Introducción

No es gratuito que hayamos escogido de uno de los más exquisitos poetas populares de todos los tiempos: de Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1970), de su Rima IV: que comienza con los siguientes versos: No digáis que agotado su tesoro,/ de asuntos falta, enmudeció la lira./ Podrá no haber poetas, pero siempre  /habrá poesía. Que concluye de un modo tan hermoso y romántico (vivió y murió durante el siglo de ese movimiento que llegó en nuestra lengua con él precisamente, a su más alto nivel:, concluyendo con estos repetibles y repetidos versos: Mientras haya unos ojos que reflejen / los ojos que los miran, / mientras responda el labio suspirando / al labio que suspira, / mientras sentirse puedan en un beso / dos almas confundidas, / mientras exista una mujer hermosa, / ¡habrá poesía!

El romanticismo como movimiento poético desapareció con el modernismo y las vanguardias, pero nada desaparece en el mundo de las artes. Parafraseando al poeta citado podemos decir: Mientras alguien se enamore: Habrá poesía y habrá romance.

No importa que admiremos, como admiramos, a los poetas modernos y estemos conscientes de que los tiempos de las serenatas pasaron a la historia, por lo menos en las ciudades. Ahora hay tantas y tan sutiles maneras de comunicarnos, de enviar señales a la persona por quien estemos apasionados que la poesía lacrimosa nos parece ridícula y pasada de moda como las más viejas canciones, sin embargo cuando escuchamos las  de María Grever (Júrame, Te quiero dijiste o Alma mía) o de Consuelo Velásquez (Bésame mucho, Franqueza o Verdad amarga) para citar tres hits de esas dos féminas inolvidables o cualquier bolero que exprese nuestros sentimientos más recónditos, no solo de amor pasional, también de protesta política o de sentimentalismos como cuando el tema son las madres, poniendo como ejemplo.

Es indudable que las relaciones entre las parejas de hoy no guardan mucho parecido a la que vivimos, disfrutamos y padecimos en nuestra juventud. Eso de estar enamorados haciendo yuca en una esquina o enviando papelitos con amigos o amigas o llevando serenatas esperando que las letras de las canciones ajenas fueran aceptadas por la otra parte, parecería ridículo a quienes pueden ¡ay! ¡dichosos ellos! no solo tener amores consentidos sino permitirles que duerman juntos y empiecen a conjugar el verbo amar en presente indicativo. Sin embargo, algo está faltando o sobrando.

Las noticias de acciones de hecho, no de palabras poéticas o cantadas, de heridas mortales, de golpes provocados a veces por los celos o quién sabe por qué, el caso es que ocurren con más frecuencia que en nuestros tiempos y podríamos entender que para llegar al crimen por pasión del orden que fuese, ahora sin distingos de sexos, nos indican dos cosas: O hay una corrupción tremenda en las almas, o no se ha dejado de amar. Sin embargo las letras y las cosas que oye la juventud sobre todo en los barrios y en los pueblos y campos donde ocurren con más frecuencia estos acontecimientos delictuales no los elevan, no los sacan de ese territorio del crimen y es que a lo mejor nunca en su vida oyeron un hermoso poema que les llegara hondo y los salvara de la desesperación.

Los boleros, las rancheras, hasta los ritmos bailables tenían letras que eran inspiradas y que inspiraban a los que la escuchaban y a los que las escuchan hoy; esos cantantes famosos, lo son por las canciones hermosas que interpretan.

De modo que pensando que hemos educado de mal modo el gusto de nuestra gente joven, estos sean los resultados. y hemos pensado, siguiendo a Bécquer, que después de todo aquellos poemas que se recitaban en las escuelas, en las casas de familia, en los actos públicos y en las románticas serenatas, que las muchachas guardaban en álbumes y en sus cuadernos crearon mejores ciudadanos y le inspiraron otros sentimientos, hemos decidido rescatar del olvido y ponerlos en las manos de las generaciones nuestras que los disfrutaremos el doble, y en las de las presentes y futuras generaciones para afinarles el oído y los sentimientos, de modo que enriquezcan su vocabulario y entiendan que aún con las facilidades sexuales de la época, el amor es el sentimiento más hermosa y profundo que albergamos los hombres, este florilegio lírico con la esperanza de que los ilumine y los haga mejores ciudadanos y mejores amantes.

A nuestros contemporáneos y a los más jóvenes que nosotros quizás los títulos de algunos de los poemas o los nombres de algunos de los poetas deben recordarles muchas cosas. En esta primera entrega ofrecemos un material verdaderamente romántico en la forma y en el fondo, y baste con que observen el índice y comiencen a disfrutar sabiendo que siempre habrá poesía.


El brindis del bohemio

Guillermo Aguirre y Fierro (mexicano 1887 – 1949)

En torno de una mesa de cantina,
una noche de invierno.
Regocijadamente departían
seis alegres bohemios.

Los ecos de sus risas escapaban
y de aquel barrio quieto
iban a interrumpir el impotente
y profundo silencio.

El humo de olorosos cigarrillos
en espirales se eleva al cielo,
simbolizando al resolverse en nada,
la vida de los sueños.

Pero en todos los labios había risas,
inspiración en todos los cerebros,
y repartidas en la mesa, copas
pletóricas de ron, whisky o ajenjo.

Era curioso ver aquel conjunto,
aquel grupo bohemio,
del que brotaba la palabra chusca,
la que vierte veneno,
lo mismo qué, melosa y delicada,
la música de un verso.

A cada nueva libación, las penas
hallábanse mas lejos
del grupo, y nueva inspiración llegaba
a todos los cerebros,
con el idilio roto que venía
en alas del recuerdo.

Olvidaba decir que aquella noche,
aquel grupo bohemio
celebraba entre risas, libaciones,
chascarillos y versos,
la agonía de un año que amarguras
dejó en todos lo pechos.
y la llegada, consecuencia lógica,
del “feliz año nuevo”…
una voz varonil dijo de pronto:

–Las doce, compañeros;
Digamos el “requiescat” por el año
que ha pasado a formar entre los muertos.
¡Brindemos por el año que comienza!
porque nos traiga ensueños;
porque no sea su equipaje un cúmulo
de amargos desconsuelos…

–Brindo dijo otra voz, por la esperanza
que a la vida nos lanza,
de vencer los rigores del destino,
por la esperanza, nuestra dulce amiga,
que las penas mitiga
y convierte en vergel nuestra camino.

Brindo porque ya hubiese a mi existencia
puesto fin con violencia
esgrimiendo en mi frente mi venganza;
si en mi cielo de tul, limpio y divino
no alumbrara mi sino
una pálida estrella: Mi esperanza.

–¡Bravo! dijeron todos, inspirado
esta noche has estado
y hablaste bueno, breve y substancioso.
El turno es de Raúl; alce su copa
y brinde por… Europa,
ya que su extranjerismo es delicioso…

–Bebo y brindo, clamo el interpelado;
brindo por mi pasado,
que fue de luz, de amor y de alegría
y en el que hubo mujeres tentadoras
y frentes soñadoras
que se juntaron con la frente mía…

Brindo por el ayer que en la amargura
que hoy cubre de negrura
mi corazón, esparza sus consuelos
trayendo hasta mi mente las dulzuras
de goces, de ternura,
de amores, de delicias, de desvelos,

-yo brindo, dijo Juan, porque en mi mente
brote un torrente
de inspiración divina y seductora,
porque vibre en las cuerdas de mi lira
el verso que suspira,
que sonríe, que canta y que enamora.

Brindo porque mis versos cual saetas
lleguen hasta las grietas
formadas de metal y granito,
del corazón de la mujer ingrata
que a desdenes me mata…
¡Pero que tiene un cuerpo muy bonito!

Porque a su corazón llegue mi canto,
porque enjuguen mi llanto
sus manos que me causan embelesos;
porque con creces mi pasión me pague…
¡vamos!, porque me embriague
con el divino néctar de sus besos.

Siguió la tempestad de frases vanas,
toscas y tan humanas
que hallan en todas partes acomodo,
y en cada frase de entusiasmo ardiente,
hubo ovación creciente,
y libaciones, y reír, y todo.

Se brindo por la Patria, por las flores
por los castos amores
que hacen un valladar de una ventana,
y por esas pasiones voluptuosas
que el fango del placer llenan de rosas
y hacen de la mujer la cortesana.

Sólo faltaba un brindis, el de Arturo,
el del bohemio puro
de noble corazón y gran cabeza;
aquel que sin ambages declaraba
que solo ambicionaba
robarle inspiración a la tristeza,

Por todos estrechado, alzo la copa
frente a la alegre tropa
desbordante de risa y de contento;
los envolvió en la luz de una mirada,
sacudió su melena alborotada
y dijo así, con inspirado acento:

-Brindo por la mujer, mas no por esa
en la que halláis consuelo en la tristeza,
rescoldo del placer ¡desventurados!;
no por esa que os brinda sus hechizos
cuando besáis sus rizos
artificisosamente perfumados.

Yo no brindo por ella, compañeros,
siento por esta vez no complaceros,
Brindo por la mujer, pero por una,
por la que me brindó sus embelesos
y me envolvió en sus besos:
por la mujer que me meció en la cuna.

Por la mujer que me enseñó de niño
lo que vale el cariño
exquisito, profundo y verdadero;
por la mujer que me arrulló en su brazos
y que me dio en pedazos
uno por uno, el corazón entero.

¡Por mi Madre! bohemios, por la anciana
que piensa en el mañana
como en algo muy dulce y deseado,
porque sueña tal vez, que mi destino
me señala el camino
por el que volveré pronto a su lado.

Por la anciana adorada y bendecida,
por la que con su sangre me dio vida,
y ternura y cariño;
por la que fue la luz del alma mía,
y lloró de alegría,
sintiendo mi cabeza en su corpiño.

Por ella brindo yo, dejad que llore,
que en lágrimas desflore
esta pena letal que me asesina;
dejad que brinde por mi madre ausente,
por la que sufre y siente
que mi ausencia es un fuego que calcina.

Por la anciana infeliz que sufre y llora;
y que del cielo implora
que vuelva yo muy pronto a estar con ella;
por mi Madre, bohemios, que es dulzura
vertida en la amargura
y en esta noche de mi vida estrella..

El bohemio calló; ningún acento
profanó el sentimiento
nacido del dolor y la ternura,
y pareció que sobre aquel ambiente
flotaba inmensamente
un poema de amor y amargura.


Himno a las madres

Trina Moya de Vásquez

Venid los moradores del campo y la ciudad,
entonemos un himno de intenso amor filial.
Cantemos a las madres su ternura y el afán
y su noble atributo de abnegación sin par.

Celebremos todos la fiesta más bella
la que más conmueve nuestro corazón
fiesta meritoria que honramos con ella
a todas las madres de la creación.

Quien como una madre
con su dulce canto
nos disipa el miedo
nos calma el dolor
con solo brindarnos
su regazo santo,
con solo cantarnos
baladas de amor.

De ella aprende el niño
la sonrisa tierna, el joven
la noble benéfica acción,
recuerda el anciano
la oración materna y en su
alma florece la resignación!

Venid los moradores del campo y la ciudad,
entonemos un himno de intenso amor filial.
Cantemos a las madres la ternura y el afán
y su noble atributo de abnegación sin par.

Cubramos con flores la tumba sencilla
de madres que moran en la eternidad,
y ornémos con flores la frente que brilla,
que aun brilla y esplende la maternidad.

Para ello escojamos frescas azucenas
-simbólicas flores de aroma ideal-,
blancas como el alma de las madres buenas
y con algo místico y sentimental.

Albas estrellitas, nítidas hermanas
de las que circundan la divina sien
a la que es modelo de madres cristianas,
madre del Dios-Hombre nacido en belén.

Venid los moradores del campo y la ciudad,
entonemos un himno de intenso amor filial.
Cantemos a las madres la ternura y el afán
y su noble atributo de abnegación sin par.

Trina Moya de Vásquez, nació en  La Vega En 1863 y murió en Puerto Rico en 1941. Fue la esposa y luego viuda de Horacio Vásquez, de modo que fue Primera Dama de la República. Dejó un libro de poemas Patria y hogar. Su Himno a las madres ha sido cantado por generaciones.


Madrecita del alma querida

Autor desconocido

Madrecita del alma querida
en mi pecho yo llevo una flor
no te importe el color que ella tenga
porque al fin, tú eres madre una flor.

Tu cariño es mi bien, madrecita,
en mi vida tú has sido y serás
el refugio de todas mis penas
y la cuna de amor y verdad.

Aunque amores yo tenga en la vida
que me llenen de felicidad
como el tuyo no lo hay, madre mía,
como el tuyo no lo he de encontrar

 

Canción popular mejicana, de autor desconocido que siempre ha sido interpretada en nuestro país.


Himno a las madres

Ramón Emilio Jiménez

Son para cantarte, madre generosa
pálidas las voces, débil la expresión
no ha dado la tierra vida más heroica:
no eres criatura, eres creación.

El sol en tus ojos, repartido el orbe,
en las dos mitades de tu pecho en flor;
la miel de tus labios que la dicha absorbe,
la tierra en tus brazos, el cielo en tu amor.

En tus heroísmos has sacrificado,
para que nos baje del cielo la luz,
tu amoroso pecho divino, elevado,
en tus mismos abrazos abiertos en cruz.

Eres la piadosa sombra en el camino
por donde viajamos de la dicha en pos,
lucero en la noche de nuestro destino,
puente de esperanzas entre el mundo y Dios.

 

Ramón Emilio Jiménez, nació en Santiago, en 1886 y falleció en Santo Domingo en 1970. Maestro, periodista, director de revistas y diarios nacionales. Ocupó altos cargos en la Era de Trujillo aunque siempre mantuvo un bajo perfil y nadie le ha acusado jamás de ningún acto reprochable. Fino poeta, autor de varios libros, entre los cuales se destacan Boda de ruiseñores, Diana lírica y Naturaleza y hombre de poesía. La Patria en la Canción que contiene la mayor cantidad de himnos escolares que hemos conocido. Dejó también un poético libro en prosa sobre las costumbres nacionales: El amor del Bohío.


El amor que me sobró

Gnosis Rivera

He de sentarme a pensarte.  Y mis pensamientos, huérfanos serán de ti.   
Pensarte.   
Tanto pensarte, hasta que te desvanezcas en la ruta. 
Imaginarte. 
Tanto imaginarte, hasta que te desfigures en el recuerdo.  
Eso haré con las ideas que, a falta de ti, han quedado sin dueño.

He de tragarme los besos no dados. 
Como chocolate caliente, transitarán el estrecho espacio en mi garganta. 
Y, tropezando unos con otros, harán las pases con el susto de sentir tu gusto en mi estómago. 
He de masticar esos besos nonatos, hasta hacer un bolo de suplicio, que alimente las larvas en mi panza.  
Futuras mariposas, destinadas a morir por falta de una historia en las que ser protagonista.

He de congelar los abrazos, pendientes de entregar.  Entumecidos, mis brazos quedarán amorfos y sin sentido.  En la artritis prematura, sucedida de tu ausencia, he de medicarme con indiferencia vana. 
Como vano es este intento de no desear tu abrazo.  
Como ausente es el roce de mis poros en los tuyos, cadenciosa molestia, esta, ¡maldita!… de no tenerte.  
He de macerar con mis dedos tus abrazos.

Han de quedarse ciegos, ¡mis ojos!… Cansados de no mirarte.  
Desesperada, por buscarte entre las cosas, mirarte entre las voces.   
Mis pestañas, revolucionan y se apagan.  
A media asta, fallecen cabizbajas.   
Renuncian a erguirse, tratando de guarecer, tras ellas, lo que fue, sin parecerlo, la última imagen convertida en tesoro y recuerdo.   
Ha de gritar con llanto mi mirada, ciega, enardecida y sorda…

¡Como sordos mis oídos!  ¡He de taparlos!  Como hacen los locos… aturdidos por tanta voz adentro…todas gritando, ¡todas! vociferando promesas de asfalto.  Duras y rugosas… pero ninguna de ellas, ¡ninguna! tu voz…
He de quedarme sorda… ¡para siempre!  Maldito todos los sonidos que no son tu grito ni tu llanto…
Mueran todos ellos, las voces vacías de tus palabras y hartas de tu silencio.  
He de quedarme sorda, y así no escucharé mi propio lamento.

Y mi boca estallará en gotas gordas de dolor.   
Mi garganta, atorada con tus besos, los primeros, los del medio, más los últimos… ¡todos!, 
ahogándome con desencanto; gritando, ávara, tu nombre, hasta gastarlo, hasta escuchar un sordo pitillo de arrullo… que, diluido en el viento, se vierta como lluvia en este amor que me sobró…
este amor del que no pude hacer entrega.   
Este amor sin domicilio ni remitente.  
Amor de los caídos, de los ausentes.   
Los prisioneros y los cautivos.

 

Gnosis Rivera

Donde no puedas amar, no te tardes….

F.K.


Penas y Alegrías del Amor

RAFAEL DE LEÓN

Mira cómo se me pone
la piel, cuando te recuerdo…
Por la garganta me sube
un río de sangre fresco,
de la herida que atraviesa,
de parte a parte mi cuerpo.

Tengo clavos en las manos,
y cuchillos en los dedos,
y en mi sien, una corona
hecha de alfileres negros.
Mira cómo se me pone
la piel ca´ vez que me acuerdo
que soy un hombre casao
¡y sin embargo, te quiero!

Entre tu casa y mi casa
hay un muro de silencio;
de ortigas y de chumberas,
de cal de arenas y de viento,
de madreselvas oscuras
y de vidrios en acecho.
Un muro para que nunca
lo pueda saltar el pueblo,
que anda rondando la llave
que guarda nuestro secreto.

Y yo bien sé que me quieres,
y tú sabes que te quiero,
y lo sabemos los dos,
y nadie puede saberlo…
¡Ay, pena, penita, pena
de nuestro amor en silencio!

¡Ay, qué alegría, alegría
quererte como te quiero!
Cuando por la noche a solas,
me quedo con tu recuerdo,
derribaría la pared
que separa nuestro sueño.
Rompería con mis manos
de tu cancela los hierros
con tal de verme a tu vera,
tormento de mis tormentos,
y te estaría besando
hasta quitarte el aliento.

Y luego… ¡qué se me da
quedarme en tus brazos, muerto!…
¡Ay, qué alegría y qué pena
quererte como te quiero!
Nuestro amor es agonía,
luto, angustia, llanto, miedo,
muerte, pena, sangre, vida,
luna, rosa, sol y viento.

Es morirse a cada paso
y seguir viviendo, luego,
con una espada de punta
siempre pendiente del techo.
Salgo de mi casa al campo
sólo con tu pensamiento,
por acariciar a solas
la tela de aquel pañuelo
que se te cayó un domingo
cuando venías del pueblo,
y que no te he dicho nunca,
mi vida, que yo lo tengo;
y lo estrujo entre mis manos
lo mismo que un limón nuevo,
y miro tus iniciales,
y las repito en silencio
para que ni el campo sepa
lo que yo te estoy queriendo…

Ayer, en la Plaza Nueva,
– vida, no vuelvas a hacerlo
te vi besar a mi niño,
a mi niño, el más pequeño,
y cómo lo besarías,
¡ay, Virgen de los Remedios!
que fue la primera vez
que a mí distes un beso.

Llegué corriendo a mi casa
alcé mi niño del suelo
y, sin que nadie me viera,
como un ladrón en acecho,
en su cara de amapola
mordió mi boca tu beso,
¡Ay, qué alegría y qué pena
quererte como te quiero!

Mira: pase lo que pase,
aunque se hunda el firmamento,
aunque tu nombre y el mío
lo pisoteen por el suelo,
y aunque la tierra se abra,
aun cuando lo sepa el pueblo
y pongan nuestra bandera
de amor a los cuatro vientos,
¡sígueme queriendo así
tormento de mis tormentos!
¡Ay, qué alegría y qué pena
quererte como te quiero!


El beso

Antonio Comas (El Indio Duarte)

¿Qué es el beso? / pregunta el mundo. / ¡Qué es el beso /
preguntan todos!

Y yo respondo: / El beso es para mí / como unión de labios, / y olvidando los agravios, / la maldad y la traición, / arrancan del corazón / con fuerza avasalladora
todo el amor que atesora.

Pues si el amor es ciego / deja su marca de fuego / en la mujer que se adora. / Besa el bueno, besa el malo, / besa el rico, besa el pobre, / besa el niño y hasta el viejo besa.

Y hay quien besa por sorpresa / para verter su veneno.
Besa de coraje lleno, / la cruz de su facón, / el malevo compadrón / que vive entre celo y dudas, / lo mismo que besó Judas / incubando una traición.

Besa la mujer perdida, / al hombre que la ha salvado. / También besa el sentenciado / la cruz al perder la vida. /
Y si una dama al pasar, a un mendigo arroja una moneda,/ sin el beso no se queda / la moneda que arrojó.

Se da un beso a la bandera / que a la Patria simboliza / y este beso sintetiza / la más ardiente quimera. / Yo juzgo el beso a mi manera. / Y que a ninguno de ustedes / Mal le cuadre que pá mí. / Pá mí no hay un beso… / No hay un beso / que más el alma taladre / ni que cause más ardor, / que el que se da con dolor / ¡Al cadáver de una Madre!

ANTONIO COMAS (EL INDIO DUARTE), de este popular declamador argentino, natural de “La tierra del fuego” no sabemos más que se hizo famoso en Colombia cuando en 1953 grabó tres longs plays. Recorrió muchos países recitando versos suyos y ajenos de los gauchos. Murió trágicamente en Perú el 25 de septiembre de 1965


Para mí todas son madres

Boris Elkin

¡Qué me importa a mí del mundo / y que me importa a mí de la sociedad! / La sociedad y el mundo / me exige que yo eche a rodar mi hija / ¿por qué e’ de hacerlo? / Echarla a mi hija porque / me ha traído un nieto a regalo
sin que nadie supiera / ¡Válgame pecado!

¿Acaso no han comenzado sus amores / cuando empezó a puntiriar la primavera, / que fue pal tiempo aquel / que en el potro rompió el cabestro / para seguir la yegua, / el toro saltó los alambrados, / y al trotecito se nos fue la perra?

¡A echarla a mi hija / echarla a mi hija / me pide el mundo / porque no supo venderse / a cambio de un libreta! / Si hasta el reptil ponzoñoso / procrea con libertad / en sus abrigadas cuevas.

¡Si el río serpentea libremente / por ser hijo natural del corazón de la tierra! / ¡Solamente la mujer / solamente la mujer / tiene sociedad que la desprecia! / Pero esa sociedad admite / permite y fomenta el cabaret, / el mercado de las hembras.

Aquí nadie pregunta / si una mujer es mala o buena, / aquí el pudor es un mito, / un chiste la desvergüenza / aquí el pedazo de seda tapa las marcas / que han dejado las poleas / cuando esta mujer soñó ser una / madre honrada, trabajadora y buena.

¡Echarla a mi hija! ¡Echarla a mi hija / me pide el mundo
porque me ha traído un nieto de regalo / sin que nadie supiera! / ¡Valga un pecado! / ¡Valga un pegado más grande! / ¡A criar su hijo! / ¡A criarlo como Dios manda
en vez de mal parirlo sin que la vean!

¡Bendita sea la mujer / bendita sean todas las mujeres / que contra el mundo y la sociedad / que las desprecian
levantan bien alto / el bello fruto de sus entrañas maternas!

Madre madre mía del alma / que estás en el cielo / ¡Si vos madre tuviste la desgracia / de ser igual que ellas / mil veces madre, / mil veces madre bendita seas!!

BORIS ELKIN, nace Los Toldos, Argentina en 1905 y muere en Buenos Aires en 1952. Recogió sus primeros poemas en un cuadernillo: Yerba buena, gozó de mucha popularidad al ser declamados en Buenos Aires sus poemas gauchos


Si tienes una madre todavía

Heinrich Neuman

Si tienes una madre todavía, / da gracias al Señor que te ama tanto, / que no todo mortal contar podría, / dicha tan grande ni placer tan santo.
Si Si tienes una madre…sé tan bueno / que ha de cuidar tu amor su paz sabrosa, / pues la que un día te llevó en su seno / siguió sufriendo y se creyó dichosa.

Veló de noche y trabajó de día / leves las horas en su afán pasaban, /un cantar de sus labios te dormía, / y al despertar sus labios te besaban.

Enfermo y triste, te salvó su anhelo / que solo el llanto por su bien querido / milagros supo arrebatar al cielo, / cuando ya el mundo te creyó perdido.

Ella puso en tu boca la dulzura / de la oración primera balbucida / y plegando tus manos en ternura, / te enseñaba la ciencia de la vida.

Si acaso sigues por la senda aquella / que va segura a tu feliz destino, / herencia santa de la madre es ella, / tu madre sola te enseñó el camino.

Mas si al cielo se fue…y en tus amores / ya no la harás feliz sobre la tierra, / deposita el recuerdo de tus flores /
sobre la fría loza que la encierra.

Es tan santa la tumba de una madre, / que no hay al corazón lugar más santo, / cuando espina cruel tu alma taladre, / ve a derramar, allí, tu triste llanto!

HEINRICH NEUMAN ( …. ) Hay una gran confusión sobre este personaje y varios con este nombre. No pudimos saber sino que es el autor del poema Si tienes una madre todavía, y que es alemán.