Politizar la indignación, refundar la democracia

Para cambiar las cosas, es necesario que la gente común entre en la política o siga siendo aplastada. 
Matías Bosch - 12 de Agosto de 2017 - 12:08 am - Deja un comentario

Para algunos, la indignación frente al estado de cosas del país que se manifiesta en la Marcha contra la Corrupción y la Impunidad debería politizarse. Para otros, esto traería como consecuencia su división y muerte. Y hay quienes dicen que la Marcha ya es política, como si eso fuese un pecado insalvable.

Pero ¿qué decimos cuando hablamos de política?

En República Dominicana la política se ha imaginado durante muchos años como el monopolio de los partidos, y estos como maquinarias electorales y de gobierno que aglutinan a personas movidas por el apetito de gobernar, los “políticos”. Al mismo tiempo, se imaginó que paralela a estas maquinarias, corre la llamada sociedad civil, organizaciones prístinas y puras que sólo aglutinan a la gente movida por sus necesidades acuciantes y el objetivo de que vivamos mejor. Las personas de carne y hueso sólo podríamos atender las pequeñas cosas o los detalles, dejando el destino de la sociedad a unos pocos que “sí saben de eso”. Nadie debería interferir en “los asuntos de Estado”, a lo sumo “incidir” o “reclamar”.

Esa separación entre la política y la gente común le hizo un gran favor a quienes se erigieron como jefes políticos. Se asumió como bueno y válido que en la política sólo se puede sobrevivir aglomerando y complaciendo intereses, y tratar de vencer. Si esto es así, pues no habría más nada que una política sucia, que sólo se le puede dejar a los expertos, los caudillos, que saben lidiar con las bajas pasiones de los seres humanos, y esperar que lo hagan lo mejor posible.

Sin embargo, las movilizaciones por el fin de la corrupción y la impunidad nos ponen en la necesidad de interpretar las cosas de otra manera.

Tenemos que movernos políticamente no en términos de la actividad partidista y electoral, no para apoyar a determinado partido o crear uno “verde”, sino comprendiendo que lo que ocurre en la sociedad se explica en gran medida por relaciones de poder, es decir: quiénes concentran las decisiones, quiénes definen las reglas del juego, y quiénes ganan y quiénes pierden. Esa es la esencia de la política.

Al analizarlo de esta manera, podremos ver que la sociedad dominicana se ha organizado sistemáticamente con una minoría que concentra todo el bienestar y una inmensa mayoría que lo pasa siempre mal. Para esa minoría ganar, ha necesitado establecer y garantizar injusticias. Podríamos sintetizar su modus operandi en dos estrategias: 1) Convertir el Estado y las instituciones en protectores de sus intereses, y 2) Valerse de la corrupción y la impunidad.

Para cambiar las cosas, es necesario que la gente común entre en la política o siga siendo aplastada. En resumidas cuentas, estamos ante la necesidad de refundar la democracia.

La movilización anticorrupción tendrá que ver la necesidad imperiosa de asumir su carácter político-cultural, es decir actuar en el modo de ver y de pensar de las mayorías para modificar las relaciones de poder: que los de siempre dejen de ser quienes deciden, quienes determinan las reglas y quienes ganan. Que deje de imponerse una minoría cuya gran vida es la mala vida de la mayoría. Que cese la regla de que el país y sus instituciones están organizados para el negocio de unos pocos. Esto se hace, o lo logrado sería solamente allanar el camino para que el sistema de abusos e injusticias se recicle.

Hay que hacer dos llamados claros: que en el 2020 no vuelvan a ganar los que hacen del Estado su fuente de lucro desde 1966, y que todo aquello que es un bien y servicio público esencial vuelva a servir a la gente, desde las obras públicas, hasta el sistema de salud, pasando por las pensiones y la industria de la electricidad. Que nadie se pueda disfrazar de honrado para seguir secuestrando el país en manos de una minoría.

Un gran movimiento que refunde la democracia donde el bienestar colectivo sea la medida de calidad. Cambiar el país para que las instituciones sirvan a la gente. Asumir el reto de hacerlo nosotros mismos o vivir sufriendo. Esa es la tarea de aquí a 2020.

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