Si no hay comida…

“Si no hay comida cuando se tiene hambre, si no hay medicamentos cuando se está enfermo, si hay ignorancia y no se respeta los derechos elementales de las personas, la democracia es una cáscara vacía aunque los ciudadanos voten y tengan Parlamento”. Nelson Mandela

El pueblo dominicano accedió a la democracia con tropiezos y luchas que cobraron muchas vidas. A raíz de estas luchas la inmensa mayoría del pueblo dominicano se ha aferrado a esta gran conquista. Sin embargo, muchos se hacen gárgaras con el concepto de democracia sin entender el tramado y sus implicaciones reales, sin que se haya asentado una verdadera cultura democrática, cultura que solo crece con el pan de la educación, por ósmosis y a través del reclamo permanente de que la democracia se haga efectiva.

Sin esa levadura, sin creación de ciudadanía, la democracia tarde o temprano se vuelve contra sí misma, se convierte en demagogia y acaba por desembocar en una suerte de dictadura.

El irrespeto de la ley impide que la institucionalidad democrática funcione a cabalidad. Por ejemplo, cuando una fiscal declara que existe en el país un absoluto clima de impunidad para la corrupción. Desde el momento que las grandes mayorías captan que las leyes no garantizan la justicia, sino que muchas de ellas  favorecen a determinadas minorías, que detrás de las bambalinas se enriquece a los gobernantes o a los privilegiados, se crean  sospechas hacia las leyes y un descrédito que permite transgredirlas con mucha facilidad.

Por ósmosis, estamos “creando salvajismo” como lo titulaba un matutino: matar en la cama de un hospital, atacar a pedradas un fiscal anti-ruido en San Luis, son actos eminentemente condenables. Sin embargo, lo son igualmente las innumerables ejecuciones extrajudiciales contra supuestos delincuentes y sicarios, apoyadas por una parte de la población y sufridas por otra, perpetradas desde el Estado. Con la diferencia que en una democracia el Estado es garante de las libertades individuales y de los derechos humanos. En la democracia dominicana eso no sucede y, por el contrario, se deja impune a los atracadores del erario público.

No se puede hablar de democracia cuando el escaso desarrollo escolar y social impide a los jóvenes cumplir con los requerimientos necesarios para realizar las tareas más sencillas y que no pueden acceder a  un consumismo erigido en dios, al cual se accede de la manera más rápida endorsando el traje de un político arriesgando mucho menos en su quehacer que un traficante.

Cuando se gobierna con demagogia como lo ha hecho la gran mayoría de nuestros gobernantes de la era democrática se llega a incongruencias como la de reivindicar un aumento de salario generalizado desde el mismo Estado. ¿Acaso no es el Estado, el mayor empleador del país quien, con su nómina abultada, mantiene una multitud de servidores que ganan 5,400 pesos mensuales después de más de 10 años de servicios y que les da por otro lado a muchos del ellos la bendición de acceder a los beneficios de la tarjeta Solidaridad, alimentando aún más el asistencialismo y clientelismo que estrangulan la democracia? Se les quita de una mano el derecho a un salario mínimo decente y se les da en la otra un subsidio que ata y no dignifica la persona.

Que más fragilidad democrática que lo sucedido con Loma Miranda. Nuestros  legisladores del PLD que se supone han, durante dos años, ponderado y estudiado a cabalidad con comisiones e informes sustentados, los pormenores de la propuesta,  paren finalmente una ley aprobada casi a unanimidad y se ven vetados por el presidente  que les acusa prácticamente de analfabetismo legislativo.

Por demás, asistimos a un curioso modo de gobernar, a una mezcla de apuestas, orientadas por un cierto laissez-faire, con la meta consciente o inconsciente de aparecer al final de la jornada como el hombre providencial. Se está así a favor del humanismo en el debate sobre la nacionalidad,  y no se está ni por el capitalismo salvaje ni por el ambientalismo fundamentalista en el caso de Loma Miranda…. Se es así el hombre de la situación, el hombre providencial que da la salida a un desequilibrio hábilmente preparado. ¿Qué les parece?

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