Una pequeña revolución civil del pueblo de Pimentel

El progreso de lo que tanto nos vanagloriamos ha hecho que hayan crecido las áreas urbanas y literalmente no demos los vivos para enterrar los muertos.
Manuel Mora Serrano - 12 de Agosto de 2017 - 12:08 am - Deja un comentario

Aunque me voy a referir a un hecho que está revolucionando y emocionando a mi pueblo natal de Pimentel, sin alaracos, como ocurren estas cosas realmente importantes e impactantes en nuestras comunidades, me perdonarán si hago generalizaciones que creo relevantes.

Resulta que un país verdadero donde sus ciudadanos tengan conciencia de sus deberes y obligaciones no es una factoría ni una empresa de los políticos si se vive en una auténtica democracia, debiendo recordar que la palabra quiere decir sencillamente: “poder del pueblo”.

No hay, ni puede haber, un poder sin responsabilidades y obligaciones. Estas abarcan a los vivos y a los muertos. Entonces, si lo pensamos detenidamente estos últimos son tan importantes como los primeros. Nuestro deber con ellos es venerarlos si fueron venerables aunque en sentido general, respetarlos a todos. Después que se traspasa el dintel de la vida los crímenes o pecados entran en otras jurisdicciones. Para los religiosos en un mundo fuera de la tierra llamado sencillamente el cielo, donde son juzgados los espíritus. Para todos, el mundo donde los hombres material o espiritualmente los van a venerar que es en la historia. Esta es la auténtica patria de los hechos de los hombres, de ahí que los museos sean en todas partes, menos en nuestro país, una referencia básica para gobiernos y gobernados. Los museos existen para reservar la memoria humana, son los cementerios de los hechos del espíritu humano.

Siendo vulgares, en cada pueblo, en algunos pequeños lugares rurales hay otro sitio donde convergen lo religioso y la historia: Son los cementerios. Ellos nos hablan no solo de los que vivieron sino de los que están vivos. Cuando uno entra a un verdadero campo santo debe haber orden, respeto y veneración por los que ya no están. Esos cementerios son las metrópolis que lo dicen todo de ese lugar o de ese país.

Mientras seamos indolentes con los muertos no habrá esperanza para los vivos. No podemos ni debemos vivir de espaldas a la historia ni allí ni en los museos.

Muchos estamos observando las degradaciones que suceden en nuestro país haciéndonos los chivos locos. Podría hablarse de una cantidad de deficiencias que hemos ido dejando a las autoridades municipales y gubernamentales.

Quien visite un cementerio cualquiera del país, salvo los privados, y alguno que otro en alguna comunidad que debería destacarse, existe un descuido y una apatía y una voracidad municipal en las vías que se trazaron originalmente como calles o callejuelas que molesta y mortifica el descuido y la apatía ciudadanas para enfrentar estos males.

Es posible que haya ateísmo o descreimiento, pero todos sabemos que un día si no desaparecemos misteriosamente, nos llevarán a un camposanto y sabemos que los parientes o amigos que piadosamente acompañen nuestros restos van a sufrir mucho para llegar adonde estén nuestras tumbas, sobre todo si las bóvedas no están en las entradas o frente a las calles principales.

¿Qué le ha ocurrido a este país que suponíamos religioso, respetuoso de los muertos, no solo de nuestros familiares o amigos, de todos los que hayan rendido su jornada frente a este desastre sin que nadie intente ponerle fin?

Nadie enfrenta  la indiferencia de los munícipes: Hablo de los alcaldes y regidores de los múltiples ayuntamientos nacionales frente a una mafia enquistada en cada campo santo que es la que indica dónde violar las leyes y a cambio de dinero abrir un hoyo o permitir una tumba o una bóveda en medio de una ruta interior, que solo es equiparable a la desidia de la llamada sociedad civil que la componemos todos los demás.

Vista aérea del cementerio de Pimentel

El auge de los cementerios privados en esta ciudad y en algunas zonas del interior es el fruto de ese descuido y de ese afán de lucro que alcanza a los munícipes que se hacen de la vista gorda.

Se me dirá que existiendo tantos otros problemas vitales nos estamos refiriendo a un hecho que lo menos que nos produce es vergüenza y dolor cuando, por ejemplo y por no ir más lejos, un cementerio como el de la Avenida Independencia es actualmente saqueado por unos vándalos nuevos: No son los que roban las cajas valiosas de los muertos rompiendo las puertas de las bóvedas que obligan a destruir los ataúdes para evitarlo, ni los que medran con otras pertenencias que los piadosos deudos ponen en el cuerpo de sus parientes, no, ahí ocurren pocas inhumaciones, pero si damos un bureo por las partes que no dan a los frentes de las calles, no queda ninguna bóveda o tumba que tuviese mármol que no haya desparecido.

No hay por otro lado un control municipal que haya hecho un levantamiento para ubicar fácilmente cualquier difunto aunque sea auxiliándose con los parientes cuando se hayan destruido las tarjas.

El caso revolucionario de Pimentel

Esto que decimos es fácilmente comprobable en Pimentel mi pueblo natal que tuvo siempre a mucho orgullo su cementerio. Algunas personalidades están allí reposando. Pero en asuntos de muerte todos somos realmente iguales, aunque unos seamos más iguales que otros de acuerdo con nuestros hechos.

Dos cosas nos ocurrían como les deben suceder a muchas otras comunidades: El progreso de lo que tanto nos vanagloriamos ha hecho que hayan crecido las áreas urbanas y literalmente no demos los vivos para enterrar los muertos. Estando nuestro pueblo en el este franco, es muy vulnerable a los fenómenos naturales, especialmente a los grandes aguaceros, desde que cae una llovizna grande, es imposible transitar por los vericuetos que han dejado los zacatecas para entrar sin enlodarnos.

Además, como ocurre en casi todas partes no había un registro en una oficina ni del propio cementerio ni del ayuntamiento donde encontráramos un mapa actualizado de estas tumbas.

En el nuestro ya no caben más muertos que no sea en las bóvedas, sin embargo el zacatecas o los munícipes se la inventan siempre para encontrar un lugarcito o sustituir a alguno cuyo nombre no aparecía en la cruz o en la tumba.

Un nativo del pueblo, el ingeniero Bienvenido Castro María, que reside desde hace años en Santiago donde ocupa actualmente la vicerrectoría administrativa  de la Universidad Isa, condolido de su pueblo y de sus muertos, animó a otros que componen el Comité Coordinador de la Sociedad del Desarrollo de Pimentel, entre los que figuran el padre Perfecto Cemo o Semo, que lo preside y el pastor Rafael Luis de la Cruz que es el vice, incluyendo entre otras personalidades al actual Alcalde municipal Ramón Martín Rosa del Orbe, destacando el hecho de la participación activa de un sacerdote católico y un pastor de una iglesia evangélica, que nos llamó poderosamente la atención.

Como realmente no hay espacio, la vista aérea demuestra que ya no caben más,   urgiendo sea al Ayuntamiento o sea al Ejecutivo, que con la solidaridad de los pimenteleños declaren legalmente de utilidad pública los terrenos aledaños si no hay un acuerdo amigable con los propietarios o sus ocupantes, para ampliarlo con una visión de futuro: Podrán mermar los nacimientos, pero los vivos cuando muramos seremos inquilinos ineludibles.

Ellos han hecho un levantamiento de las tumbas, han conseguido con los parientes de los difuntos que pinten y hermoseen las residencias eternas de sus deudos en más de una tercera parte. Aunque en un principio hubo dudas y apatías poco a poco se ha ido creando conciencia y se está procurando un ingeniero que resuelva el problema del drenaje para que esas aguas no se apocen y fluyan.

La vista aérea de ese rompecabezas que es actualmente nuestro cementerio asustaría a cualquiera: Lo lamentable de eso es que así están o en peores condiciones muchísimos a lo largo y ancho del país sin encontrar, como aparentemente estamos encontrando nosotros, un eco de la sociedad civil que se preocupe por buscar una solución a este desastre inhumano que padecemos.

Sabemos lo difícil que es luchar con unas mafias desprovistas como es natural, del menor sentido humano de piedad o de amor al prójimo como han resultado en los hechos la mayoría de los que laboran en estos lugares santos. Pero lo más desconcertante es el silencio y la indiferencia de los religiosos (salvo en nuestro caso particular con los citados y otros que se le suman), tan activos para otros menesteres y tan aprovechados cuando se trata de la muerte humana cobrando por rezos y ceremonias.

Los pimenteleños ausentes vamos a colaborar, como están haciendo allá esos religiosos que en otras partes son indiferentes, ya que para solucionar estos problemas, para evitar que en el futuro continúen, se hace necesario el concurso espontáneo de todos, no solo económicamente, que claro está, es indispensable, pero es que como están respondiendo los pimenteleños pintando sus tumbas, limpiando las bóvedas, correspondiendo a estos esfuerzos que no tienen interés político partidista (aunque haya políticos integrados ¿dónde es que no los hay?) sino únicamente un interés real, genuino de que las cosas cambien sin violencia, sin marchas, sin estridencias, sencillamente haciendo lo que los funcionarios y empleados de los gobiernos o de los municipios no hacen.

Además de eso, aquella sociedad para el desarrollo de esa comunidad se está preocupando por muchas otras cosas que están mal, pero especialmente en el destino de los jóvenes. Un país depende de lo que haga con las nuevas generaciones. Nada hacemos con tener una cantidad enorme de profesionales o de técnicos sin empleo o sin oportunidades o jóvenes inteligentes, despiertos, capaces de estudiar si no ayudamos a abrirles caminos.

Sabemos que en otras comunidades hay grupos o sociedades que están calladamente trabajando por resolver los problemas que tienen, por lo dicho hay que mirar más allá, hay que pensar en muchas otras necesidades pero nos hacernos los chivos locos frente a los problemas.

El fracaso de muchas ideologías en nuestro medio se debe precisamente a que no dan el ejemplo, a que no trabajan realmente para mejorar a las gentes para que vean lo que harían si llegaran al poder político. Es bueno criticar y desafiar, pero es mejor trabajar y dar ejemplos, al mismo tiempo que prepararan sus protestas deberían ver alrededor y empezar a buscar soluciones con lo que se tenga como están haciendo las gentes de Pimentel.

El gobierno de un pueblo no es el que surge de las urnas nada más. Es todo el pueblo sensible y despierto. Ya nos gustaría que las masas que desfilan en las Marchas Verdes y esos izquierdosos vociferantes empezaran a preocuparse seriamente por estas cosas, que propiciaran a imagen y semejanza de la nuestra, un semillero de sociedades para el desarrollo de las comunidades y los barrios. Eso quizás por el momento no venda como las consignas, pero ayuda realmente a despertar la conciencia dormida de una sociedad mechada de tantos problemas, precisamente por esa indiferencia y esa apatía. Ni todo se espera del cielo por más creyentes que seamos, ni todo se espera de los gobiernos por más gobiernistas que fuéramos. Los ciudadanos somos los dueños del país y tenemos que velar por él y poner nuestros pechos junto a los que se atrevan a luchar cívicamente para la solución de sus problemas sin que esperemos que surjan líderes providenciales, recordando que cada vez que hagamos algo para el bien de los demás nos convertimos sin quererlo ni buscarlo en los verdaderos líderes.

Por lo menos, hasta ahora, es lo que sacamos en claro de esta lección revolucionaria de civilidad verdadera que está dando nuestra comunidad.

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