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Kinderstube

Kinderstube es una palabra alemana que viene de niño, y habitación.  En esencia significa “educación completa aprendida de casa”.

Es un concepto en el que, en filigrana, se expresa la  noción sutil del saber actuar con elegancia frente a las situaciones que se presentan en la vida. Es algo que no se compra en botica. Quizás pueda ser considerado un criterio un tanto retrógrado, en vía de desaparición de modo global, pero con acelerada degeneración en todos los estratos sociales de la República Dominicana y,  de manera particular, en nuestra dirigencia política, en caso que se les hubiese inculcado a algunos de sus integrantes.

Si bien en su origen el término se refería a un modelo alemán de educación elitista de un grupo aristocrático y luego burgués que reunía todos los poderes y deseaba que sus subordinados tuvieran modales compatibles con los suyos, no se ha encontrado hasta ahora muchos sucedáneos a la  casa para inculcar principios, conductas y estructuras mentales, que hacen de la kinderstube algo que uno lleva para siempre en la mochila que desde niño cada uno de nosotros carga toda la vida.

La cereza sobre el  pastel  la pone un artículo reciente del ex presidente Leonel Fernández, que como toda la serie que ha últimamente  publicado en el Listín Diario, no parece ser de la autoría  de una mente tan preparada y brillante. Por su condición de líder, tres veces presidente, orador en los más altos foros mundiales,  sus palabras son de oro y trazan pautas de futuro para la nación. Sin embargo, sus argumentaciones a pesar de estar colmadas de citas que demuestran conocimientos académicos, no dejan de ser a veces sorprendentemente reduccionistas y muy clichés en temas de suma relevancia.

Un ex presidente y posible futuro candidato que hace la alegoría del descaro del poder con una tan gran falta de elegancia demuestra que la  kinderstube no se adquiere de manera espontánea. Por un lado, reformula el esquema de Lasswell, al decir que “el poder se traduce en la siguiente fórmula: Quién da Qué, a Quién, por Qué Medios, con Qué Efecto“; y por el otro, su anécdota sobre un funcionario balaguerista lejos de ser chistosa o aleccionadora, si ésa era la intención, es de un gusto más que dudoso. Todo eso, para justificar pobremente el clientelismo como práctica política y de gobierno.

El artículo deja suponer también que la ex pareja presidencial no parece tener sus violines bien acordados. Antes como primera dama y ahora como vicepresidenta, doña Margarita ha asumido como tarea principal inculcar valores desarrollando costosas campañas. ¿Pero cómo podría la sociedad acercarse a esos valores si se la bombardea con mensajes contradictorios de parte de líderes que  pregonan el clientelismo y la corrupción como elementos  fundamentales del poder?

No menos  preocupante es saber que la valoración del presidente Medina casi dos años después de las elecciones se mantiene muy alta por los bajos estándares que sufrimos en materia de corrupción, violencia, seguridad, salud, empleo, educación y medio ambiente. Es la misma falta de un juicio idóneo lo que convierte la imagen exterior del individuo, el simulacro y la apariencia en lo más importante, gracias a una comunicación exitosa de la que han manifestado querer aprender los gobernantes haitianos.

A pesar de las diferencias que se quiere vender, existe un acuerdo profundo en el binomio Leonel-Danilo en cuanto a la necesidad de mantener incólumes los fundamentos clientelistas de la pirámide del poder político en la República Dominicana.  La diferenciación que cada uno  quiere hacer del otro no es más que un esfuerzo para distanciarse de su doble, a sabiendas de que tendrán que mantenerse unidos para salvar la fábrica de presidentes que se pretende conservar funcionando hasta 2044.

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