El Cuco nos come o fusión en B menor (fusionando y onegeciando)

Haitiano

 

Eres Haitiano

eres haitiano por ser negro

eres negro

eso te hace haitiano

no por nacimiento

Por ser negro

Eres negro

Eres haitiano por ser negro

Negro es lo malo

Malo es lo haitiano

Negro es feo

Feo es haitiano

Eres haitiano

Por ser negro eres haitiano.       (Poema de Blas R. Jiménez)

Entre las figuras de nuestra mitología antihaitiana dignas de estudio, ciertamente la “fusión” y las “oenegés” ocupan lugares primordiales. En contraste con el Cuco-Comegente de larga prosapia rural del siglo XVIII, la fusión y las oenegés son de más reciente creación urbana y aún se encuentran en plena evolución, perfilándose sus primeros rasgos definidos en las últimas décadas del siglo XX y las primeras décadas del XXI, respectivamente. Sin embargo, como veremos en este análisis, hay muchos paralelismos en su desarrollo y cómo han sido manipuladas estas criaturas endémicas de la fértil imaginación de los espadachines de la soberanía dominicana para sus revelados designios.

En la primera entrega de esta serie abierta sobre las variadas manifestaciones del Cuco de los dominicanos, trazamos a grandes rasgos la transformación del original Comegente criollo (también designado el “Negro Incógnito” en tempranos relatos), convertido en tiempos de Casimiro N. de Moya en un aventajado alumno de la hechicería haitiana, y posteriormente en el Cuco haitiano “full” de la infancia de muchos dominicanos. En ésta ocasión  postulamos que el fantasma que hoy denominamos “fusión” tiene sus antecedentes en el fenómeno que desde finales del siglo XIX  algunos patriotas de viejo cuño dieron en tildar “la invasión pacífica del territorio dominicano”, y que ya en 1901 Américo Lugo descartaba con pausado equilibrio:

No sé qué haya de cierto en la creencia de que la política haitiana es perpetua favorecedora de la invasión pacífica del territorio dominicano; mas para mí creo que en este punto la política haitiana está tan exenta de propósitos calculados como la nuestra; y que la invasión pacifica es obra exclusiva de la actividad individual de los haitianos, que en menos porción de terreno están levantando una población mucho más numerosa que la nuestra.

No había entonces ni hay hoy tal invasión haitiana. Lo que observamos es muchas personas padeciendo hambre y miseria que vienen motu propio cruzando la frontera- evidentemente desde hace mucho tiempo- procurando salvar el pellejo propio y el de su familia, como el caso del paradigmático protagonista del cuento  Luis Pie de Juan Bosch. A esos infelices que vienen desesperados buscando refugio de la catástrofe del hambre, los acusamos, cual Valentín Quintero, de conspirar contra la nación dominicana. Ellos vienen espontáneamente, sin necesidad ni capacidad para conspirar. No hay motivos ulteriores, ni intenciones nefastas. Los dominicanos tampoco hemos invadido a Puerto Rico. Lo que existe es una migración masiva sin intenciones de agresión de ningún tipo, que es muy diferente a un complot invasor con fines de conquista. Si no emulamos a Américo Lugo y hacemos al menos  un esfuerzo por comprender el fenómeno de la gran ola de migración de Oeste a Este, ¿cómo vamos a detenerla, controlarla y/o mitigar sus efectos?

Durante algo más de un siglo los paladines de la soberanía vienen repitiendo hasta el cansancio lo de la amenaza haitiana, y como hemos visto incluso hablaban de la “invasión pacifica del territorio dominicano” hace más de un siglo.  Esa denuncia, con sus altas y bajas,  no ha cesado nunca; como tampoco hemos detenido ni controlado la inmigración ilegal a pesar del Corte de 1937 y otras reacciones destempladas. Trujillo supo aprovechar ese espectro en momentos críticos (la amenaza externa es siempre un excelente señuelo o espantapájaros), tocando esa tecla a su conveniencia, como en 1939 cuando se dice que el confeso genocida improvisó un discurso en Santiago para explicar sus acciones y hacer una advertencia para el futuro, (pre)diciendo:

Si mis manos se han manchado de sangre, ha sido para salvar de la haitianización del país a la generación de ustedes. Dentro de 50 años, la ocupación pacífica del territorio nacional por parte de Haití significa para ustedes que los haitianos podrán elegir autoridades dominicanas, podrán poner y disponer, podrán mandar a Duarte y los trinitarios al zafacón de la historia y anular para siempre sus ideales y su abnegada lucha, los cuales (ideales y lucha) no tienen ningún sentido para los haitianos.

Jóvenes dominicanos, en esa gente no se puede confiar, cuiden su país y con más ahínco después de mi desaparición del escenario político nacional…*

Ciertamente sus palabras no cayeron en el  vacío, y hoy su espíritu ronda la isla con renovadas fuerzas patrióticas. Setenta y cinco años después del citado discurso del tirano genocida, en 2014, fuimos testigos del absurdo fenómeno de que unas pocas camisetas con las palabras “Tomando Nuestro Territorio” (vistas y fotografiadas en dos puntos del país) fueron explotadas al máximo  por los autoproclamados defensores de nuestra soberanía. Ellos alarmaron a los incautos, incluyendo a varios altos funcionarios y hasta algunos ministros (del Gobierno, no de las iglesias), alegando que las camisetas TNT eran evidencia contundente de la inminente ocupación de territorio dominicano por las hordas haitianas. Vemos la invasión haitiana hasta en la sopa de letras de inocentes camisetas que pertenecen a un diminuto ministerio de jóvenes cristianos metafóricamente reconquistando territorio  ocupado por Satanás, haciendo quedar de hazmerreír  a todos los que alarmaron con esa patraña, pero causando mucho malestar en la sociedad dominicana.

Como heredero de Trujillo, Balaguer superó ampliamente  a su jefe en las artes de la manipulación del tema haitiano con fines políticos. En 1947 Balaguer publica el libro La realidad dominicana: semblanza de un país y un régimen, que si bien en forma y estilo parece una obra de carácter científico-académico, es según The Cambridge History of Latin America (Cambridge, 1990):

…en realidad una apología tendenciosa de Trujillo en el contexto de una interpretación pesimista y en extremo racista de la historia dominicana. Este libro fue escrito como parte de una campaña de propaganda desplegada para justificar la matanza de haitianos de 1937 y explicar la dominicanización de la frontera. El libro pasa revista a gran parte de la ideología del régimen de Trujillo y condensa la visión oficial de los problemas sociales y económicos de la década del 1940. Hubiese permanecido en el olvido de no haber Balaguer reeditado y publicado la obra de nuevo bajo el título de La isla al revés (Santo Domingo, 1985).  [traducción de JTT]

Otra condena académica** más reciente del escaso (si algún) valor científico de la obra en cuanto a su contenido la encontramos en Escrituras de desencuentro en la Republica Dominicana (México, 2005) de Néstor E. Rodríguez:

La interpretación de Balaguer está avalada por copiosas citas eruditas que intentan conferir al texto carácter científico. Con todo, buena parte de las obras en las que el autor basa sus planteamientos carecen de fecha o datan de antes del siglo XX. Por ejemplo, entre los textos más citados en La isla al revés se encuentran Essai sur l’inegalité des races (1853), de J.A. Gobineau y Ensayo sobre el principio de la población (1798) de Thomas Malthus.

Como era costumbre en la Era de Trujillo, de la obra también se hizo al menos una edición en inglés publicada en México, 1949, bajo el título de Dominican Reality: Biographical Sketch of a Country and a Regime, con fines de distribuirla vía nuestro entonces eficiente cuerpo diplomático, confirmando el carácter propagandístico de la publicación.

El argumento de Balaguer es prácticamente una burda caricatura del darwinismo social. En efecto inventa una nueva raza (en momentos en que ya se cuestionaba el concepto de raza), la haitiana-africana, por demás bárbara, degenerada y enfermiza, que por tanto representa un grave peligro para los vecinos hispanos del Este, tan libres de las enfermedades, de la ignorancia y de la pobreza genéticas del negro-haitiano. Para Balaguer y sus acólitos, ni siquiera pronunciar bien la palabra “perejil” es prueba de dominicanidad, pues los haitianos son en su mayoría  “seres tarados por lacras físicas deprimentes”. El haitiano es siempre haitiano, y como tal (negro y pobre) su descendencia nunca podrá superarse y ser dominicana (raza dominico-hispana). Si en 1947 su tesis parecía desfasada y carente de valor científico, cuando la reedita y publica en 1983 como La isla al revés es en términos académicos francamente descabellada. Es racismo sin tapujos, que sin embargo al día de hoy sus seguidores alaban sin vergüenza como “un enjundioso estudio de la realidad dominicana” y “el más importante análisis sociológico sobre la dicotomía social que prevalece en la isla de Santo Domingo”, y sobre ese adefesio intelectual despliegan su antihaitianismo desenfrenado.

Con la publicación de La isla al revés en 1983, el Balaguer ya resentido por la conspiración en su contra al escamotearle su fraude en las elecciones de 1978 con fuerte apoyo de la comunidad internacional, prepara el camino para el espectro de la “fusión”.  Fusión es como preferentemente apodan los abanderados del antihaitianismo del siglo XXI  la inmigración haitiana, con el alegato de que ya no es (solo) el designio oficial haitiano, sino una conjura de las potencias occidentales, sobre todo Estados Unidos de América, Francia y Canadá. Mientras en otras latitudes fusión es la mezcla positiva de elementos dispares como en la cocina y la música, gracias a Balaguer y sus acólitos, en el léxico de  la nación al revés (donde al inmigrante indocumentado  lo sentenciamos “en tránsito” y al antihaitianismo llamamos patriotismo), fusión es en su primera acepción como dominicanismo: “el plan macabro de la conjunción de potencias mundiales con el Cuco haitiano de nuestros antepasados para hacer desaparecer la raza hispana criolla, sus creencias e instituciones.”

*Francamente no discierno si estas palabras transcriben fielmente lo pronunciado por Trujillo en esa ocasión, pero el enunciado suena verosímil en vista del carácter y otras actuaciones documentadas del tirano, y por eso me he atrevido a citarlas. Aclaro en vista de la fuente y que no he podido corroborar la autenticidad por medios independientes: ver http://z101digital.com/app/article.aspx?id=104917

**Carlos Dore Cabral fue quizás el primer académico en emitir su valoración negativa (“un libro del pasado”) en 1985. Para profundizar sobre el pensamiento antihaitiano de Balaguer en La isla al revés recomendamos la lectura integra del artículo titulado Una identificación nacional <<defensiva>>: El antihaitianismo de Joaquín Balaguer. Una lectura de La isla al revés de Jesús M. Zaglul que pueden bajar  y encontrar a partir de la página 407 del documento en el enlace:  http://www.agn.gov.do/sites/default/files/publicaciones/volumen_94_0.pdf

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