Inmigración y geopolítica insular

Plutarco Medina Gratereaux - 17 de Julio de 2017 - 12:07 am - Deja un comentario

Algunos se sorprenderán al escuchar o leer que todas las poblaciones existentes en el mundo, han sido producto de algún fenómeno migratorio en tiempos pretéritos. De muchos de estos procesos se tiene la evidencia, por ser la propia población actual la inmigrante, o por tener el conocimiento de que son los de su generación anterior los pobladores, o por que existan las evidencias históricas y arqueológicas de antepasados remotos provenientes de otros lares.

En la actualidad, la mayor parte de las sociedades humanas son grandemente afectadas por las frecuentes riadas migratorias. Es decir, las migraciones no son cosa de hoy, incluso, en la actualidad el proceso migratorio mundial es menor “relativamente” que en épocas anteriores, sólo basta hurgar en la historia de los pueblos para tener una idea sobre este particular.

Según el Banco Mundial, para 2014 más de 215 millones de personas vivían fuera de su país de nacimiento. Con el movimiento migratorio que estamos viendo a nivel mundial en los últimos 3 años, estimamos que estas cifras han aumentado considerablemente. Agrega la entidad, que existen 2 tipos de migraciones, la migración forzada, que es aquella que huye de un conflicto, y de la cual resultan los refugiados (73 millones según ACNUR); y la migración económica voluntaria que es la más numerosa.

En el país, se registran inmigraciones históricas de diversas nacionalidades y procedencias, entre las que podemos listar las de origen árabe, español, chino, japonés, y haitiano; siendo entre otras, las de mayor arraigo. Las razones para la inmigración las encontramos en los aspectos geopolíticos (guerra civil, persecución, revolución); por catástrofes naturales (terremoto, hambruna, tsunami); y las socioeconómicas (vida cara, falta de empleo, diferencial de desarrollo, ausencia de perspectiva, búsqueda de mejor futuro). Entre estas dos ultimas razones podemos situar la llegada a nuestro territorio de la reciente y numerosa inmigración de venezolanos; y la antigua y cada vez más creciente inmigración haitiana.

La República Dominicana ha sido catalogada como un país de emigración e inmigración, lo que no es lo más común, pues según establece Aaron Segal en La Historia De Las Migraciones, la gran mayoría de los países con un número significativo de emigrantes no tienen un número significativo de inmigrantes, y a la inversa”. Esto se explica (teniendo en cuenta que la diáspora dominicana llega casi a los 2 millones de personas) porque el vecino con que hacemos frontera es el país más pobre de América Latina (últimamente se está mencionando a Venezuela).

Las consecuencias de la inmigración descontrolada son gravísimas para el país y los ciudadanos dominicanos. Dentro de lo más sencillo, sólo hay que imaginar el aumento exorbitante del gasto público por el incremento exagerado y en poco tiempo de una población con grandes necesidades. Esto hace que los recursos presupuestados para salud, educación, seguridad, etc., tengan que repartirse entre una población aumentada, por lo que en palabras llanas los dominicanos “tocamos a menos”; la gran mayoría de inmigrantes ilegales ejercen trabajos informales, por lo que no pagan impuestos, lo que representa el crecimiento de la llamada economía sumergida; también se sustituye la mano de obra nacional, violando lo que establece la ley referente al porcentaje de mano de obra extranjera con respecto a la dominicana (80% – 20%).

En Haití, por ejemplo, las autoridades y los candidatos a cargos gubernamentales impulsan y favorecen la emigración. Ahora bien, ¿qué los motiva a incentivar la emigración no solamente a República Dominicana, sino a cualquier parte a donde puedan llegar? Está claro, disminuyen el conflicto social y político porque hay menos desocupación y descontento, y los ciudadanos que se quedan gozarán de mayor posibilidad de empleo, ingresos, y capacidad de consumo. En cuanto a los venezolanos, estos vienen huyendo de la crisis económica y política que vive su país.

El proceso inmigratorio descontrolado que vive actualmente la República Dominicana se ha convertido en un gran problema que como Estado Nación debemos afrontar en el entendido de que desde hace un buen tiempo se le viene dando de lado a esta responsabilidad histórica y patriótica. Es un pesado fardo que colma la capacidad de nuestro país y que si no se toman las medidas necesarias para controlar la entrada masiva ilegal, nos traerá funestas consecuencias. Claro que la historia pasará factura a los principales culpables que no son más que la clase política y empresarial dominicana.

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