesión de eventos que hace el diario vivir en esta media isla tan excitante, lejos de la imagen de apacible existencia que los nórdicos asocian con la vida isleña tropical. Para apreciar cuánto hemos progresado en la lucha contra la homofobia en poco tiempo, tenemos la fortuna de haber encontrado un mojón documental que marca el punto de partida al inicio de la década que transcurre. Nos referimos a la experiencia de la escritora mexicana, Guadalupe Loaeza, al visitarnos en ocasión de la XIII Feria Internacional del Libro en abril 2010 para presentar su obra sobre Agustín Lara, titulada Mi novia, la tristeza.  El breve relato de su visita fue originalmente publicado bajo el título de ¿Tema Tabú? en la Revista de la Universidad Autónoma de México.* Luego fue incorporado como un capitulo en su libro titulado En el clóset (México, 2011), ubicando así sus comentarios sobre la homofobia en Santo Domingo en el contexto de lo que viene ocurriendo en el mundo occidental desde al menos los tiempos de Oscar Wilde.

Todavía en abril 2010, según la escritora mexicana, en Santo Domingo no solo las personas LGBT no habían salido del clóset, sino que aun el tema de la liberación de los gais seguía siendo tabú en nuestro medio y apenas empezaba a aflorar. Loaeza concluye su relato anecdótico observando que: “Como dicen los dominicanos, en este país, más que la gente, apenas es el tema de la homosexualidad el que está saliendo del clóset.”

Aun entre la intelectualidad dominicana, la homofobia se manifestaba con virulencia en 2010. Relata la autora como en un “conversatorio” de la XIII FIL sobre Pedro Henríquez Ureña con la participación de los académicos mexicanos  Adolfo Marañón y Susana Quintanilla, y tres destacados autores dominicanos,  mientras los conferencistas analizaban la obra ensayística tan importante de PHU y su gran influencia en la literatura mexicana, uno de los asistentes susurró a Loaeza, “era gay”, refiriéndose a nuestro Pedro. Y ante la duda expresada por la escritora mexicana, remató con la confiada reafirmación: “Sí, en serio”.

Picada por la curiosidad, Loaeza aborda de inmediato a su amigo y coautor de Mi novia, la tristeza, Pável Granados, para hacerle la misma pregunta:

“No creo”, me respondió [Granados], “Salvador Novo era alumno de Henríquez Ureña. En una ocasión, don Pedro llamó a Novo a su oficina porque estaba enterado de la vida sexual de su alumno. Muy intrigado, le pidió que fuera a verlo. Cuando se encontraron solos, Henríquez Ureña se puso muy incómodo y no supo cómo confrontarlo. Entonces le preguntó: ‘Salvador, si yo le pidiera un beso, ¿me lo daría?’. Novo se quedó pensando, y le respondió: ‘Sí…’. ‘¡Pues muy mal, eso está muy mal!’. Dicen que desde entonces se dio una ruptura entre ambos”.

Pedro Henriquez Ureña, José Vasconcelos y Diego Rivera, en México

Sin embargo, Susana Quintanilla** quien se había acercado y escuchaba la conversación, agregó: “Pero pasó algo más. Cuando Henríquez Ureña se iba a casar le dijo a Novo que si él le pedía que no se casara, no se casaba”.

La patriótica indignación de los autores dominicanos presentes no se hizo esperar, exclamando con grandes aspavientos: “¡Será posible que se dude de la hombría de don Pedro!”

Ser homosexual era peor que ser ladrón, asesino o acosador. El escándalo de la anécdota era la difamación de nuestro Pedro por atribuirle una supuesta relación erótica con un varón, restándole méritos a su impecable carácter viril. Nadie se horrorizaba por lo que implica el hecho de un maestro abusar de su autoridad para enamorar a un discípulo o responder a sus avances, varón o hembra por igual.

Loaeza revela su consternación por la vehemente reacción desatada por el inocente intercambio sobre la supuesta relación de PHU con su joven discípulo Salvador Novo (relatada años después por el escritor gay mexicano en La estatua de sal), “anécdota” recibida por los dominicanos como una afrenta a la honra del insigne intelectual dominicano, y quizás hasta a la Patria misma.  Loaeza decide entonces indagar sobre la literatura gay criolla durante su corta estadía en nuestro país, haciendo un exhaustivo recorrido por la feria en busca de respuestas. Concluye que la homosexualidad era un tema seriamente reprimido en nuestro medio, aun entre los intelectuales y escritores, quienes consideraban el tema tabú décadas después que en otras sociedades latinoamericanas se liberalizara.

Ni hablar de la homofobia tradicional en las autoridades tales como los órganos de represión militar y policial, persiguiendo las manifestaciones públicas de dignidad LBGT, y no nos referimos a algún exhibicionismo desfachatado. Hace cuatro años que circuló un antológico video del enfrentamiento verbal de un joven con un agente policial por el uso de la bandera nacional en la parada de Orgullo Gay 2012, poniendo en flagrante evidencia nuestro atraso en el tratamiento del tema, al menos en ese momento.*** En las elecciones de 2016 Deivis Gómez fue por primera vez candidato a una diputación por un partido mayoritario sin disimular su homosexualidad y prometiendo trabajar por los derechos del colectivo LGBT.

En otro orden, cabe recordar el recibimiento brindado a Wally y Bob por las jerarquías religiosas y políticas desde su designación en Santo Domingo hace menos de tres años, todo por la pareja diplomática no esconder o “disimular” su relación de más veinticinco años. De hecho los que se consideran progresistas entre nosotros admiten generosamente que las parejas adultas hagan lo que quieren con su vida sexual y afectiva, pero que por favor lo hagan en el clóset y sin exigir sus derechos ciudadanos. La verdad es que al menos desde los tiempos de Trujillo es conocido que diplomáticos dominicanos han sido homosexuales camuflajeados, pues así es como nos gusta guardar las apariencias, no para no ofender los sentimientos de la gente en el país anfitrión, sino por preservar nuestra propia autoimagen de virilidad trasnochada.

La discriminación y represión de los integrantes del colectivo LGBT es insostenible en sociedades auténticamente democráticas y libres. Así como en la Antigüedad los cristianos se sacudieron el yugo opresor de los romanos, los negros esclavos rompieron las cadenas de sus amos en el siglo XIX, y las mujeres se pusieron pantalones en el siglo XX, en la actualidad las personas LGBT están saliendo del clóset con sus banderas multicolores para jamás volver.****

¿Seguimos reprimiendo (oprimidos nosotros mismos por ancestrales prejuicios que surgieron en la caverna), o acompañamos a los grupos que luchan por liberarse de la opresión social encarnada en nuestras leyes y costumbres?  No es preciso ser cristiano para respetar el derecho a creer en los dogmas de sus iglesias, ni hay que ser gay para celebrar la diversidad y sobre todo reconocer la humana dignidad de las personas LGBT. Al final, se trata de nuestra propia liberación mental y emocional. Ni opresor ni oprimido.

*http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/8611/pdf/86loaeza.pdf

**Académica con importantes trabajos que tratan entre otros temas sobre  el impacto de PHU durante sus estancias en México, tales como: “Dionisio en México o cómo leyeron nuestros clásicos a los clásicos griegos” (ver el ensayo en: http://www.redalyc.org/pdf/600/60051304.pdf )  y el libro “Nosotros”  La juventud del Ateneo de México(México, 2008)  ver reseña de la obra en http://www.letraslibres.com/revista/libros/nosotros-la-juventud-de-susana-quintanilla 

***https://www.youtube.com/watch?v=_S6hcPyo47c&feature=youtu.be&t

****Nuestra deuda con Cristhian Manuel Jiménez y en especial por su oración: “Que quede claro a los opresores, que las mujeres salieron de casa, los negros rompieron sus cadenas y las personas LGBT salieron del armario, y ninguno de ellos regresará.http://acento.com.do/2016/opinion/8360933-orgullo-lgbt-tiempos-odio/

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