Sobre el sexo de los ángeles 

En el caldeado ambiente que vivimos en la Hispaniola en la actualidad,  algunas apasionadas discusiones  evocan el mítico debate sobre el sexo de los ángeles, que se atribuye a los tiempos de la caída de Constantinopla ante el asedio de los otomanos en 1453, casi medio siglo antes de la llegada del Almirante a nuestras costas.*

Entre las discusiones bizantinas resucitadas por la Sentencia TC 168-13 y su larga secuela, figura en lugar prominente la polémica sobre el número de seres humanos (fueran haitianos, arrayanos, o dominicanos, pero en todo caso prietos, pobres, y con dicción castellana  imperfecta) degollados a machete (y también a cuchillo y golpeados salvajemente a palos), por esbirros disfrazados de campesinos bajo las órdenes expresas de Trujillo en 1937. Y decimos bizantinas, porque no son disquisiciones académicas que aportan nuevos datos y documentación original sobre el lamentable hecho histórico, sino soliloquios de Rojos de un lado  y Azules del otro, sin posibilidad alguna de diálogo constructivo. No son las indagatorias del investigador que persigue aproximarse a la verdad, como han sido los esfuerzos académicos que sitúan la cifra de las víctimas en rangos verosímiles, haciendo uso de los diferentes informes y estimaciones de la época. A sabiendas de que ciertamente la oposición a Trujillo en el exilio y los intereses del gobierno haitiano utilizaron las noticias del aborrecible extermino a favor de sus respectivas causas, el hecho sigue siendo que murieron muchos seres humanos por decisión intencional de Trujillo, aunque probablemente no tantos como denunciaron  los enemigos del sangriento tirano ni tan pocos como admitiera oficialmente el Estado dominicano. En 1 de enero 1938 el gobierno dominicano, por conducto de su Canciller, admitió en Washington haber exterminado  547 haitianos, que es el límite inferior del rango de cifras alegadas en diferentes momentos. Mas un solo muerto bajo las circunstancias descritas constituye un aborrecible crimen de Estado, atribuible a su Jefe y su séquito en ese momento, y condena igualmente a sus perpetradores y cómplices.

Además, se hizo todo lo posible, primero por ocultar la injustificada matanza, y luego por minimizar el impacto del hecho en la opinión pública  internacional. Muchos intelectuales dominicanos al servicio de Trujillo (entre ellos Joaquín Balaguer), se emplearon  a fondo en sofocar el escándalo por todos los medios a su alcance. Así llegamos a la reciente apología de esos diplomáticos intelectuales (Rojos) que defendieron a Trujillo  y al Estado dominicano de los ataques inmisericordes de los opositores que osaron utilizar en contra del gobierno dominicano las consecuencias de la “orden de desalojo” impartida por Trujillo, que fue “ejecutada como medida extrema”.  En claro paralelismo a los acontecimientos contemporáneos de la supuesta “campaña de descredito contra la República Dominicana y la vigorosa respuesta patriótica” actual, expone el punto de vista ultra nacionalista uno de sus ideólogos y más asiduos exponentes:

Ante las circunstancias que comprometían las provincias fronterizas amenazadas por la expansión, Trujillo produce la orden de desalojo. Orden, desde luego, que fue ejecutada como medida extrema. Las operaciones duraron del 2 al 7 de octubre de 1937. Fue una matanza espantosa. Durante las negociaciones de indemnización de las víctimas. En el primer informe del Gobierno haitiano “se le entregó a Ortega Frier el 6 de noviembre una nota diplomática, que calculaba por las declaraciones de los refugiados unos 2.040 muertes, reuniendo las listas de las Iglesia de Cabo Haitiano y Juana Méndez”. Posteriormente, se echaron al vuelo cifras gigantescas, superiores a toda la población de la provincia, y sin que aparezcan los nombres de las víctimas. En las demás listas no se dio nombres de víctimas, sino cálculos extravagantes.

Los dos cancilleres Evremond Carrié y Joaquín Balaguer, que hacías las veces de Canciller por enfermedad de Ernesto Bonetti Burgos firmaron un Acuerdo el 15 de octubre para que se investiguen los hechos y se establezcan responsabilidades. Inmediatamente, echando por tierra su palabra, Vincent solicita la intermediación de Estados Unidos y Cuba México para sacar el mayor provecho del conflicto. Una investigación fue realizada por la prensa estadounidense, Reynolds, el periodista norteamericano, entrevistó a varios centenares de haitianos que fueron heridos, y presentados ante la prensa internacional, muchos de ellos fueron contados como fallecidos. El periódico El Mundo (La Habana) dice en un reportaje especial “Los haitianos han abandonado  la República lo han hecho voluntariamente, pero aún quedan en el territorio más de 60.000 que conviven pacíficamente” (Cronología de la Era de Trujillo, Vol., 1, Emilio Rodríguez Demorizi, pág. 205).

El contragolpe fue extraordinario. Los exiliados políticos dominicanos de la dictadura para forzar una intervención militar llevaron rápidamente la cifra a 20.000 muertes.  La diplomacia dominicana fue sometida a las mayores pruebas de toda su historia. Se despacharon comisiones de muy alto nivel. A Estados Unidos,  una comisión encabezada por don Manuel de J. Troncoso de la Concha; a México, otra, encabezada por Max Henríquez Ureña; a Cuba, una cuadrilla de diplomáticos capitaneada  por don Moisés García.**

Y no calificamos la búsqueda de la verdad histórica como discusión bizantina, pues bien merece la pena hurgar científicamente el pasado para precisar los hechos, como se viene haciendo desde hace tiempo con esmero en otros ámbitos que no son los de la propaganda ideológica.  La determinación del número de víctimas de la matanza de 1937 es un tema apropiado para la investigación académica de la historia, pero sin utilizar el tema con fines ulteriores.

La discusión sobre el número de personas nacidas en la República Dominicana que carecían de documentos de identificación en diciembre 2014 o al 20 de julio 2015 es estéril, léase bizantina. Lo importante es dotar cuanto antes  a todos los nacidos en República Dominicana (previo al cambio constitucional  del 26 de enero 2010) de los  documentos que acreditan su nacionalidad dominicana

En el debate ideológico, el número de víctimas de la matanza, su nacionalidad, y otros pormenores son asuntos insustanciales. ¿Hace alguna diferencia moral si fueron 547 o 20,000 los exterminados por los esbirros a las órdenes de Trujillo?  Si la matanza de 1937 fue “espantosa”, como admite Manuel  Núñez, ¿importa más  la cifra de los exterminados o las intenciones y efectos de la bárbara acción asesina? ¿Quiénes callaron, quiénes apoyaron, y quiénes denunciaron y  combatieron con los medios a su alcance,  son preguntas pertinentes?

Sin embargo, entre todas las nuevas discusiones bizantinas suscitadas por las pasiones que ha desatado la aberrada Sentencia, destaca la controversia sobre el número de descendientes de haitianos afectados por la pérdida de la  nacionalidad. Con todas las dificultades que conlleva estimar el número de afectados  por la TC 168 con la retroactividad de sus disposiciones– y por tanto en riesgo de ser apátridas– los organismos internacionales especializados han convenido una cifra que ronda las 200,000 personas.*** Esta cifra, que en parte se desprende de las estadísticas oficiales consignadas por el propio Tribunal Constitucional en la Sentencia 168-13,  es la más utilizada por las personas y entidades que luchan por los derechos fundamentales de los afectados por la Sentencia (los Azules). Es un estimado indicativo de la magnitud de los efectos del despojo de nacionalidad confirmado por la TC 168-13, y parcialmente contrarrestada por la Ley 169-14. De golpe y porrazo nos coloca entre las primeras cinco naciones en el ranking global de apátridas, pues a diciembre 2014 la ley reactiva solo había surtido efectos insignificantes en la restitución de la nacionalidad a los hijos de inmigrantes sin permiso de residencia legal.

Al otro extremo, los defensores más tajantes de la aberrante sentencia del Tribunal Constitucional (los Rojos) alegan que no hay una sola persona condenada a ser apátrida en República Dominicana, pues todos los descendientes de haitianos son haitianos por ius sanguinis (argumento contenido en la propia TC 168-13, y defendido a rajatabla por los Rojos contra los Azules defensores  de los derechos humanos). Desde el punto de vista de los Rojos puros, la ley 169-14 no era necesaria ni justificada, pues siguen siendo haitianos como siempre lo han sido, tanto los que tenían documentos dominicanos como los que nunca pudieron ser declarados. Sin un solo apátrida, los Rojos con su varita mágica nos colocan por debajo de Suecia y Suiza- para solo mencionar dos países- en su  ranking global de apátridas.

Con respecto a esta lucha entre Rojos y Azules ha surgido un tercer equipo en el debate. Reconociendo que la 168-13 ha afectado la vida de mucha gente, argumenta que no son tantos como alegan los Azules, sin intentar precisar cuántos son. Para desmontar la cifra de los aproximadamente 200,000 en riesgo de ser apátridas que esgrimen los Azules (por coincidencia exactamente 10 veces las 20,000 víctimas que los opositores de Trujillo en 1937 alegaban), se argumenta que ésta ha sido “una genialidad mediática”. El argumento es muy parecido al de los que culpan a los opositores de Trujillo de haber  elevado artificialmente  la cifra de los exterminados en 1937 a 20,000 con fines propagandísticos.

Aun fueran tan solo 200 y no 200,000 las personas pasando crujía al encontrarse sin nacionalidad reconocida por estado alguno de la noche a la mañana en República Dominicana, es un crimen intencional de un grupo de personas amparadas en el ropaje de la legalidad y la justicia, imperdonable e injustificable con argumentos escolásticos.

Pero, sumándonos momentáneamente como buenos dominicanos a la discusión bizantina, preguntamos si el caso de Juliana Deguis Pierre no es ilustrativo de lo que podría estar ocurriendo. Su restituida ciudadanía dominicana ha permitido a sus cuatro hijos  ser reconocidos como nacionales dominicanos. Con la fácil regla de cinco, tenemos que cómodamente superamos la cifra de apátridas que en diciembre de 2014 se alegaba había,  multiplicando  los 55,000 a los que la Junta Central Electoral ha prometido expedir sus cédulas como dominicanos por el promedio de cuatro vástagos, promedio que posiblemente quede corto considerando lo prolífica que es nuestra tierra. Sin contar a Jameson Meriluz Esterlin, sus diez hermanos y sus respectivas  descendencias- y todos los que como ellos no figuran en la lista de la JCE-  superamos la cifra denunciada como “abultada” estimación del Institute on Statelessness and Inclusion de 210,000 personas apátridas a consecuencia de la 168-13.

La discusión sobre el número de personas nacidas en la República Dominicana que carecían de documentos de identificación en diciembre 2014 o al 20 de julio 2015 es estéril, léase bizantina. Lo importante es dotar cuanto antes  a todos los nacidos en República Dominicana (previo al cambio constitucional  del 26 de enero 2010) de los  documentos que acreditan su nacionalidad dominicana. Cuando concluyamos esa urgente tarea pendiente, las estadísticas dirán la verdad sobre cuántos fueron injustamente afectados por la Sentencia TC 168-13 y posteriormente reivindicados por la Ley 169-14 y posteriores disposiciones del estado dominicano, incluyendo las que aún quedan pendientes por ejecutar. La historia también juzgará si la labor de los Azules en defensa de los derechos fundamentales de miles de dominicanos por nacimiento ha sido instrumental en la consecución de esa conquista del reconocimiento de la nacionalidad de los dominicanos descendientes de inmigrantes haitianos, o si fue “una campaña mediática”  para hacer daño al pueblo y el estado dominicanos, como alegan los Rojos e importantes sectores del gobierno dominicano.

O si los Rojos prefieren, sigamos discutiendo sobre cuántos ángeles pueden hacer el amor en la punta de un alfiler al mismo tiempo, y de si son del mismo género o no, mientras el bohío arde sin perspectivas de que cese el fuego.

Nota bene: Además, es una discusión bizantina, pues todo el mundo sabe que ni Leones, ni Tigres, los mejores somos los Aguiluchos. ¡Fin de la discusión!

*Curiosamente, en la tradición anglosajona, la leyenda habla socarronamente de discusiones escolásticas sobre el número de ángeles que pueden bailar al mismo tiempo sobre la punta de un alfiler. Versión quizás más apropiada para caracterizar las bizarras discusiones sobre cifras de muertos y apátridas-  también victimas de genocidio  aunque en este caso civil.  Pero el sexo tiene mejor venta, por eso el título “mediático”.

Por cierto, todavía hay personas interesadas en contestar ese disparate sobre los ángeles varios siglos después, aunque sea en broma:

http://www.taringa.net/post/ciencia-educacion/17466335/Cuantos-angeles-pueden-bailar-en-la-cabeza-de-un-alfiler.html

**Hemos hecho “copy-paste” y todas las erratas vienen del original: http://almomento.net/opinion-como-llegamos-a-la-peor-crisis-diplomatica-en-el-siglo-xx-1937-1939/117431

***Respecto a este tema, consultar el reciente artículo:

http://www.diariolibre.com/opinion/2015/07/16/i1242111_dnde-salen-los-200-000a.html

 

 

 

 

 

 

 

 

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