El regreso de los monstruos

Mal que bien tuvimos elecciones. Nosotros siendo jóvenes estudiantes habíamos asistido en el Estadio Quisqueya a un acto de esos espciales que protagonizó Balaguer: La de ser el único orador. Esta vez habló de un tema tabú: La alternabilidad en el poder.
Manuel Mora Serrano - 20 de Abril de 2017 - 12:09 am - Deja un comentario

De pronto nos damos cuenta de que el sueño de las maravillas estaba terminando. Para los que andamos por la ruta de la novena década si hiciéramos una detenida rememoración de todas las cosas que han ocurrido y de los grandes cambios en todo orden no solo en nuestro país sino en el mundo nos daríamos cuenta que los monstruos que creíamos superados o destruidos solo dormían en algunas partes, pero estaban solo acechando sus oportunidades para regresar.

¿Cómo fue nuestro país durante los treinta y un años del trujillato frente a los treinta anteriores del pasado siglo? ¿Cómo ha sido después de creer que despertábamos de la gran pesadilla dictatorial a los largo de estos cincuenta y ocho años que hemos vivido en paralelo con los vecinos inmediatos de las Antillas?

Es conveniente echar una ojeada muy simple: Desde el primero de enero del siglo veinte estrenando ya el gobierno post-Lilís hasta la toma de posesión de las gentes de Trujillo en 1930 hubo de todo. En especial el festín de los caciques. Por encima de las elecciones acusadas de fraudes por el uso de la fuerza caudillista en muchas partes, de las acciones de la manigua, de la ocupación norteamericana directa durante ocho de esos años hasta culminar en el regateo a elecciones amparándose en supuestos legales que dio al traste con el gobierno de Horacio Vásquez, ¿que pasó?.

Aunque hubo censos localistas, solo hubo uno nacional en 1920 dirigido por los ocupantes imperialistas, lo que en cierto modo podía garantizar cierta “imparcialidad” en los datos estadísticos. Revisar ese censo, que esperamos hacer en otra oportunidad nos demuestra lo atrasado demográficamente que vivíamos. Además, el Ciclón de San Zenón vino a demostrar al devastar a la primera ciudad de América la realidad de la pobreza con la enorme cantidad de casuchas de madera, techadas de yaguas o zinc que había.

De modo que podemos de un plumazo visualizar el trujillato a partir de esta tragedia que solo fue un atisbo del tsunami que vino después. ¿Avanzamos tanto durante esas extraordinarias tres décadas de “progreso y bienestar” como se nos vendió?

Cierto que el mundo padeció guerras devastadoras, que las mismas luchas intestinas que tuvimos desde la liberación de 1844 hasta el 1930, salvo algunos paréntesis de aparente tranquilidad impedían que salvo el ferrocarril hubiera alguna conquista de modernidad evidente. No hubo carreteras: Aparte de Puerto Plata no se extendió lo de los trenes.

¿Pero qué pasaba en Cuba la isla mayor del archipiélago antillano? Fácil es decir que mientras nosotros nos quedamos con un solo dictador, en La Habana mantenían dictaduras alternadas con democracias acusadas de corruptas hasta que Batista regresa como el último monstruo de la derecha y aquella sociedad alegre y despreocupada se entregó al frenesí del socialismo que en el fondo fue y ha sido una dictadura dígase lo que se diga, mientras aquí en todo ese tiempo hubo también de todo: Elecciones supuestamente libres, un gobierno liberal, un golpe de estado, unas especies de compañías elitistas que nada hicieron por el rescate ni material ni social del país lo que desembocó en la llamada Guerra de Abril, en la ocupación por segunda vez de las fuerzas norteamericanas, con nuevas elecciones acusadas de fraudulentas en las cuales los monstruos regresaron al poder de otra manera: Joaquín Balaguer se dio cuenta de que era necesario tener caras nuevas iniciando una cruzada de la cual poco se ha dicho o estudiado: La de traer a personas que no eran muy connotadas en sus localidades para nombrarlas ministros asegurándose de ese modo lealtades que le beneficiaron tanto que ocupó casi todo el tiempo después como líder en el país.

Mal que bien tuvimos elecciones. Nosotros siendo jóvenes estudiantes habíamos asistido en el Estadio Quisqueya a un acto de esos espciales que protagonizó Balaguer: La de ser el único orador. Esta vez habló de un tema tabú: La alternabilidad en el poder.

No vamos a detallar lo que ha pasado después ni las acusaciones de fraudes ciertas o imaginarias sino que de todo esto hay un hecho: El poderoso caballero de Quevedo, Don Dinero ha sido la nota. Nadie se postula por su sola popularidad o simpatías regionales: Es necesario contar con dinero, mucho dinero, porque los que están realmente prostituidos son los votantes. A esos no los acusamos. Pero todos los partidos si no lo hacían lo añoran: Compran voluntades.

Sin embargo, a pesar de todos los pesares, si nos comparamos con los vecinos aparentemente estamos bien.

Pero si observamos el panorama general de nuestra América Latina con mechas anglosajonas nos damos cuenta de que están regresando los monstruos.

Los izquierdistas cerrando los ojos a lo que pasa en Cuba, Nicaragua, Venezuela y otros países de la zona Sur, mientras los brasileiros atiborrados de dinero ahora resultan los que están terminando de desequilibrar todo el tinglado: ¿Quién no se sintió en estos países solidarios con Lula, por ejemplo? ¿Acaso no pensamos que las dictaduras de derecha eran cosas del pasado? Veíamos con admiración lo de la vieja Europa con el sueño de unión que los panamericanistas furibundos como Martí, como Hostos, como el propio Simón Bolívar habían soñado de una América Hispana una y unida, pero los sajones en el viejo mundo también, como siempre, han dado la nota destructiva.

Los mayores que a lo mejor no veamos el final apocalíptico estamos sufriendo pensando en nuestros hijos y en los hijos de sus hijos.

Todo se ha derrumbado. Los monstruos dormidos están siendo despertados frente al clamor de ciertas masas reclamantes a quienes faltan ideologías frescas y líderes verdaderos. En cierta forma, no nos llevemos de las apariencias, ni de las grandes conquistas tecnológicas, los monstruos están regresando: Vienen ahora con otros ropajes, pero andan difusos entremezclados con los buenos y mansos de siempre. Pero si pensamos universalmente vemos a los verdaderos monstruos mundiales, los que ahora mismo tienen en sus manos la destrucción del planeta a base de ambiciones o de odios: Son ellos los verdaderos monstruos: Esos personajes paripatéticos que tienen en sus manos la suerte de la tierra.

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