El Cuco nos come o fusión en B menor (fusionando y onegeciando, bis)

“El negro dominicano no es negro, lo repito, ni puede serlo, porque para nosotros los negros vienen de Haití y los haitianos vienen del África, y el pueblo dominicano, habitante de este “paraíso racial”, donde la discriminación ni existió, ni existe, ni asomó nunca, el negro nuestro vino del cielo”.   (Franklin Franco en El problema racial dominicano en los textos escolares)

En La isla al revés: Haití y el destino dominicano, Balaguer resucita en 1983 el engendro de Haití –-  ya magnificado por él en 1947 a manera de apología de la matanza de miles de haitianos –como el Cuco que come dominicanos. De hecho, Zaglul apunta que esta explicación del conflicto racial en el lenguaje del “comer” o del “ser comido”, no se puede separar de otra imagen que el autor nos da de la realidad haitiana actual y sus perspectivas futuras. Esa realidad es la hambruna que impulsa progresivamente al haitiano a comernos a los dominicanos. No era posible en 1947, y mucho menos en 1983, seguir sosteniendo que Haití representaba una amenaza militar para los dominicanos, como lo había sido durante gran parte del siglo XIX. Por tanto, a partir de la tesis de Balaguer, el peligro se representa como la absorción genética y cultural de la raza hispano-dominicana por la más prolífica y resistente estirpe del haitiano, o en la expresión sugestiva de ser “tragados, digeridos y asimilados” por el Comegente de nuestro imaginario social. Pero en La isla al revés de 1983,  Balaguer todavía no atribuía intencionalidad política al proceso de absorción biológica, sino que lo describía como  un fenómeno natural basado en la premisa de las diferencias raciales entre los dos pueblos (el crecimiento “vegetativo” de la raza haitiana), que había que urgentemente contrarrestar por cualquier medio.

A pesar de todos los años que gobernó con Trujillo y con el Diablo, Balaguer nunca hizo el más mínimo esfuerzo por encaminar el proyecto (propuesto por primera vez  por él mismo en 1947 en La realidad dominicana) de la Confederación de los dos estados que comparten la isla de Hispaniola, como antídoto a la gradual absorción biológica de los dominicanos por las huestes de la inmigración haitiana. Para Balaguer la Confederación no era una manera de acelerar la temida absorción racial del dominicano por el más numeroso y prolífico haitiano. La Confederación significaba  la erección de un muro político ante lo que él consideraba ese avanzado proceso de conquista genética y cultural iniciado durante la Ocupación Haitiana*, manteniendo cada estado  su  independencia política y soberanía territorial, a cambio de un esquema amplio de cooperación económica, etc.  O quizás fue una bola de humo que lanzó  para despistar y calmar los ánimos de la comunidad internacional, agitada como estaba por el genocidio orquestado por Trujillo en 1937. Pues a pesar de todas las oportunidades que tuvo como mandatario, Balaguer nunca emprendió esfuerzo alguno para hacer realidad un programa de cooperación binacional, y mucho menos un ambicioso proceso de federación de los dos estados para fortalecer la soberanía de ambos.

La fusión es el nuevo fucú

Hay antecedentes inmediatos, poco estudiados y que requieren de más documentación, porque la primera invocación del espectro fusionista (aunque aparentemente en ese momento aún no se utilizaba el vocablo fusión), se remonta a mayo de 1978. Pues según escribiera en un curioso artículo  Emilio Herasme Peña y publicado póstumamente por El Nuevo Diario bajo el título “Acusación a Peña Gómez de que fusionaría a RD con Haití es el origen de la campaña de que este país es racista”:

Debe recordarse que el interés político en desconocer los resultados electorales del 16 de mayo, favorables al Partido Revolucionario Dominicano, se basó en el argumento que el naciente líder de esa organización, José Francisco Peña Gómez, se convertiría en la práctica en el presidente del país, posición desde la cual propiciaría refundir a la República Dominicana con Haití.

Quienes sostenían ese adefesio malintencionado, afirmaban que el candidato presidencial perredeísta en esos comicios, Antonio Guzmán Fernández, se convertiría en un mequetrefe de Peña Gómez, y que éste, por ser hijo de padre haitiano, buscaría que los dominicanos fuésemos gobernados desde Puerto Príncipe.

Es preciso destacar que fue en esa ocasión, en 1978, que por primera vez el tema haitiano fue esgrimido en el país como tema político en ocasión de unas elecciones presidenciales. **

Según el eminente periodista, la acusación para fines electorales de la alegada segura  traición de Peña Gómez por ser veladamente haitiano, es el origen de la maldición de que se nos acuse de racistas y antihaitianos en el escenario internacional. O quizás “fusión” es el nuevo fucú, pues el fantasma de la fusión fue un  instrumento clave para cerrarle al dirigente político negro el paso a la Presidencia de la República Dominicana mientras vida tuviera, y sobre todo en 1996. Y la fusión vuelve y vuelve en momentos críticos de nuestra historia contemporánea, espantando la reconciliación y el verdadero progreso del pueblo dominicano. ¡Zafa!

La reedición en 1983 de La realidad dominicana como La isla al revés evidentemente no fue fortuita. Ya se había esgrimido la “haitianidad velada” en las elecciones de 1978 contra Peña Gómez y el PRD, sin éxito completo porque se había empleado muy a última hora y sotto voce (quizás por eso hay tan pocas referencias en la literatura sobre ese episodio). Además, Peña Gómez no era el candidato a la presidencia en esa ocasión, y pocos creyeron eso de que Antonio Guzmán era un muñequito de papel.  Las elecciones de 1982 vieron por primera vez una candidatura a cargo electivo del Dr. José Francisco Peña Gómez, y en esa contienda el uso de los expresiones  racistas y antihaitianas en la propaganda contra el candidato negro fue tímido, permitiéndole a Peña Gómez alcanzar la sindicatura de la ciudad de Santo Domingo por una sólida mayoría, así como ayudar al candidato del PRD a ganar la presidencia.

Evidentemente una cosa era permitirle ganar la Sindicatura, y otra completamente distinta, la Presidencia de la República. Pasadas las elecciones de 1982, había que remozar la candidatura de Balaguer y preparar el camino hacia el Palacio Nacional en 1986, y ciertamente la publicación de La isla al revés con su antihaitianismo y el Cuco de la amenaza haitiana fue parte de los preparativos, por si el contendiente resultase ser “el  Haitiano”.  Precisamente por resultar ser Jacobo Majluta el candidato del PRD en lugar de Peña Gómez, el tema de la amenaza haitiana entra en receso. En las elecciones de 1990 Peña Gómez tercia por primera vez como candidato a la Presidencia por un PRD debilitado por el desprendimiento de los seguidores de Jacobo Majluta, al formar tienda aparte en su Partido Revolucionario Independiente (PRI).  En esa ocasión, el candidato del PRD no es blanco de fuertes ataques racistas por el PRSC, por figurar desde temprano en las encuestas en un tercer lugar por debajo de Bosch y Balaguer.  Incluso estratégicamente convenía a Balaguer que Peña Gómez le restase votos al PLD, y a consecuencia se hizo innecesario utilizar esa munición que se guardó para la batallas decisivas.

A pesar de que no fue necesario para el proceso electoral, Balaguer  no estaba solo en su campaña ideológica contra la amenaza haitiana. Entre notables refuerzos, el cercano colaborador de antaño, Lic.  Luis Julián Pérez, en su Santo Domingo frente al destino, y el joven catedrático Dr. Manuel Núñez en su obra, El ocaso de la nación, ambos libros publicados por primera vez en 1990, prestaron notable impulso a propagar la especie sobre la pérdida de la dominicanidad ante el embate de la invasión haitiana. Entre otras medidas, el veterano Pérez recomendaba expulsar a todos los inmigrantes haitianos y erigir un muro en la frontera (¿suena familiar?), al tiempo que aprobaba la dominicanización de la zona fronteriza que emprendiera Trujillo, el Corte incluido. También advertía sobre el designio del gobierno estadounidense de unir los dos estados en uno, o incluso anexar la isla entera. Para el anciano colaborador de Trujillo y Balaguer, definitivamente había conspiración en el ambiente. Mientras que el entonces joven académico exponía una visión más integral, y no solo denunciaba la invasión haitiana sino igualmente el éxodo y la consecuente transculturación de los dominicanos en la diáspora. El derrumbe de la nación era el resultado de los dos flujos migratorios (haitianos llegando y dominicanos saliendo) con efectos perniciosos sobre la cultura, la lengua y la conciencia nacional. Pero en 1990 Núñez  aun no denunciaba frontalmente la conjura de fuerzas oscuras, como lo habría de hacer  en retrospectiva  en su laureada reedición expandida de 2001.

El papel del antihaitianismo en los procesos eleccionarios de 1994 y 1996 ha sido ampliamente estudiado tanto por dominicanos como por extranjeros***, demostrando como se acusaba al candidato puntero, Peña Gómez, debido a sus padres haitianos y su supuesto fuerte resentimiento, de tener intenciones de fusionar los dos estados con apoyo de las potencias imperialistas del Norte y los organismos internacionales que controlan.  Las bases ideológicas estaban definidas en las obras ya citadas, y solo faltaba identificar al cabecilla del Caballo de Troya.

El momento desencadenante de la etapa final de todo este proceso en 1996 fue el discurso de Balaguer a los indios de diferentes matices, pronunciado el 2 de junio en el acto de la firma y proclamación del pacto del Frente Patriótico, cuando dijo que “lo que queremos es impedir que el país  caiga en manos que no sean verdaderamente dominicanas.” Esta vez la campaña contra “El Haitiano” sería abierta y sin tapujos. La suerte estaba echada: el Cuco y el fucú pudieron más que la razón y los buenos sentimientos de los votantes, nublando el juicio de los que tenían “la bandera dominicana enarbolada en su corazón”, y creyeron que solo votando contra Peña Gómez podrían “seguir viviendo como dominicanos en territorio dominicano”. ****

La Republica Dominicana era proyectada como víctima de una conjura para despojarla de su hispanismo y soberanía, y solo había que identificar a Peña Gómez como el traidor.  En el siglo XXI, el tildar a alguien de “comunista” ya no espantaba a nadie, pero la acusación de ser veladamente haitiano sí que tenía gran peso en el imaginario social dominicano. Para muestra un botón: el 8 de junio 1996 se publica un artículo de opinión en EL Diario-La Prensa bajo la firma de Disraelí Guillén, Director de Prensa del Consulado General de la República Dominicana en New York, denunciando que intereses internacionales apoyados por los Estados Unidos y  utilizando a las Naciones Unidas–y en concierto con Canadá, Francia e Inglaterra–  procuraban resolver el problema de la pobreza haitiana fusionando Haití y la Republica Dominicana. Y que esos planes para la haitianización del país  se pondrían en marcha tan pronto Peña Gómez ganara las elecciones del 30 de junio.

En reacción a estos hechos el diario The New York Times publica un fuerte editorial el 12 de junio condenando la campaña racista contra Peña Gómez como la más reciente “travesura”  (“mischief”) del muy  mañoso caudillo. Evidentemente ese diario integraba el elenco de los conspiradores contra  los dominicanos y a favor de los haitianos.

En definitiva, Peña Gómez no vino del cielo, pues no era uno de los nuestros. No era “indio” oscuro, sino negro “prieto”, haitiano, africano puro, mañé. Había que cerrarle el paso al Mal, dijo Balaguer, y así se hizo su voluntad el 30 de junio de 1996.*****

*No olvidar que el temido proceso  de absorción racial inició con la Ocupación Haitiana (1822-1844), si no antes. La ironía es que el abuelo materno de Joaquín Balaguer, Alejandro Heureaux, vino desde Haití en esa época y se estableció en Puerto Plata.

Ver el documento de Juan Ventura Almonte  Presencia de ciudadanos ilustres en Puerto Plata en el siglo XIX en la p. 194 sobre los Heureaux: http://clio.academiahistoria.org.do/trabajos/clio180/Clio_2010_No_180-08.pdf

Así como ver  la cápsula genealógica de Edwin Espinal Hernández sobre Balaguer y su supresión del segundo apellido de su madre en prácticamente todas las referencias, pero no así el segundo apellido de su padre, en: http://www.idg.org.do/capsulas/septiembre2006/septiembre200616.htm

**Ver en  http://www.elnuevodiario.com.do/Mobile/article.aspx?id=353890

***Ver Coloring the Nation: Race and Ethnicity in the Dominican Republic (Oxford, 2001) por David Howard,  sobre todo páginas 157-181.

****”El camino malo está cerrado, cerrado definitivamente a la maldad, abierto de par en par al patriotismo dominicano.”

Ver/escuchar  íntegro el discurso, pero sobre todo a partir del minuto 4 en: https://www.youtube.com/watch?v=m9VRqWzosp0

***** Ver editorial 12 de junio  comentando las malas mañas de Balaguer:

http://www.nytimes.com/1996/06/12/opinion/last-act-in-a-dominican-drama.html

Para una breve biografía, no partidaria, de Joaquín Balaguer, ver:

http://www.cidob.org/es/documentacio/biografias_lideres_politicos/america_central_y_caribe/republica_dominicana/joaquin_balaguer_ricardo

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