Flechas

Por un voluntariado transformador

Hay miles de formas de asumir el trabajo voluntario y de ayudar al próximo. Cada uno  en su íntima conciencia, desde el ámbito laico o religioso,  escoge la labor que mas encaja  con su personalidad, sus capacidades, su estilo de vida.

Unos se inclinan hacia la recaudación de fondos o de bienes materiales necesarios; hacen maravillas organizando eventos, haciendo promoción; otros prefieren trabajar en contacto directo con la gente, unos con niños, otros con ancianos, terceros con enfermos, en educación, salud, asistencia social, medio ambiente, lucha contra toda forma de discriminaciones, en fin en un sin número de actividades y en cualquier lugar donde se les necesite.

Algunas personas lo hacen a la luz pública, otros tantos lo hacen en silencio como hormiguitas incansables. Es gracias a todas estas buenas voluntades, a estas energías  y a esta solidaridad que se aportan granitos de arena para aliviar la carga de los más desfavorecidos y suplir algunas deficiencias de nuestro sistema político y social.

Después de diez años trabajando a diario como voluntaria en Villas Agrícolas, un barrio que está lejos de ser el barrio más desfavorecido de la geografía del Distrito Nacional,  mi visión del país, del mundo, de la vida, al igual que las visiones de mis compañeras en esta aventura, ha cambiado notablemente.

Nunca me acostumbraré a la desigualdad frente a la muerte que impera en nuestro país. El pobre muere más joven, más brutalmente, con más sufrimiento que el hombre cuya única suerte ha sido de venir al mundo del otro lado de la barrera y ve por esta razón  algunos de sus derechos fundamentales pisoteados.

Muerte por violencia, muerte por falta de recursos económicos, por falta de educación, son muertes indignantes en el siglo XXI a diez minutos del Polígono Central. “Fulano se murió”, es lo que se oye a menudo. El tal fulano que hemos visto frente a su casa, o con quien compartimos tres días antes. Perencejo, tuvo un accidente de motor, no llevaba casco. Mengano,  le pegaron un tiro porque quería salir de una pandilla, o por celos. Sutano fue internado en el hospital y sucumbió…llego demasiado tarde. El fulanito, de tres años, se murió de una malformación cardiaca, su madre menor de edad no podía hacerle frente a la enfermedad; y la lista es larga. A esto se agrega que a los mal nutridos, los anémicos, flacos o gordos… todo se les pega con más facilidad e intensidad.

Por la  falta de educación y la falta de controles hay guarderías de barrios que no responden al más mínimo criterio de higiene, donde perros y niños andan reburujados, donde cólera, dengue y leptospirosis tienen campo libre y sin embargo, cumplen una función social ya que permiten a los padres de salir a buscar los cheles de la comida.

Lo más increíble es que lo que nos estremece, nos choca, para  la gente del barrio  muchas veces son cosas como naturales. El pueblo vive sumergido en la violencia: violencia verbal, intrafamiliar, auditiva, delictiva; en la violencia de la pobreza.

Desde su más tierna edad los niños y niñas ven a la muerte de frente al igual que toda la crudeza de la vida. Ellos saben lo que hay que hacer o no hacer durante un tiroteo y lo narran con una naturalidad  escalofriante: “en la Nicolás de Ovando, hubo un tiroteo y me pasaron la balas por arriba y me tire a la cuneta”, relata un muy joven héroe. “A mí la bala me entró aquí dice al profesor de gimnasia, enseñando su herida, una niña de ojos profundos”. “Mi hija no fue a pasar sus exámenes en CENAPEC, cuenta el padre aturdido de una joven beneficiaria de un programa contra la deserción escolar; quedó herida de mala manera; está  grave y deprimida ya que su hermana se murió en el mismo tiroteo en la avenida de los Mártires”. Qué decir de un pequeño adulto hiperactivo de solo tres años que vio su padre acribillado en su presencia en una pieza de nueve metros cuadrados.

La acción voluntaria  dentro de este marco no radica tanto en la acción individual sino en la acción de un grupo de personas que trabajan en la dirección de desarrollar redes de solidaridad efectivas. El voluntariado no es asistencialista, ni benéfico, ni paternalista. El voluntariado nos transforma cierto pero también debe ser transformador y buscar la equidad social.

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