El deleite kitsch de algunos alcaldes dominicanos

El término Kitsch, según Kluge-Götze, parte de la expresión inglesa “sketch”: “kitsch, bagatela, aplicada sobre todo a cuadros, originarios de Munich. Cuando compradores anglosajones no querían invertir demasiado allí por un cuadro, pedían un boceto, a “sketch”. De aquí deriva kitsch utilizado sobre todo en los círculos artísticos de los años 1870”. 1  Esta afirmación rivaliza con otra, en la que se plantea que el vocablo Kitsch, aplicado a  determinados objetos artísticos de pobre calidad, y que comenzó a emplearse en los círculos artísticos de Alemania, a finales del siglo XIX, como una derivación de la palabra alemana “kistchen” cuyo significados podían interpretarse como sinónimos de: baratija. El barro pulido. Chapucero. etc.

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Leonardo da Vinci. «La última cena»

El Kitsch como fenomenología, no puede desvincularse de la reproducción industrial de objetos relacionados con el arte, para el consumo de las mayorías; puede expresarse  a partir de la toma de modelos clásicos que son representados y vendidos masivamente, a un público en el que su relación con el arte se basa en el malentendido de que las bellas artes sirven sólo para consolarnos del terrible diario vivir. Así, desde La última cena, de Leonardo, el “cuadro de la niña con la espinita” y la reproducción de El Naufragio, obra de  William Turner, entre tantas otras copias litográficas que hemos observado adornando las paredes de muchas viviendas; concluyendo con la góndola souvenir traída del último viaje a Italia,  el gusto por lo kitsch se advierte en demasía,  al igual que ayer, en nuestro patio insular.  Gusto vulgar de una  burguesía adinerada, que al igual que los nuevos ricos,  piensan  que pueden alcanzar el status de ciertas elites –sociales y culturales–, tratando por emulación de copiar características parecidas de sus conductas culturales.   Basta que usted tenga posibilidad de acceso a los hábitats donde se mueven muchos de nuestros políticos –nuevos millonarios al vapor–, para darse cuenta de la magnificencia de objetos kitsch con la que se rodean, regodeándose en su miope soberbia  de deslumbrar a infelices y honestos ciudadanos, que indirectamente hemos pagado con impuestos,  ese mal gusto.

Niña sacandose espina
Niña sacandose espina

El accionar de algunos síndicos de nuestro paisaje de país,  en disponer chuscamente de los recursos del erario público asignados para su “buena administración”, distante de un marco de gestión acorde con una planificación destinada a mejorar las condiciones de vidas de los ciudadanos, mueve a indignación y ha exhibido ejemplos muy emblemáticos de ese gusto, en algunos alcaldes municipales, por lo kitsch.  Rememoremos la famosa escultura-llave

inaugurada por Corporán de los Santos, en la intersección de la Av. George Washington con Av. Máximo Gómez, lugar en donde años mas tarde Jhonny Ventura, inaugurara con bombos y platillos su “Fuente de agua, luz y sonido”, construcción kistch que duro, como diría el Prof. Bosch: “…menos que una cucaracha en un gallinero”. Años después,  siguió el “Zooberto”, nombre dado despectivamente por el pueblo, al aparente “parque temático” adornado con grotescas figuras, realizado  por la Alcaldía de Roberto Salcedo Gavilán, y como colofón ejemplarizador el kitsch del momento:  la “Torre Infiel”, nombre

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La «Torre Infiel» en la Plaza de la Bandera

otorgado al reciente desatino  del Alcalde de Santo Domingo Oeste, quien colocó en una de nuestras plazas emblemáticas,  la replica aberrante y en escala menor de la famosa torre parisina. Ya que Francisco Santo, al igual que otros síndicos y funcionarios, como personas Kitsch viven de segunda mano,  el arte no es para ellos una realidad sino una posibilidad de escapar de la realidad; no incorporan el arte a la vida para que se adquieran conocimientos, sino para alimentar en las masas ilusiones y que busquen consuelo en una obra de arte cargada de un sentido prefabricado y sacado de su contexto originario.

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El «Zooberto»

Cada día que veo estos y otros absurdos, me sumerjo y vuelvo a releer los panfletos de Pedro Peix,  quien asienta: “Ese es el resultado de una democracia representativa inicua, que le ha concedido presupuestos independientes a los patricios de boletas –legisladores y síndicos– que pretenden convertirse en constructores….De ahí que la “Continuidad del Estado” sea un festín de la venganza donde cada administración devora el erario público, ufanada de que la voluntad popular le otorga ese derecho, y con los mismos métodos rapaces que criticaban en los gobiernos anteriores.”2  

  • Sobre la teoría del sketch véase Reimann: op. cit., págs.. 8 y 13.
  • “Prohibido el Pesimismo en una Democracia de Quijotes Muertos”. Pedro Peix. Panfleto del 8 de agosto 2001.

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