Vigencia de las maquinaciones de Balaguer-CIA contra Bosch

1. CASO ORLANDO-PCD ¿Recuerdan la foto que puso Balaguer en su tristemente célebre “página en blanco” de las “MEMORIAS DE UN CORTESANO DE LA ERA DE TRUJILLO” sobre el asesinato de Orlando? Una foto de Bosch con Orlando y otros periodistas de El Nacional de ¡Ahora!  La insinuación fue tan precisa como pérfida.

Pero eso no es todo. Previamente, a raíz de ese crimen, Balaguer maquinó atribuírselo al PLD y, de paso, a Juan Bosch; en esa tesitura llegó a perseguir, apresar e “investigar” con esos fines a un conjunto de dirigentes del PLD; aprovechándose de las diferencias públicas del momento entre PCD y Orlando de una parte, y Bosch y otros dirigentes peledeístas de la otra.

¿Recuerdan cual fue la postura de la dirección de PCD frente a esa maniobra perversa?

En todo momento dijimos que Bosch y el PLD no tenían nada que ver con ese asesinato, que se trataba de “un crimen de Estado”, de un “asesinato político del régimen fraguado en su alto mando militar”.

Es decir, independientemente de nuestras diferencias políticas con Bosch, no caímos en el “gancho” de prestarnos a perseguir al PLD y denigrar su principal figura.

Actuamos para derrotar las maquinaciones de Balaguer, la CÍA y las derechas anticomunistas y anti-boschistas.

Procedimos, sobre todo, en función de la verdad; conscientes, además, de que  la contradicción nuestra con Bosch tenía otro rango: correspondía a lo que los vietnamitas llamaron contradicciones en el seno del pueblo.

2. CAAMAÑO-CARACOLES

Algo parecido aconteció a raíz del desembarco de Playa Caracoles, esta vez aprovechando ese régimen funesto las diferencias políticas entre Bosch y Caamaño alrededor de ese proyecto guerrillero, típicamente foquista.

Soy testigo de excepción – y ahí están las pruebas presentadas y los hechos expuestos en mi libro REVELACIONES-  de que tanto Bosch como la dirección del PCD hicimos todo lo posible para modificar ese rumbo cuasi suicida y plantear otra concepción y otro proyecto político militar en unidad con Francis Caamaño.

Reitero, con apego a la verdad, que Bosch no tenía compromiso previo con esa expedición y hubo de enterarse de su concreción luego de la llegada de los guerrilleros al país el 3 de febrero del 1973, a través del mensaje de Toribio Peña Jaquez en su condición de “combatiente extraviado” o “guerrillero sin montaña”, como bien se ha informado en numerosas ocasiones.

Del desembarco en adelante, Balaguer, la CÍA y los órganos de inteligencia del país se empeñaron primero en perseguir a Bosch y al PRD por sus supuestos vínculos conspirativos con Caamaño; y después de la muerte de éste, recurrieron a fomentar la idea de “la traición de Bosch a Caamaño” con la intención de dañar gravemente su imagen, culpándolo incluso de su muerte y fraguando la “especie” de su delación.

Todo esto – en medio de la confusión, el dolor, las pasiones, la resistencia a la autocritica- surtió su efecto. Con esos fines fue fríamente calculado esa especie de asesinato moral de Bosch por los cerebros del mal, en procura también de contraponer y afectar a dos de las figuras más emblemáticas de la Gesta de Abril y la Guerra Patria.

Debo decir que a mi entender Bosch, bajo fuerte presión, reaccionó no de la mejor manera en los momentos más álgidos y de mayores incertidumbres de esa coyuntura.  Se precipitó, en un intento de defensa fallida frente a la hostilidad del régimen, a ofrecer aquellas versiones de “la muerte de Caamaño  antes de llegar”, del “traslado de su cadáver congelado”, del “doble” de tal Caamañito… lo que le restó fuerza y lo hizo vulnerable.

Lamentablemente una parte de las fuerzas más próximas al proyecto de Caamaño y una parte de las izquierdas sectarizadas contra Bosch -como también la franja perredeista-peñagomista que le adversaba al interior de su partido- se convirtieron en apasionados/as reproductores/as (algunos/as hasta la fecha) de esas inescrupulosas maquinaciones de Balaguer.

Cayeron en la trampa y promovieron la versión de la traición que culpabilizaba sobre todo a Bosch del fracaso de la expedición y de la muerte de Caamaño, quien paradójicamente fue capturado herido y fusilado por jefes militares bajo órdenes de Balaguer y de la CÍA, ambos autores intelectuales de la calumnia contra el Profesor.

Esto lo hicieron extensivo al glorioso mando militar constitucionalistas, haciéndose eco de intrigas indemostrables contra los coroneles Monte Arache y Lachapelle.

3. EL GANCHO BALAGUERIANO LE RESULTÓ ATRACTIVO

En lugar de proceder como lo hizo el PCD en el caso de Orlado cuando se quiso acusar a Bosch y al PLD de su asesinato, le hicieron el juego a esas maquinaciones. Y lo peor es que una parte de ellos insisten todavía en reproducir y reciclar periódicamente esas mendaces acusaciones, agregando sin sonrojos pasajes fantasiosos de factura balaguerista.

En lugar de dirimir políticamente y con altura las diferencias,  y de analizar desapasionadamente los hechos, sin renunciar a la crítica, optan por envilecer la memoria histórica y embarrar a sus más destacados protagonistas.

Decididos a potenciar esa aberración han llegado al colmo de presentar a Bosch como un vulgar delator ante Balaguer de la presencia guerrillera en Caracoles, aludiendo una supuesta llamada telefónica cuyo testigo y expositor es nada menos y nada más que una de las figuras más abyecta, mentirosa y despreciable del balaguerismo: HECTOR PEREZ REYES; lo que por demás, confirma el origen trujillista y perverso de ese plan.

Darle crédito a esa alimaña para acusar a Bosch de “bandido” y “delator” es suficiente para descalificar, en caso de no retractarse o probar sus acusaciones, a los que haciendo un deleznable uso de sus méritos en abril del 65 y en Caracoles, se han prestado a esa conjura contra personas dignas de respecto, figuras emblemáticas de la historia reciente que debemos preservar como ejemplos  para las nuevas generaciones.

Otro tanto parecido hacen los que usan y deforman las interioridades del proyecto guerrillero de Caamaño para denostar su figura, para deteriora la imagen bien ganada y su rol esencial en la historia dominicana.

Cierto –y con esto termino- que no todos los actores de esa conducta deplorable posiblemente estén conscientes del daño que hacen. Cabe pensar que ciertas emociones y pasiones los obnubilan.

Pero si vale alertar sobre la existencia de “centros de inteligencia” que procurar matarnos los héroes y las heroínas ya fallecidos, porque saben que realmente no han muerto. Centros que inducen y manipulan cargas emocionales y divergencias presas de pasiones en interés de asesinar símbolos.

¡Porque saben que están llamados/as a ser fuentes inagotables de inspiración y esperanza!

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