EEUU

Alfredo Núñez Fernández - 23 de junio de 2012 - 4:07 pm - Deja un comentario

Estados Unidos, epicentro de la crisis que está afectando a las principales potencias financieras desde finales de 2007, vuelve otra vez a las principales planas de periódicos de todo el mundo con un nuevo plan para reanimar la primera locomotora económica.

Luego de agotar diferentes herramientas monetarias para hacer frente a la crisis, como son la reducción del tipo de interés para reanimar la inversión, así como el enfoque keynesiano de inyectar miles de millones de dólares a la economía con pocos efectos surtidos, han decidido seguir intentando artimañas para mantener la economía operativa.

En esta ocasión se refiere a una operación llamada Twist, que se relaciona con el canje de 267.000 millones de dólares en deuda para estimular la economía; en detalle se trata de cambiar deuda inferior a tres años por deuda a treinta años, con la intención de mantener bajo los tipos de interés y con ello mantener a raya la inflación.

Las malas proyecciones siguen tiñendo de negro las perspectivas del organismo emisor. La Reserva Federal bajó su estimación de crecimiento del 2.4% al 1.9% para este año; así como aumentó la estimación de desempleo del 7.8% al 8.2%. Signos claros de que la economía aún no se ha recuperado, aunque comparándose con muchos países europeos, han podido sortear de manera aceptable la crisis.

Del otro lado del atlántico la situación va de mal en peor. En Europa ante la imposibilidad de darle rienda suelta a la maquinita de hacer dinero, las economías están limitadas en el alcance de su política monetaria, donde otrora podían hacer una fuerte devaluación que tirara de las exportaciones para mejorar los indicadores económicos. En esta ocasión dependen de la ayuda de la Unión Europea y el Banco Central Europeo.

El viejo continente se enfrenta a la profundización de la recesión y el salvamento bancario en España, la posible salida de Grecia del Euro en 2013, la reestructuración de la deuda portuguesa y el posible rescate de la deuda ibérica; llevando al traste toda posibilidad de recuperación en el corto plazo.

La situación es apremiante. La desconfianza imperante en los mercados no permite que se aviste una luz al final del túnel.  Tanto Europa como Estados Unidos han aprendido a las malas lo que República Dominicana aprendió hace ochos años: la confianza es esencial para la estabilidad de precios, creación de empleo y bajos tipos de interés.

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