Carta de bienvenida a Don Quirino

Distinguido Don Quirino:

Qué alegría saber que ya se encuentra en República Dominicana, en medio de la calidez de su tierra, amigos -hablo de los fieles, no de los infieles- y familiares, lejos de este frío espantoso y cerca de unas habichuelas con dulce o un sancocho y, probablemente, boca arriba, en medio de un río, con un pote de ron entre las manos, mientras se agrada la vista, con la presencia de algunas exquisiteces criollas y mentalmente le pasa revista a las cuentas pendientes.

Yo también estoy haciendo mis maletas, para huir cualquier día de estos del infierno resbaloso, blanco y helado en el que estoy confinada, sin atreverme a salir al patio, por temor al ataque de algún zorrillo, como le ocurrió a mi prima Cristina, que ahora tiene una semana sin poder ir a la escuela, a causa del olor.

Le cuento el  pequeño percance familiar, porque de alguna forma, y ahora mismo, usted también es una especie de incomprendido zorrillo, del que muchos huyen espantados, a pesar de que algunos -al menos en cuanto a la peste- son aún más zorrillos que usted y eran sus mas fraternales compinches.

Espero que el viaje haya sido cómodo, sin turbulencias, sin niños dando gritos en las proximidades y que haya tenido el tino de elegir un asiento de los “more legroom”,  de Jet Blue, que son de los que elijo yo siempre, especialmente si viajo acompañada de muchos documentos, fotos, vídeos, etc.

Ya le escribí antes, pero lo hago otra vez, en esta ocasión, para darle la bienvenida y además las gracias por su voluntaria y generosa disposición, e inestimable oferta, de explicarle a las autoridades cómo funcionan el crimen organizado, el narcotráfico y las redes criminales, bajo los auspicios y en coordinación con el poder político.

A riesgo de entrar en cercana connivencia con uno de sus  abogados, el doctor Carlos Balcácer -cuyo nombre no debe pronunciarse, sin antes estar vacunados contra todo tipo de padecimiento- me permito darle unos consejos, para su mejor desenvolvimiento en RD, aunque, como ya habrá comprobado, nunca hay garantías de la ausencia absoluta de ocasionales y pequeños tropiezos, por infalibles que parezca la solidez de socios y contactos.

Sí, ya sé que la gente como usted puede desenvolverse infinitamente mejor que la gente como yo en RD -y casi en cualquier parte- pero de todas maneras, cuatro ojos ven más que dos y para mi es un honor colaborar con cualquiera que se disponga a destapar algunas cañerías y aportar lo que pueda, ayudando a ponerlo cómodo y brindándole todo el apoyo espiritual que necesite, en aras de allanarle el camino en su admirable tarea, que también puede resultar bastante ardua, de desenmascarar a algunos delincuentes, que antes se cobijaban bajo sus alas y ahora pretenden mirarlo por encima del hombro.

No se desaliente usted, si las autoridades, cuando lo alcanzan a ver, salen corriendo en dirección contraria, en vez de salir a su encuentro. Recuerde que en nuestro país, con regularidad, se registra una cierta carencia del más elemental sentido común, pero la perseverancia es la llave del éxito y, en algún momento, tendrán que detener la estampida ante su imprevista -y profiláctica- presencia.

Sea prudente en sus gastos. Según se ha publicado en un editorial del periódico El Caribe, sigue teniendo usted considerables recursos. No lo doy por cierto, porque no consigo imaginarme cómo habrán sobrevivido esos recursos, a los muy justicieros mordiscos de los oficiales de la Dirección de Control de Drogas, que siempre retienen para sí, la mayor parte -o todo- de lo que sea que encuentren en manos de sus acusados, aunque estos hayan sido sus socios.

De todas formas, si ha tenido usted la habilidad de preservar alguna partícula de su patrimonio, no reincida en el error de llevarle más maletines con millones, a algunos hijos -narcotraficantes por méritos propios, ellos también- de ciertos jueces del Tribunal Superior. En vez de ello, insista en entregar personalmente los maletines a los padres y grabe todos los ágapes en los que incurra.

Eleve su estatus. ¿Ha visto cómo algunos lo elevan exhibiendo retratos con El Papa, los artistas, millonarios y presidentes? Haga usted lo mismo. Imite a los que saben, sin complejos y sabiendo que se trata de una relación simbiótica, en la que usted recibe un poco del estatus de los otros y, a su vez, les confiere a esos otros, un poco del estatus suyo, que ahora mismo está en alza, contrario al de ellos. Saque las fotos y vídeos. Recopile los que estén en manos de familiares.

No olvide incluir militares de alto rango (deshágase de las fotos con cabos y guachimanes), obispos, pastores y periodistas,  preferiblemente de los que también son o han sido botellas del gobierno. Enmarque las fotos de todas las personalidades en marcos con pan de oro y expláyelas artísticamente en la sala de donde viva.

No se le ocurra armar desfiles de motoconchos en honor suyo. No permita que el Colegio de Abogados le brinde su apoyo, no le pague con picapollos a nadie que le ofrezca su adherencia y no macutee invitaciones para dar conferencias y/o recibir homenajes en ningún sitio. Todo eso lo hará lucir peor y más culpable.

No se desespere si no tiene liquidez. La fortuna nunca está muy remota para hombres de sus iniciativas.

No le tema a las vigilancias policíacas.  Considere a los “efectivos” fácilmente incorporables a sus nóminas y en el establecimiento de sus remuneraciones, pondere que ya están no solo entrenados como eficientes sicarios, que siempre resultan útiles; sino ideológicamente adoctrinados, para reverenciar el poder y los cuartos.

A todos los que le digan que un delincuente, criminal y narcotraficante no tiene credibilidad, respóndale que si ha cumplido su condena, tiene más credibilidad que cualquier  ex-presidente, delincuente, criminal y narcotraficante, que no ha cumplido ninguna pena y que ni siquiera ha sido llevado a la justicia, lo cual no prueba la inocencia del aludido, sino su impunidad.

No pierda la oportunidad, Don Quirino. Considérese a sí mismo  como un pequeño escollo reivindicativo de nuestra historia, si no es que como un instrumento -tipo martillo- de la justicia divina.

Avíseme si necesita asistencia para organizar archivos de documentos o fílmicas. Estoy a su disposición, gratuitamente.

Le saluda, con la mayor deferencia, su segura servidora,

Sara Pérez

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