Max Henríquez Ureña: el campo de influencia y movimiento del modernismo

A nivel de influencia y encuadre el modernismo mira hacia creadores y autores que debían asumir temáticas y fórmulas de lenguaje
Odalís G. Pérez - 19 de Mayo de 2017 - 12:08 am - Deja un comentario

Rubén Darío y el modernismo, junto a los demás seguidores y co-fundadores latinoamericanos y caribeños poblaron el camino de las imágenes, sembrando y cultivando semillas de obras y obras-simientes de donde surgiría una nueva prosa y un nuevo poema que poco a poco refundarían otro tipo de textualidad narrativa y poética. La difusión unida a la errancia literaria, produjo enmarques modernistas y rumbos de. que estaban casi-naciendo en toda América marcada por otros despliegues lenguajes y búsquedas estéticas.

Max había hecho una investigación sólida sobre Rubén Darío y el modernismo que llevó a cabo a través de presentaciones, ensayos, conferencias y cursos en universidades de América. Las flechas que alcanzaron una visión propia de los espacios que motivaron la fuerza expresiva del poema que hizo del mundo y sus imágenes una gran huella y una dinámica travesía onírica, mitológica y aural, puso en marcha una visión creadora donde lo que se ve y lo que se oculta conforman una dialéctica literaria, polifónica y polisémica.

“Algunos años después –nos dice MHU- Rubén Darío acogido con entusiasmo en Buenos Aires, que fue campo propicio para el desenvolvimiento de sus actitudes máximas, realizó una campaña de la divulgación de la obra de un grupo de escritores y poetas que en un sentido o en otro, tuvieron relación con el movimiento modernista”. (Ver, p. 122)

Lo que relaciona al modernismo con un nuevo camino “poiemático” es justamente la imaginación autorial  legible en el texto poético ya sea en verso o en prosa. Según MHU:

“Para la América española, Los Raros fue una revelación: ese libro era, en lo fundamental, una especie de guía de la nueva sensibilidad contemporánea. Sólo tres escritores de América inglesa; y dos cubanos, por lo que respecta a la América Latina: José Martí, compañero de Rubén Darío en la cruzada del modernismo, y Augusto de Armas, cuya producción poética pertenece a las letras francesas, como la de Heredia, el autor de Los trofeos. No faltan en el libro evocaciones del pasado, como la de Fra Dominico Cavalca, ni todos los autores que en él se estudian merecen el epíteto de “raros”; pero en su conjunto el libro se refiere principalmente a autores contemporáneos”. (Ibídem. pp. 122-123)

Así creaba Rubén Darío una nueva literatura y un nuevo camino expresivo basado en una concepción de la literatura como compromiso y porque la línea desde la literatura que tanto atraviesa el verso como la prosa propende al sentido, la experiencia y la estructura que asumen los poetas, narradores y ensayistas mexicanos, argentinos, uruguayos, cubanos, venezolanos y otros que asumieron cierta ruptura e irreverencia desde la literatura.

A nivel de influencia y encuadre el modernismo mira hacia creadores y autores que debían asumir temáticas y fórmulas de lenguaje:

“Predominan los autores franceses (Leconte de Lisle, Villieres de Lisle Adam, Verlaine, Richepin, Moreas Tailhade, Paul Adam, Rachielde). Hay además un artículo sobre Ibsen, que entonces (1892) empezaba a ser universalmente conocido, otro sobre el portugués Eugenio de Castro y otro sobre el belga Théodore Hannon”. (Ibíd. loc. cit.)

Los grados de creación del modernismo y los cada vez más frecuentes poemas en prosa, los tonos de las narraciones poéticas con una fuerza maravillosa y luminosa van cobrando más valor en el ámbito latinoamericano, de tal manera que poetas como Leopoldo Lugones, F. Bernárdez, José María Eguren, Julio Herrera y Reissig, Ramón López Velarde, Osvaldo Bazil, Fabio Fiallo, Ricardo Pérez Alfonseca y otros participaron del rutario filosófico modernista, algunos siguiéndole los pasos a Darío, otros preparando la ruptura, a través del verso y de la prosa.

“En años posteriores Rubén Darío publicó otros volúmenes en prosa, en los cuales recogió sus crónicas escritas para La Nación de Buenos Aires. Algunos de esos volúmenes contienen la visión de España y otros la de Francia, pues en uno y otro país vivió casi siempre en la segunda mitad de su vida”. (Ibídem.)

MHU observa que en el rutario de Darío en España, aparte de que logró influir de manera decisiva en algunos grandes poetas españoles, también logró imponer el ritmo ideológico literario de las cardinales modernistas en la poesía y la narrativa españolas, lo que sin lugar a dudas pudo crear buenas relaciones entre España y América a comienzos de siglo XX.

Según Max:

“Es admirable la claridad con que Darío cuenta sus impresiones sobre España contemporánea (1901).  El poeta dice lo que piensa y lo dice demostrando una sagaz comprensión de cuanto observa. Esa labor se completa con la parte principal de Tierras solares (1904), pues en España contemporánea ve a España a través de Madrid (salvo un capítulo dedicado a Barcelona), mientras que en este nuevo libro la contempla otra vez desde Barcelona y también desde  Málaga, Granada, Sevilla, Córdoba y, por último, aún desde Gibraltar”. (Ibídem. pp. 123-124)

El trazado que sobre la visión de Rubén Darío hace nuestro crítico e historiador muestra que el vate y narrador nicaragüense viaja por diferentes tierras solares y que su itinerario quiere beber también en la universalidad. Y así muestra otros lugares, otras tierras solares:

“Las restantes Tierras solares de que habla el libro son Tánger, Venecia y Florencia. Después el poeta pasa “de tierras solares a tierras de bruma” y visita los imperios centrales: Alemania y Austria-Hungría. En Peregrinaciones (1901), en La Caravana Pasa (1903), en Parisina (1908), se agita la imagen de París, que reaparece en todos los libros posteriores. Peregrinaciones contiene, como  Tierras solares impresiones de Italia; La Caravana Pasa nos trae también un eco de Londres. Pero tanto en estas obras como en Opiniones (1906), Letras (1911) y Todo al vuelo (1912) lo que sucede es la gracia de estilo”. (Ibídem.)

Es bueno señalar que el trazado que de manera rítmica, biográfica y memoriosa describe MHU a propósito de libros y viajes de Darío revela facetas que por mucho tiempo han sido desconocidas por críticos y lectores hispanoamericanos. Rubén Darío animó grupos de intelectuales que, estimulados por sus poesías, sus cuentos, ensayos, críticas, narraciones, viajes y universos fantásticos fueron más allá de los territorios soñados por el poeta. Los mismos poemas, cuentos, ensayos críticos y prosas narrativas de Julio Herrera y Reissig (1875-1910), tal y como lo mostrará más tarde Emir Rodríguez Monegal en su ensayo titulado “El caso Herrera y Reissig” y la extensión literaria de Rubén Darío, fueron un ejemplos de narcosis fantástica en acto y vuelo.

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