Encrucijada y oportunidad

Factores internos y externos han erosionado la imagen pública del PLD, colocándolo en un momento crucial de su existencia como entidad política al tiempo que la del gobierno.
Mario Rivadulla - 19 de Mayo de 2017 - 12:07 am - Deja un comentario

Durante su pasado ejercicio de gobierno, el presidente Danilo Medina alcanzó los más elevados niveles de aceptación que nunca antes haya logrado un mandatario dominicano. Más aún, llegaron a situarlo en ocasiones por encima de todos los restantes presidentes del continente, aún los que hasta ese momento habían gozado de mayor popularidad.

Había razones para ello.  La puesta en vigencia del cuatro por ciento para la educación con la construcción masiva de aulas y la tanda extendida; el rescate de Bahía de las Aguilas; el proyecto de La Barquita; la novedosa práctica de las “visitas sorpresa”; la ampliación de los planes sociales  y, sobre todo, haber colocado contra las sogas a la poderosa minera Barrick hasta lograr la renegociación de la concesión de Pueblo Viejo en condiciones mucho más favorables para el país, gestión que adquirió connotaciones patrióticas, fueron entre otras las razones que mantuvieron en alza sus valores políticos.  Estos se reflejaron luego en las urnas otorgándole  una victoria sin precedentes en los pasados comicios y apuntalaron al Partido de la Liberación Dominicana como la  mayor fuerza política del país.

Hoy la situación dista de ser la misma.   Factores internos y externos han erosionado la imagen pública del PLD, colocándolo en un momento crucial de su existencia como entidad política al tiempo que la del gobierno.    De la decisión que adopten uno y otro frente a esta realidad, dependerá que la misma resulte coyuntural y reversible permitiéndole recobrar la plenitud de su liderazgo dentro de la partidocracia dominicana y su permanencia en el poder más allá del 2020.

En  cuanto al PLD como partido, tiene por delante limar asperezas y superar la confrontación entre “danilistas” y “leonelistas” para recobrar su sentido de unidad; restablecer su quebrantada disciplina interna, volviendo a manejar y solucionar puertas adentro las discrepancias, lo que le permitía marcar una diferencia significativa con el resto de los partidos, sobre todo el PRD,  tan frecuentemente minado por disensiones  y desprendimientos, parte del cual se agrupa hoy en el PRM, en vez de seguirlas aireando en público para contento de la oposición, así como abrir sus cerradas compuestas al desarrollo de nuevas opciones de liderazgo.

En lo que toca al gobierno, corresponde al propio presidente Danilo Medina quebrar lanzas para librarlo del sambenito de la corrupción, desbordado a partir del escandaloso caso de la Odebretch, de lo que están sacando provecho sus adversarios y que pudiera convertirse en el principal caballo de la oposición de aquí al 2020 para tratar de conquistar el poder, sobre todo si lograr conformar un sólido y único frente.

Es precisamente la Odebretch el momento crucial de que dispone el Presidente Medina para tratar de revertir la situación a su favor.  Para ello, tendría que airear a todos los vientos y consecuencias el tan traído y llevado expediente, tanto del soborno como de las sobrevaluación de las obras, sometiendo a los responsables a la justicia sin margen a excepciones, trátese de funcionarios presentes como anteriores.  Tal como el afirmó en su discurso del pasado 27 de febrero “sin vacas sagradas”.

Si lo hace, se estará apuntando un tanto a su favor y por extensión a su partido, de mucha mayor trascendencia y valor político que cualquiera de las medidas que catapultaron sus simpatías durante su anterior período de gobierno, permitiéndole ganar la reelección con tan elevada cantidad de sufragios.

Pero, además, haciendo historia al marcar un antes y un después en la lucha contra la corrupción pública en el país, que como mal añejo y presente en todos los gobiernos ha sido causa principal de empobrecimiento económico, social  y moral para el país y el pueblo dominicano.

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