De cómo purgar la estirpe en siete fáciles pasos

“La transmutación de ciudadanos por ius soli en inmigrantes ilegales es un fly al catcher. La receta es simple, si se siguen las instrucciones a pies juntillas.”

En vista de la propensión que tenemos los dominicanos por responder enérgicamente las declaraciones ofensivas de extranjeros en términos de viril patriotismo y en defensa de nuestra soberanía, comparto esta versión libre del artículo titulado “Seven Easy Steps to Ethnic Cleansing in the Dominican Republic”, publicado el 16 de junio 2015  por Julia Harrington Reddy en el sitio web de Open Society Foundations.

Pienso que la receta de la abogada estadounidense suscitará cartas, editoriales y discursos de por lo menos igual vigor que las supuestas declaraciones del alcalde de Nueva York, Bill di Blasio, y de nuestra gloria literaria, Junot Diaz, en un ejercicio de arrojada gallardía patriótica. En este caso tiene la virtud adicional de ser verídica, pues es la autora quien ha responsablemente publicado su escrito, y no puede salir diciendo que reporteros tergiversaron sus palabras. Además, en el ejercicio de rebatir a Redding, quizás algunos también quieran ejercitar su verbo denunciando a George Soros- el ideólogo y principal donante de la ONG que emplea a la experta en derechos humanos- por atreverse a publicar semejante panfleto.

En otro tenor, declaro que soy el único responsable de la traducción libre, que si bien no alcanza la calidad de las del profesional Iván Pérez Carrión, entiendo que es fiel al espíritu del escrito de Reddy, que puede leerse en: http://www.opensocietyfoundations.org/voices/seven-easy-steps-ethnic-cleansing-dominican-republic

Con este esfuerzo espero desmentir el antiquísimo aforismo italiano de “traduttore-traditore”, aunque esa fidelidad al texto original no me exonere de los ataques como “traidor pro-haitiano” de los que no leen y mucho menos piensan antes de comentar. Gajes del oficio.

Gracias anticipadas por cederme de nuevo el espacio de su columna semanal “Atalaya del escrutinio”, que sigo asiduamente al amanecer los lunes desde Dublín,

Jhonatan Veloce 

“Miles de dominicanos han temido la llegada de este día, pues a partir del 17 de junio podrán ser deportados de su patria, exiliados a un país extraño que muchos de ellos jamás han visitado. Allí es muy probable que queden aislados, apátridas – a menos que logren retornar cruzando clandestinamente la frontera para vivir como inmigrantes ilegales en su propio país. Es un triste panorama, con pocas perspectivas de resolución.

Mas algunos de sus compatriotas celebrarán. Algunos, ofuscados por el fanatismo de la limpieza de sangre, han dedicado años a preparar este acontecimiento, orquestando una purga étnica disfrazada de ejercicio de ofuscación legal.

¿Cómo se reportarán los eventos en los medios? La repatriación de inmigrantes haitianos, simplemente. Solo inmigrantes ilegales. Pues, ¿no hacen lo mismo EEUU y los estados miembros de la Unión Europea, todos los días?

La transmutación de ciudadanos por ius soli en inmigrantes ilegales no es nada difícil. La estrategia es en realidad muy simple, si seguimos las instrucciones a carta cabal. Repasemos lo que ha hecho la República Dominicana- una receta práctica para cualquier nación que aspire a purgarse étnicamente mediante un procedimiento legal ortodoxo.

  1. Iniciemos con la discriminación extraoficial en la expedición de actas de nacimiento, ignorando el derecho constitucional a la nacionalidad por ius soli. Crear obstáculos burocráticos y prácticos a los padres, exigiendo que las madres presenten documentos de identificación nacional para inscribir a los hijos, aunque esta medida viola tanto el precepto de ius soli como el derecho del padre a legar su nacionalidad a los hijos. Así aseguramos que la mayor parte de la población meta carezca de constancia oficial de haber nacido en el país.
  2. Cambiar la constitución. Eliminar el derecho a la nacionalidad por ius soli, y solo reconocer el ius sanguinis. Muchos países respetados tienen este precepto, y se puede disimular el efecto, hacer creer que es solo un cambio insignificante, garantizando- a los que ya “gozaban” de la nacionalidad al momento de la enmienda- la conservación de su ciudadanía. Crear un nuevo tribunal constitucional encargado de interpretar la Constitución.
  3. Un golpe de efecto, aprovechando el desconcierto: el tribunal constitucional interpreta el cambio constitucional con efecto retroactivo- unos setenta y cinco años, más o menos. No, en realidad, fue la Constitución previa la que había sido malinterpretada todo el tiempo- nunca significó lo que decía. En fin, poco importa, pues el efecto es el mismo. El Estado dominicano también estaba confundido. Se sabe que los errores ocurren.

Pero proclamen a todos los vientos que esto no es desnacionalización, pues los afectados nunca fueron dominicanos de verdad. Recuerden, que los errores ocurren, y gracias a Dios tenemos un Tribunal Constitucional que puede corregir 75 años de confusión de golpe y porrazo. Además, las personas afectadas de seguro que tienen otra nacionalidad que corresponde al color de su tez. Presto, ni desnacionalización ni apatridia. No ha ocurrido nada grave.

  1. A pesar de estas verdades, seguramente el tercer paso atraerá la atención de la opinión pública internacional, y por tanto el cuarto paso tiene el propósito de calmar los ánimos con la declaración del Presidente de empatía por los afectados y simultáneamente jurar respeto a los derechos humanos y a la separación de los poderes del Estado, proponiendo buscar una salida legislativa al tollo de la sentencia constitucional que garantice que nadie sufrirá consecuencias.
  2. Ocho meses después de la Sentencia del Tribunal Constitucional, el Poder Ejecutivo introduce, y el Legislativo vota a unanimidad, una rebuscada ley que divide la población afectada en dos grupos, dependiendo de si su nacimiento fue debidamente registrado o no. Los que en algún momento tuvieron actas de nacimiento tienen el derecho de “revalidación” (a pesar de que su emisión original fue por error) y posterior confirmación de la nacionalidad dominicana; mientras que los no inscriptos tuvieron la oportunidad de registrarse como extranjeros para obtener permiso de residencia legal y eventualmente solicitar la nacionalidad, aunque la ley no establece los requisitos ni el procedimiento para naturalizarse.

¿Recuerda el lector el primer paso? Ahora se entiende por qué la discriminatoria y sistemática negación extraoficial de emitir actas de nacimiento es muy conveniente para poder argumentar la benevolencia de reconocer el derecho a las personas que no tienen ningún documento oficial que pruebe que nacieron en el país. La transformación de ciudadanos por ius soli en extranjeros sujetos a ser deportados está a punto de culminar.

Un tribunal de derechos humanos pudiese intentar descarrilar nuestra marcha, demostrando que todas las acciones (política inicial denegando actas de nacimiento, sentencia constitucional, legislación) violan los tratados internacionales sobre derechos humanos a los que nos hemos comprometido. Pero se puede utilizar el Tribunal Constitucional para contraatacar, descubriendo (a menos de diez días de la decisión de la corte internacional) que ese organismo internacional carece de jurisdicción sobre nosotros- aceptando que la adhesión a la Corte no se hizo debidamente (a pesar de que presuntamente formamos parte del organismo durante varias décadas). El Estado dominicano era blandengue durante la mayor parte del siglo XX, como ya hemos indicado. Ahora sí estamos haciendo lo correcto.

Pero primero:

  1. Hay que pretender cumplir la ley, estableciendo unas cuantas oficinas (demasiado pocas, demasiado tarde) en diferentes puntos del país para registrar a las personas como extranjeras. Esta medida es esencial para legitimar la ley, que era clave para calmar las preocupaciones por— ¿recuerda?- la sentencia inconstitucional del Tribunal Constitucional, esencial para sofocar el clamor internacional. Con astucia hasta se puede conseguir que los países donantes paguen por el proceso de inscribir como extranjeros a los ciudadanos que carecen de actas de nacimiento porque les fueron denegadas. Y lograr que se abstengan de criticar sobre la base de que se requiere de tiempo para que la legislación surta sus efectos.
  2. El paso final es cuando vence el plazo para el registro de los “extranjeros” y se inicia la deportación de los que no se inscribieron. No es nítido, pero si se han seguido las instrucciones al pie de la letra, tendremos suficiente blindaje legal. Los ciudadanos por ius soli ya son simplemente inmigrantes indocumentados-blanco fácil. Y solo tardamos una década, más o menos.

Jóvenes, ya es tiempo de ir a practicar la lección en sus respectivos países.”

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