Quiéreme como soy

“¿Qué sentido encerraba esta costumbre de rodearse de enanos, locos o bufones y negros? A primera vista nos resulta repugnante.

De nada nos sirve saber que la moda de tener locos y enanos domésticos es asiática. Que  los hubo en Persia, en Egipto y después en Grecia y Roma.”*

No todas las tradiciones y costumbres antiguas merecen ser preservadas.

Desde la remota Antigüedad era práctica de muchos  monarcas rodearse de mascotas exóticas y personas chifladas y/o deformes, símbolos de la opulencia y el bienestar de la realeza. A partir de la Edad Media en las  cortes europeas fue costumbre arraigada albergar una variopinta gama de niños y adultos diferentes- “gente de placer”- para la compañía y el entretenimiento de la nobleza y sus invitados. Enanos y gigantas, barbudas y jorobados, tontas y locos, eran agrupados como bufones naturales

Monstrua vestida

bajo el apelativo de “sabandijas palaciegas” o “monstruos” en la barroca España de los Austrias. José Moreno Villa especula en su clásico ensayo sobre los personajes que habitaban el Alcázar de Madrid en el apogeo de la “gente de placer” que: “brota la sospecha de que gustasen a las personas reales por el realce que prestaban a su figura”.* ¿Mal de otros, consuelo de tontos?

A  manera de ilustración, entre los casos más sonados de personas con necesidades especiales en la Corte de Madrid se destaca la “giganta”, Eugenia Martínez Vallejo.  Llevada por sus padres al real Alcázar hacia 1680, a los seis años ya pesaba unos 75 kilos. Recibida por el rey Carlos II en persona, allí queda junto a los enanos, bufones y mascotas para el deleite de la Corte, vistiendo su corpulencia en trajes de preciosas  telas y fina confección, como fuera retratada por el pintor oficial, Juan Carreño de Miranda, en su renombrada obra, “La monstrua vestida”. Aún más cruel- al menos  para la sensibilidad moderna- también hicieron posar a la desdichada niña para exhibir su desnudez a la posteridad en el retrato “La monstrua desnuda” del mismo maestro, retrato por igual conservado en el Museo del Prado. La ciencia moderna nos sugiere que la niña padecía del síndrome de Prader-Willi, una rara enfermedad congénita caracterizada- entre otros trastornos- por un apetito insaciable, cuyo diagnóstico y consecuente tratamiento médico era desconocido en el siglo XVI.**

Evidentemente las condiciones materiales de los escogidos para divertir a la familia real con sus deformidades genéticas y ocurrencias jocosas eran muy superiores a los pobres condenados a ser el hazmerreír en las calles y barrios de la época, primitivas víctimas de “bullying”, o a los trancados en sus hogares sin ningún tipo de estímulo ni compañía para no exponer la vergüenza familiar ante los vecinos. Pues la creencia popular de la época era que ser padre o pariente de un “monstruo” era un castigo divino. A pesar de lo repugnante que hoy nos parece, el trato personal que recibían en Palacio y las relaciones con sus amos eran menos crueles que la dura vida de muchos más “que no disfrutaron de la protección real”. Culpa del tiempo…

Con la Ilustración del siglo XVIII eclipsa en Europa el ancestral gusto por mantener escuadras de personas con taras y deformidades en Palacio. Pero el cese de esa antigua costumbre no fue el resultado de un acto de reflexión de los gobernantes sobre los sentimientos de los “monstruos” ni fue acompañado de medidas para la integración de las personas con necesidades especiales en la sociedad, con la debida protección de sus derechos y la atención compasiva a sus requerimientos particulares.

Monstrua desnuda

Entonces paulatinamente se consolida y expande el fenómeno de la exhibición itinerante de “monstruos” como negocio, en  muchos casos incorporados  a un gran circo. Estos espectáculos venían escenificándose esporádicamente hacía tiempo en Inglaterra y en el Continente, pero fue en el siglo XIX que alcanzaron su mayor esplendor. Todavía a mediados del siglo XX existían espectáculos de monstruos humanos en algunos lugares del mundo. El célebre circo estadounidense de Barnum & Bailey fue uno de los grandes negocios del entretenimiento que incluía la oferta de un “freak show” (espectáculo de monstruos) en sus exhibiciones itinerantes por todo el territorio norteamericano. Sin embargo, en 1932 el intento de Hollywood de llevar a la gran pantalla la exhibición de “monstruos” fracasa con la película “Freaks” de Tod Browning, al ser rechazada por el público norteamericano de manera rotunda. Es evidente que la sensibilidad cambiaba rápidamente en los países más desarrollados a mediados del siglo pasado, pues el género del “freak show” no llegó exitosamente al gran público del cine. No obstante, las actitudes ancestrales son difíciles de extirpar del todo, y al menos hasta 1952 sobrevivió en la Florida un “freak show” en vivo, que incluso sirvió de inspiración en 2014-2015 para desarrollar en la pantalla chica norteamericana una exitosa serie de trece episodios, titulada American Horror Story: Freak Show.***

El recorrido de la humanidad ha sido largo desde los tiempos del Quasimodo de Victor Hugo a nuestros días. La compasión de la gitana Esmeralda por el incomprendido jorobado de Notre Dame de París fue quizás una primera chispa romántica para iniciar el cambio en las actitudes milenarias de rechazo y maltrato a las personas con condiciones físicas y psíquicas especiales. Cada día más se considera aberrante la exhibición de las deformidades y discapacidades de seres humanos para fines de diversión, práctica hoy comparable a la pornografía infantil. También se cuestiona  la segregación de las personas con necesidades especiales en grupos aislados, con el argumento de proveerles mejor atención y servicios especializados. Ahora se promueve la activa participación de todos con la familia en espacios públicos y actividades culturales, así como su plena integración en las aulas de las instituciones educativas básicas, con el apoyo personalizado de educadores especializados. Igual se fomenta la integración de todas las personas al trabajo productivo, identificando las labores apropiadas para cada individuo. La integración de todos los humanos como una sola familia, respetando los derechos y las diferencias individuales, es un ideal que debemos perseguir, a sabiendas de que para alcanzar esta meta aún falta un largo trecho por recorrer. Todas las personas tenemos el derecho de ser respetadas, aceptadas, y queridas como somos, sin importar nuestra apariencia o coeficiente de inteligencia. Las personas e instituciones que luchan día a día por este noble fin son invaluables para nuestra humanidad.

*Recomendamos el ensayo de José Moreno Villa:  Locos, enanos, negros y niños palaciegos: Gente de placer que tuvieron los Austrias en la Corte española desde 1563 a 1700  en

http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/locos-enanos-negros-y-ninos-palaciegos-gente-de-placer-que-tuvieron-los-austrias-en-la-corte-espanola-desde-1563-a-1700–0/html/0039b104-82b2-11df-acc7-002185ce6064_2.html   y http://arkeologia.blogspot.com/2010/07/lo-grotesco-de-la-corte.html    

** http://arkeologia.blogspot.com/2010/09/eugenia-martinez-vallejo-la-nina_16.html http://www.syndrom.org/sindromes/prader_willi.htm

*** https://en.wikipedia.org/wiki/American_Horror_Story:_Freak_Show

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