Venezuela

Habría que preguntarse cómo una Constitución por sí sola puede garantizar diálogo y paz en medio de los enfrentamientos.
Acento.com.do - 31 de Julio de 2017 - 12:00 am - Deja un comentario
Foto: Acento.com.do/Archivo/Presidente Nicolás Maduro.

Venezuela asistió este domingo 30 de julio a unas votaciones para elegir a los legisladores para la Asamblea Nacional Constituyente.

En  estas las elecciones, según la oposición, apenas votó el 12 % de los venezolanos con derecho a voto. Sin embargo, el Gobierno asegura que las elecciones fueron exitosas y que constituyeron una diáfana y libre expresión de la voluntad popular. Como una “participación récord” definió el gobierno la asistencia a las urnas.

La consulta fue convocada a solicitud del presidente Nicolás Maduro, en momentos en que Venezuela vive momentos de tensión debido a las protestas de la población ante la escasez de alimentos, medicinas y la disminución de servicios públicos.

Más de 100 personas han muerto en los últimos meses de manera violenta durante las protestas. La oposición culpa de estas pérdidas de vidas a la represión empleada por el gobierno para contener las protestas. Las autoridades acusan a los opositores de esta tragedia.

Lo triste, lo indignante de todo esto es que el pueblo venezolano es el que está cargando pesado. Ese que, como todos los pueblos, no satisface sus necesidades con retóricas, consignas ni promesas.

Pese a las tensiones, los venezolanos que votaron pudieron elegir a 537 de los 545 asambleístas. Los otros ocho corresponde a la cuota especial para la población indígena, que serán escogidos el 1 de agosto.

El presidente Maduro sustentó la convocatoria en el artículo 348 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

Ha explicado el gobernante venezolano que con la nueva Constitución se buscará ampliar y proteger los derechos sociales de los venezolanos establecidos en la Constitución proclamada en la primera administración del presidente Hugo Chávez en el año 1999.

Esa finalidad no debe constituir motivo de preocupación, al margen de que probablemente lo que menos necesita en estos momentos la ciudadanía venezolana es una reforma constitucional en medio de tantas carencias y trastornos en su vida cotidiana.

Sí debe mover a preocupación el resto de los planteamientos del presidente Maduro para motivar la reforma constitucional.

Según ha informado de manera reiterada el gobierno venezolano con la nueva Carta Magna se garantizará la paz y el diálogo; se superará el “rentismo petrolero” y se fortalecerá la lucha contra el “terrorismo”.

Habría que preguntarse cómo una Constitución por sí sola puede garantizar diálogo y paz en medio de los enfrentamientos.

El presidente Nicolás Maduro y su coalición de gobierno,  liderada por el Partido Socialista, deben de tener presente que, además de la oposición interna, se enfrentarán a un escenario internacional difícil.

Varios gobiernos de Latinoamérica y de Europa, además de los Estados Unidos de América, han adelantado que no reconocen como buena, válida y legítima la elección constituyente.

La oposición interna de Venezuela, que cuenta con el apoyo de una gran parte de la población, tampoco reconoce la validez de estos comicios, y por tanto no aceptará ni reconocerá a la Asamblea Constituyente ni la nueva Constitución que sea aprobada por los asambleístas elegidos este domingo.

Todo indica que Venezuela entrará en una etapa de agudización de la crisis política. Y ni qué decir de la precaria situación de la economía, que con toda seguridad se empeorará en los días por venir.

Lo triste, lo indignante de todo esto es que el pueblo venezolano es el que está cargando pesado. Ese que, como todos los pueblos, no satisface sus necesidades con retóricas, consignas ni promesas.

El pueblo de Venezuela merece mejor suerte, y ojalá pueda hallar por sus propios medios el camino para la recuperación y el bienestar.

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