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En 1965 Singapur fue expulsada de la Federación Malaya a unanimidad por el Parlamento con votación de 126-0, lo que fuera anunciado con lágrimas en los ojos por Lee Kuan Yew, su “Padre de la Patria”. Expresando el sentir de sus compatriotas dijo en esa ocasión: “Para mí, éste es un momento de angustia. Toda mi vida, mi vida adulta, he creído en la fusión y unidad de ambos territorios”. Debe ser de los pocos países forzado a independizarse contra su voluntad. Pocos creyeron en su viabilidad como nación independiente debido a su poca extensión territorial, sus escasos recursos materiales, y  la gran diversidad de etnias y culturas de su población, entre otros factores adversos.

Hoy en un territorio insular que consiste en 716 km2 tiene una población de casi cinco millones y medio de habitantes, que equivale a la Republica Dominicana tener unos 350 millones. Su PIB es varias veces el de nuestro país que tiene casi el doble de pobladores, siendo su ingreso per cápita más de cinco veces el nuestro. El éxito económico de esta diminuta nación cincuenta años después de su involuntaria independencia es incontestable, sin importar el parámetro de medición que queramos utilizar. Su éxito es la conjugación de muchos factores, que no pretendemos explicar hoy, sino concentrarnos en un aspecto clave de su política educativa que ha incidido muy positivamente en su desarrollo económico y social.

Singapur adoptó una política de multilingüismo declarando cuatro idiomas oficiales: ingles, malayo, mandarín, y tamil. Poco después en 1966 hizo una atrevida apuesta al futuro cuando concibió una política de bilingüismo escolar, haciendo obligatorio para todos los alumnos  el estudio de dos idiomas: inglés como primera lengua de enseñanza y la lengua materna de su etnia, que incluye otros idiomas además de los oficiales. Solo podemos imaginar lo difícil que debió ser esa decisión, este sacrificio del presente a favor del futuro. Hoy todos manejan la lingua franca global con la misma destreza que los ingleses, estadounidenses y australianos, y que la propia lengua de sus ancestros.

El buen manejo del inglés ha contribuido significativamente a convertir a Singapur en un centro mundial del comercio, la banca, el transporte marítimo y aéreo, y la alta tecnología, entre otros renglones del quehacer productivo. Es uno de los cinco centros financieros más grandes del mundo. Igual sus instalaciones portuarias y su capacidad de refinación de petróleo son punteros. Su línea aérea Singapore Airlines es de las más profesionales y mejor valoradas del mundo, también su aeropuerto internacional. Está en vías de consolidarse como una potencia en los servicios educativos y la investigación científica y tecnológica, contando con instituciones terciarias de clase mundial tanto nacionales como extranjeras.

Nuestra situación no es igual a la de Singapur en 1965. Tenemos un terreno fértil para la agricultura, recursos hídricos, mineros y forestales que pueden ser explotados de manera sostenible con tecnologías apropiadas. La naturaleza ha sido pródiga con nosotros; tenemos playas y montañas que son la envidia del mundo. Somos un pueblo forjado de la mezcla de razas y culturas, pero unidos por una sola lengua materna, y sin fuertes conflictos religiosos.

A sabiendas de que no es viable políticamente, no vamos a ser drásticos y sugerir que declaremos el inglés idioma oficial y hagamos este idioma primario para la instrucción en todas las instituciones educativas del país.

Sin embargo, entendemos que es tiempo de pensar en hacer el bilingüismo un derecho de todos los dominicanos, y no solo de los que pueden pagar un colegio bilingüe o estudian fuera de la Republica Dominicana porque sus familias tienen los medios económicos para sufragar los altos costos que esto conlleva. Pues el dominio del inglés es prácticamente una profesión en nuestro medio, posibilitando el ingreso rápido a trabajo estable en la economía formal con condiciones laborales superiores al resto de la población.

De hecho el porcentaje de jóvenes dominicanos que hablan inglés crece rápidamente debido a nuestra Diáspora, solo que la gran mayoría no reside en la isla sino en “los países”, y en su mayoría son dominicanos por ius sanguinis no porque nacieran en nuestro territorio. Muchos de estos podrían quizás interesarse en pasar una temporada como instructores de inglés en la tierra de sus padres y así también perfeccionar su segunda lengua, el español.

En subsiguientes entregas propondremos algunas ideas sobre cómo podríamos aspirar a ser un país bilingüe en pocas generaciones. Como meta ambiciosa pero deseable podríamos aspirar a que todos los jóvenes que cumplan 16 años en 2030 dominen tanto el inglés como el español.

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