Ética, moral, valores y política

“Sólo en una sociedad justa será posible educar a hombres justos” Platón

Educación en valores, creación de ciudadanía, reforma y modernización del Estado    son lemas actuales de la cooperación internacional. Para impulsarlos se gastan millones tras millones para realizar programas destinados a la educación de niños, niñas,  adolescentes y adultos a fin de que conozcan sus derechos y sus deberes, de educarlos en valores para que puedan ser mejores ciudadanos dentro del marco de un régimen democrático.

Justamente en 2010 el Despacho de la entonces primera dama doctora Cedeño de Fernández había lanzado con bombos y platillos, frente al creciente deterioro de valores fundamentales,  el programa “Bien por ti” argumentándolo de la manera siguiente: “Juntos vamos a trabajar para que tus valores hagan la diferencia; es el mejor legado que podemos dejarle a las futuras generaciones”.

Ahora bien, ¿de qué valores hablamos?  ¿Qué peor daño se le puede hacer a la imagen democrática de un país que la manifestación abierta de gobernantes que se traicionan a sí mismos y entre sí, que mienten, manipulan, compran conciencias con descaro y justifican lo injustificable para satisfacer su insaciable sed de poder y de acumulación de capital?  ¿Qué justificación pueden ofrecer quienes ensalzan la constitución cuando le conviene y la zarandean como si fuera un patrimonio familiar a su conveniencia personal meses después?

Solo una democracia precaria permite los procesos de reforma constitucional que nos ha tocado vivir en la historia reciente, fruto de acuerdos de aposento generalmente traumáticos, circunstanciales, poco aleccionadores y escasamente transparentes.  Estas maniobras se hacen posibles por el solo  hecho que la lucha que se libra adentro de las mismas cúpulas de los partidos está desconectada de la vida de las grandes mayorías aplastadas por la pobreza y su lucha por la supervivencia. “Al final, Leonel es un tigre de barrio, tigre era y tigre se quedará y son todos iguales”, me dijo una doña de Villas Agrícolas resumiendo la situación con una señal de impotencia. “No tenían para el concho y ahora son todos millonarios y nosotros tragándonos el mismo cable”, agregó.

¿Cómo justificar frente a nuestra juventud  nuestra propia incoherencia que ha otorgado más aprobación en los sondeos a los presidentes mas chanchulleros de los últimos 50 años, los que han sabido utilizar para su beneficio los recursos de la información y el marketing político utilizando todo el arsenal avasallador del populismo, del clientelismo, del patrimonialismo y de la corrupción?

La actitud depredadora se ha convertido en la actitud espiritual habitual y acreditada de los miembros del partido que nos dirige. Personalmente entiendo que el daño más grave, cuyos efectos no se pueden todavía medir, es el daño a la psique colectiva de nuestro pueblo, a nuestros arquetipos. ¿Podremos exigir de nuestros conciudadanos comportamientos diferentes de los que observan en nuestros grandes timoneles?

Ilusos eran los que querían creer en el presidente Danilo Medina angelical. Parece que su librito, su manual de navegación, le  ha dado buenos resultados: la diablura quedó envuelta en un hálito candoroso e inocente. Supo esperar su momento de revancha en  la sombra durante muchos años, lo tenía calculado desde que asumió el poder: iba a “vencer con el poder del Estado”. Hizo suyo el proverbio “la venganza es un plato que se consume frío”.

Pocas horas duró la “rebelión institucional” del ex presidente Fernández. No se pareció a ningún Moisés llevando a su pueblo por los caminos de la defensa de la institucionalidad.  Prefirió pactar para mantener parte del pastel matando de nuevo, sicoanalíticamente hablando, al padre del PLD, el profesor Juan Bosch, que crió cuervos a pesar de haber luchado toda su vida por hacer política con convicciones éticas. ¿Cómo hubiese reaccionado Bosch ante lo que está sucediendo en el partido que creó y desarrolló con tanto sacrificio?

¿Cómo hablar a nuestros niños y nuestras niñas y adolescentes de ética, moral y valores, de justicia, de ciudadanía activa y participativa? ¿Cómo exigir comportamientos adecuados?

Los muchachos y muchachas de los barrios desfavorecidos son la crónica viva del fracaso de la política y de los políticos dominicanos que propician el desarrollo de una podredumbre y miseria moral que se expande a tal punto que nos sorprende a todos.

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