La práctica de la aproximación

Una de las características de la sociedad dominicana de nuestros días es la de haber asumido la práctica de la aproximación. No hay que hacer las cosas bien, basta con hacerlas “más o menos bien”; si el asunto está “casi bien”, ¿para qué complicarnos la vida? El resultado es mucho bulto e inconsistencia y poca excelencia, abriéndoles las puertas a mediocridades de todo tipo.

Así, cuando un pintor de brocha gorda pinta una pared, muchas veces pintarrajea las ventanas, los marcos de esas puertas, las rejas  y el piso. Su respuesta casi segura es: “no se apure, doñita, eso se arregla”. Cuando llega el momento del arreglo, el susodicho pintor  vuelve a dañar las paredes que trata de nuevo de arreglar una y otra vez en un desesperante va y viene en el que la doña sale casi siempre con los pelos de punta. Los ejemplos de este tipo son tantos que si uno se dedicara a anotar y reportar los atropellos cotidianos los engaños, los malos servicios,  a veces en tiendas y negocios de primera, Pro Consumidor tendría el tamaño del Ministerio de Educación (institución  que es la que tiene la mayor empleomanía del gobierno).

Lo que acabo de escribir es pan nuestro de cada día. El ciudadano común se encuentra numerosas veces al día ante situaciones realmente tremendas cuyos autores no tienen la más remota idea de lo mal que lo están haciendo. La generalidad de las personas no se dan cuenta de que algo que está “casi bien” no está bien. ¿A quién atribuirle la responsabilidad de esta situación?

En las escuelas, que debieran ser el hogar de la búsqueda de la excelencia, impera la práctica de la aproximación.  Y me refiero a la mayoría de las escuelas públicas como de las privadas, que ceden al “más o menos bien” por razones que si bien son distintas terminan entronizando la imperfección. Cuántas escuelas privadas validan como positivos resultados francamente deficientes de algunos de sus alumnos “para no perder estudiantes” (entiéndase clientes). ¿Por qué acceden a la enseñanza universitaria tantos estudiantes con carencias notables incluso en lectoescritura?

Me pregunto a menudo si lo que sucede en la esfera privada es causa o consecuencia de lo que pasa en la esfera pública o viceversa. El gobierno lidera el campo del “casi bien”,  del “más o menos” y, en definitiva,  de la aproximación  vendiendo a través del cacareo intenso de la multimillonaria propaganda gubernamental acciones francamente deficientes como la séptima maravilla del mundo. Si el gobierno se empeña en vender cómo superlativa una obra más que sobrevaluada y pésimamente mal hecha, ¿qué se puede esperar del pintor de brocha gorda que daña los marcos de las ventanas?

El marketing de las acciones presidenciales y gubernamentales nos induce a formarnos “percepciones” que no tienen ningún asidero en la realidad y nos manda mensajes totalmente contradictorios.  Se inaugura en tiempo electoral un Metro al que todavía le faltan muchos meses para la conclusión de la obra o se abren con bombos y platillos escuelas sin terminar. Aunque se haya anunciado muchas veces durante los últimos cuatro años la solución “definitiva” a la situación de inseguridad, se puede volver a anunciar lo mismo una y otra vez.  Tirar la guardia a la calle para enfrentar a los motoristas, pobres por demás, que “son todos delincuentes potenciales”, es en definitiva, bastante fácil y es lo que siempre se ha hecho sin resultados. El  “perfil delictivo” recae sobre los mas jóvenes y los más  mas pobres reforzando en la población el rechazo a la Policía, aún cuando la sociedad espere otro tipo de actuación.

En cuanto a los comicios del pasado 15 de mayo, si algún extranjero te pregunta cómo fueron las elecciones en tu país, y tú le respondes “casi bien”, eso genera curiosidad. República Dominicana es un país en el que la Junta Central Electoral reconoce haberle pegado 100.000 votos de más, por un simple error, a un candidato a senador muy famoso y no pasa absolutamente nada;  error que condujo al senador a obtener más votos que habitantes en su provincia. En cualquier otro país una situación como esta habría conducido a graves consecuencias. Eso es en otra parte; aquí eso no importa.

El presidente de la Junta Central Electoral dijo en una alocución súper bien publicitada y pagada con los fondos de los contribuyentes que las costosas maquinarias electrónicas que esa institución compró funcionaron casi bien. También  se jactó en decir que los equipos electrónicos llamados a registrar y transmitir los concurrentes a las urnas solo fallaron en un 24 por ciento de los casos.  Dijo  con satisfacción que del 64 de los votos  que se pudieron contar mediante medios electrónicos. Solo faltó por contar el 36%. Pero, en definitiva, eso está “casi bien”.

¿Está bien lo que está “casi bien”? El pintor de brocha gorda que embarra las ventanas está convencido de que sí, aunque la doñita que lo contrató todavía se esté preguntando qué la llevó a contratar una persona cuya inconciencia le conduzca a tanta irresponsabilidad. El presidente de la JCE también está súper convencido de que hizo lo mejor del mundo cuando contrató unas máquinas súper costosas que no llegaron a tiempo al país, que no fueron debidamente probadas, para las cuales se entrenó “casi bien” al personal y que en definitiva, contaron entre 54 y 62% de los votos. Definitivamente, el pintor de brocha gorda y el presidente de la JCE comparten la misma práctica de la aproximación. Creen que lo hacen “casi bien” cuando en realidad lo hacen bastante mal.

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