Razones válidas para discriminar

Algunos dominicanos (ciertamente un número indeterminado pero que incluye algunos de considerable incidencia política) entienden que tenemos razones válidas para discriminar a los descendientes de nuestros vecinos que nacen y se crían entre nosotros. Con ese propósito abogaron por la modificación a la tradicional atribución de la nacionalidad por el ius soli abierto en la Constitución de 2010, y lograron efectivamente discriminar a los descendientes de haitianos al excluir a los hijos de inmigrantes sin permiso de residencia oficial como una tercera exclusión. Conquistado ese objetivo pero insatisfechos con ese logro, los más agresivos propiciaron hacer la exclusión retroactiva a 1929, viendo coronado sus esfuerzos con la Sentencia TC 168/13. Así lo han admitido con toda franqueza al rechazar el fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que ordena al Estado dominicano desistir de la práctica discriminatoria de negar la nacionalidad a los hijos de haitianos nacidos y criados en República Dominicana.

Según alegan varios de sus principales  ideólogos, los dominicanos no hemos sabido argumentar bien la validez de nuestra práctica discriminatoria basada en nuestra soberanía en los foros internacionales, y ése es el origen de la incomprensión de muchos de los que adversan esa discriminación. Aducen que esta falta la podemos subsanar con mejores esfuerzos diplomáticos.  Les deseo buena suerte a nuestros embajadores en su misión, pues tendrán que esquivar una serie de cuestionamientos de rigor si no se preparan bien. Por eso ésta mi modesta contribución a ese ejercicio para hacer posible y exitosa su alta misión diplomática.

Aceptado que queremos discriminar a las personas de ascendencia haitiana con quienes convivimos, negándoles la nacionalidad y la ciudadanía porque tenemos razones de mucho peso dictadas por nuestra insularidad compartida, presión demográfica sobre nuestro territorio, escasez de recursos, diferencias culturales, etc.:

¿Pretendemos que permanezcan toda su vida y mueran en el país en condición de extranjeros?

¿Haremos cementerios separados para los “haitianos” que nacen, se educan  y viven toda su vida entre nosotros?

¿Y además que se vean compelidos a procrear con pareja dominicana so pena de legar su condición de extranjero en su propia tierra  a su descendencia ad aeternam?

O quizás el próximo paso sea desterrarlos a ellos y sus hijos, pues no podemos hablar de repatriarlos ya que no vinieron de Haití porque nacieron aquí (en R.D.). ¿Los desterraremos solo si cometen un crimen (¿antes o después de pasarle juicio y/o cumplir condena?), o si pierden su empleo, o lo haremos aleatoriamente, o masivamente?*

Y si en un futuro ordenamos que salgan de su República Dominicana y se resisten, ¿qué haremos entonces?

En fin, ¿cuál es el propósito de discriminar a parte de la población que no tenemos cómo distinguir de otros que sí aceptamos como dominicanos? (salvo que hurguemos en sus datos genealógicos)

Guardando la enorme distancia, recordemos que razones tenía Alemania cuando empezó a discriminar a alemanes de muchas generaciones porque algunos profesaban una exótica religión que no era la mayoritaria y tenían costumbres que no eran cristianas. Otros habían usurpado posiciones de prestigio en la sociedad desplazando a los verdaderos alemanes, al tiempo que muchos conservaban un extraño dialecto que no compartían todos los del  Tercer Reich. Al inicio la campaña se limitaba a identificarlos con la Estrella de David en sus documentos (¿por qué  se quejaban, si debían estar orgullosos de exhibirla?), luego en su ropa y sus hogares y negocios (pues no había forma de saber si el que venía caminando por la calle era o no era “ario”, sin hurgar en los archivos genealógicos a menos que el nombre y apellido lo delataran); luego procedieron a expulsarlos o a hacerles la vida tan difícil que huían por su cuenta; y finalmente la solución definitiva. Cada etapa tenía su justificación, y contaban con sólidos expositores de las razones válidas para discriminar de esa manera.  Hoy sabemos cómo terminó ese experimento en discriminación por el origen (en muchos casos muy remotos) de los antepasados de alemanes que eran ciudadanos valiosos por sus conocimientos y aportes a la economía, la política y la cultura de esa nación, y la vergüenza que hasta el día de hoy siente la inmensa mayoría del pueblo alemán por ese reciente episodio de su historia. Y hasta nosotros mismos que ni estábamos vivos ni cerca, sentimos vergüenza ajena por esa aberración del comportamiento humano y cómo el resto de la humanidad tranquilamente respetaba la soberanía alemana. Y no estoy sugiriendo que el nuestro tenga alguna semejanza con ese drama humano pues conozco a mi gente; pero explíquenle eso a mis anfitriones irlandeses que no entienden que los dominicanos jamás tendremos un Hitler haciéndose de las riendas del poder en Quisqueya, pues esa no es nuestra naturaleza y hemos quemado esa etapa. Esa es la tarea que tienen nuestros diplomáticos por delante, por lo menos en Dublín, y con gusto cuenten con mi apoyo para explicar las razones que tenemos para discriminar.

Para no cansar, visto desde la distancia y el sazón de este buen whisky (se me acabó el ron criollo) y  antes de que se me nuble la visión, sugiero a los ideólogos de la discriminación contra los descendientes de haitianos basado en nuestra inviolable soberanía que previo  a salir por el mundo a defendernos, aclaremos bien cuál es el propósito para querer discriminar a un segmento de la población que nace, se educa, trabaja y muere entre nosotros, no vaya a ser que nuestros enemigos empiecen a decir que es para explotarlos económicamente; o para expulsarlos; o para que no tengan derecho al voto; o alguna otra sandez de esas que se inventan con tanta imaginación y saña.

*¿Quizás nos sirva para salir de los indigentes y así de golpe y porrazo limpiar nuestras contaminadas calles y favelas?

Jhonatan Veloce

Dublín, 14 de diciembre 2014

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