El nuevo libro del economista y rector de INTEC Rolando Guzmán

Obviamente, el modelo es injusto, y desigual, y no trata a los sectores por igual. No existe una forma eficiente de redistribución del ingreso, sino apegado a unas políticas sociales clientelares, que anclan la pobreza y eternizan a los políticas en el poder.
acento.com.do - 21 de Abril de 2017 - 12:03 am - Deja un comentario
Foto: Rolando M. Guzmán, rector de INTEC

Rolando M. Guzmán, rector del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC), puso a circular este jueves un libro titulado El dilema económico de la República Dominicana. Crecimiento, estabilidad y distribución. Es un análisis sobre los factores determinantes de la economía dominicana entre 1961, a la caída de la dictadura de Rafael Trujillo Molina, y 2011, al final del tercer período de gobierno del presidente Leonel Fernández.

Felicitamos al economista y académico Rolando M. Guzmán por un esfuerzo intelectual y discursivo sobre un aspecto de gran interés para la economía dominicana, vinculado al crecimiento y a las razones por las que las estructuras económicas no han permitido una distribución más equitativa de los ingresos y beneficios del crecimiento.

Es meritorio que un académico con responsabilidad administrativa, en una de las universidades más dinámicas del sistema de educación superior dominicano, tenga tiempo y voluntad para reflexionar como lo hace Rolando Guzmán. Y que lo haga críticamente es otra virtud del libro que ha presentado, con debate incluido, el rector de INTEC.

Analiza los patrones del crecimiento económico en el período democrático, la política fiscal como instrumento de estabilización, los roles de la política monetaria y los instrumentos de política comercial de las diversas administraciones, además del tema impositivo y el gasto público como instrumento de distribución. Otros temas del libro están relacionados con el empleo, la pobreza y la desigualdad, y finalmente los condicionamientos institucionales de las políticas públicas.

Tiene razón Rolando M. Guzmán al ponderar el desarrollo y los grandes cambios que se han registrado en la sociedad dominicana entre 1961 y el 2011. Significativos e innegables:

La esperanza de vida al nacer pasó de 48.8 en 1961 a 71.9 en 2011, la mortalidad infantil se redujo de 123.9 a 29.6 por cada mil nacidos vivos, el analfabetismo en adultos varió de 34.9% a 12.8%, y la población universitaria creció de 3,448 personas en 1961 a 435,000 en 2011, con una participación femenina impresionante.

A ello se agrega la reducción de los niveles de pobreza, pero ese logro lo conseguimos a una velocidad mucho más lenta que lo ocurrido en otros países de la región. Tampoco logramos reducir los niveles de desigualdad, y de hecho, dice Guzmán, “los datos sugieren que en los últimos años la distribución de los ingresos podría estar al menos tan concentrada como en cualquier otro momento”.

Nos llama la atención la observación del autor sobre los efectos de las crisis económicas que hemos tenido en la sociedad dominicana. Dice Guzmán que estas crisis “tienden a reducir el tamaño del estrato de ingresos medios y a agrandar el tamaño del estrato de hogares pobres, mientras dejan relativamente inalterada la participación del estrato acomodado”. Es decir, que siempre que haya crisis los sectores de ingresos altos siguen sin problemas, mientras las clases medias se reducen camino a la pobreza y los que están en los estratos pobres se hunden más.

Obviamente, el modelo es injusto, y desigual, y no trata a los sectores por igual. No existe una forma eficiente de redistribución del ingreso, sino apegado a unas políticas sociales clientelares, que anclan la pobreza y eternizan a los políticas en el poder.

El país tiene una muy limitada movilidad económica, y cuando nos comparamos con la movilidad económica en otros países de la región, con economías parecidas, nos damos cuenta de la magnitud de las desigualdades e iniquidades del modelo económico dominicano.

Este libro de Rolando M. Guzmán nos permitirá reflexionar, políticamente, sobre el tiempo que este esquema podría sobrevivir. El autor nos advierte que pese al apoyo de la sociedad al sistema democrático, “es difícil pensar que el tejido social del país resistirá varios decenios sin satisfacer en mayor medida la demanda social por una mayor equidad, pero sin sacrificar el crecimiento ni la estabilidad”.

Le corresponde al liderazgo del país, político, económico, sindical, social, buscar alguna salida a la bomba de tiempo que hemos ido creando.

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