¿Opinión o intromisión?

¿Cuándo una opinión es una intromisión?

¿Existe diferencia entre la opinión expresada públicamente por un extranjero sobre alguna faceta del quehacer nacional y la detestada injerencia en nuestros asuntos domésticos en violación de la soberanía?  Parece ser que para algunos  es “opinión” solamente si favorece  nuestros intereses personales; y es “intromisión” siempre que no coincide con nuestro propio criterio.  ¿Es este maniqueísmo una manifestación de intolerancia en ciertos sectores de nuestra sociedad?

Durante mucho tiempo los escritos y pronunciamientos del ex cónsul de Haití en el país, Edwin Paraison, eran atacados y denunciados por considerarlos “injerencistas”. Más de una vez  el caballero fue conminado a abandonar el país y regresar a Haití. Al menos un prominente ministro del gobierno dominicano se atrevió en un arrebato a fabular que Paraison dirigía y financiaba el movimiento “TNT” para “tomar nuestro territorio”, pasando el ex diplomático- solo en la febril imaginación del Ministro- de la expresión “injerencista” a la agresión imperialista.

El mismo supuesto matatán haitiano de la intromisión en nuestros asuntos internos, otrora violador en serie de nuestra soberanía en favor de los derechos humanos, ha vertido públicamente su opinión en medio de la campaña electoral de que “…la mayoría de los dominicanos de ascendencia haitiana votarán por el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) en las próximas elecciones del 15 de mayo.”*  La apreciación política de Edwin Paraison sobre el delicado proceso comicial “que solo concierne a los dominicanos”, sin embargo,  no ha suscitado en los medios de comunicación el rechazo de los defensores de la soberanía durante el mes de la Patria, por suerte. ¿Y si sus palabras hubiesen indicado una preferencia de los votantes de ascendencia haitiana por un partido opositor?  ¿O si hubiese sido el Embajador James Brewster quien pronunciase semejante apreciación sobre la preferencia de un bloque de votantes dominicanos? Una cosa es con guitarra y otra con violín.

La agresividad de algunos dominicanos rechazando toda opinión proveniente de un extranjero como “injerencia” no es exclusividad de ciertos hacedores de opinión y  líderes políticos, pues los comentarios de muchos lectores en los medios interactivos evidencian hasta donde el virus de la soberbianía se ha propagado en nuestra sociedad. Prácticamente toda opinión de un extranjero conteniendo algún elemento de crítica, por constructiva que sea, provoca un rechazo verbal violento, reacción  que hasta hace poco era virtualmente desconocida  entre  los hospitalarios dominicanos. Acento contiene en sus archivos digitales el mayor  tesoro de este nuevo género “literario” criollo, pero también se puede comprobar en los demás medios.

Durante la reciente visita de la joven politóloga guatemalteca, Gloria Alvarez, para disertar y compartir sus ideas sobre el populismo como mecanismo de manipulación política en América Latina y la forma de combatirlo, el Listín Diario publicó una breve reseña sobre su presentación en la Cámara Americana de Comercio, provocando el siguiente comentario paradigmático (copiado textualmente):

DA VERGUENZA QUE TODOS LOS EXTRANJEROS QUE HANDAN «EN BUSQUEDA» CON LAS MAFIAS INTERNACIONALES VENGAN A LA REPUBLICA DOMINICANA PARA PROFERIR HUMILLACIONES E INJERENCIAS NUNCA ANTES VISTAS. ESTA TIPEJA DEBE IRSE A GUATEMALA, A DEFENDER SUS INDIOS QUE VIVEN EN CONDICIONES PEORES QUE ANIMALES.**

Se califica como injerencia la simple exposición de ideas cuando éstas resultan inconvenientes a los intereses de un grupo de poder, y se descalifica al autor por supuestamente formar  parte de una conjura internacional contra la dominicanidad. Al extranjero usualmente se le conmina a dedicarse a los asuntos de su patria, que se describe en términos despectivos.  Al menos en el caso de Gloria Alvarez los principales dirigentes políticos se hicieron los chivos locos, no dándose por aludidos en las referencias a la corrupción y el populismo. Talvez callaron por tener tantos otros blancos que atacar, o quizás-aunque es improbable-  por haber asimilado las lecciones de los previos incidentes con  Almagro, Brewster, De Blasio, Vivanco y Vargas Llosa, entre muchos otros a quienes han acusado agresivamente de intromisión en nuestros asuntos domésticos.

Que en una sociedad tradicionalmente abierta y hospitalaria como la nuestra un significativo segmento de quienes se expresan en los medios de comunicación reiteradamente rechace  toda opinión o crítica de interlocutores extranjeros alegando indebida  injerencia, escudándose en la soberanía y el patriotismo, es preocupante. Cuando importantes portavoces del gobierno exhiben el mismo comportamiento, el asunto se torna grave. El rechazo de un amigo de los dominicanos de cuatro décadas por su opinión sobre una sentencia judicial dominicana, manipulada y tergiversada con fines políticos, raya en el histerismo. Esta reacción es en extremo perjudicial a los esfuerzos de proyectar al mundo  la imagen de una nación moderna y progresista, pues en palabras de la académica, Dra. Mu Kien Sang:

“Lo que sí ha evidenciado esta absurda sobre-reacción del Gobierno y de algunos sectores, es que la intolerancia más rancia predomina. Que somos demócratas solo cuando los demás están de acuerdo con nuestras ideas. Que el respeto a la disidencia es una mentira. Que somos incapaces de aceptar las críticas. En fin, que la democracia nuestra es una simple y lejana aspiración.”***

Ver la injerencia hasta en la sopa es en definitiva la señal de una patología de intolerancia. Debemos aprender a recibir las opiniones y sugerencias de cualquier procedencia con ecuanimidad, sopesando el contenido de acuerdo a sus méritos intrínsecos y sin discriminar por la nacionalidad de la fuente. Después de un detenido análisis, debemos  ignorar las críticas y recomendaciones que consideramos impertinentes o inaplicables, y acoger  las sugerencias que puedan contribuir al desarrollo de una mejor nación. Clasificar toda opinión como injerencia, y rechazarla con malcriadeza solamente porque proviene de un extranjero y no favorece nuestros intereses personales o grupales, es una necedad que en nada contribuye a fortalecer la incipiente democracia dominicana.

*http://eldia.com.do/edwin-paraison-mayoria-de-dominicanos-de-ascendencia-haitiana-votara-por-el-pld/

** http://www.listindiario.com/economia/2016/02/19/408407/sector-empresarial-puede-acabar-con-el-populismo

***http://hoy.com.do/el-premio-de-vargas-llosa-una-opinion/

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