Institucionalidad Vs discrecionalidad en las empresas

Cuando una organización responsable pone en marcha un plan o presupuesto, tiene la capacidad de ajustarlo a las inclemencias de la realidad a tiempo, para beneficio de sus accionistas y colaboradores.
Guillermo Julián Jiménez - 20 de Abril de 2017 - 12:08 am - Deja un comentario

Una técnica de gestión ortodoxa obtiene mayor relevancia en tiempos donde inversionistas, colaboradores y consumidores demandan de un mayor nivel de transparencia.

Imagine usted un escenario donde tiene excedente de efectivo. Invertir de forma directa en una empresa exitosa resulta una buena opción, porque su tolerancia al riesgo es alta y sus ganas de aportar al desarrollo del panorama corporativo dominicano es significativa.

En ese mismo escenario, se percata de que el dueño o dueña de la empresa gasta o invierte las ganancias con visión de poco sustento, sin un plan de crecimiento orgánico adecuado y sin un orden administrativo descrito por escrito. ¿Invertiría su excedente financiero en esa compañía? Si es un inversor prudente, es probable que no, porque el nivel de discrecionalidad característico de las operaciones en este caso ficticio no inspira confianza en el retorno del capital transferido en adición con los beneficios esperados.

Por eso la institucionalidad, marco de desempeño organizacional donde las decisiones son tomadas a la luz de un conjunto de principios establecidos, consensuados y escritos, adquiere un valor intangible pero poderoso, no solo en lo correspondiente con los poderes del Estado, sino también en lo que se refiere al buen funcionamiento de una empresa privada.

Entendido el accionar institucional, gestión transparente basada en principios, como lo contrario del desempeño discrecional, conjunto de iniciativas reguladas de manera personalista, ¿Qué herramienta tiene al alcance la gerencia para modelar institucionalidad a los accionistas, colaboradores, clientes, reguladores, recaudadores tributarios y el tejido social en general?

El presupuesto

Un presupuesto es un plan que integra acciones a realizar, con respecto a los recursos y posibilidades que tiene una organización, que se coordinan entre sí para cumplir con el objetivo trazado por el liderazgo o la alta gerencia. Se diferencia de un plan convencional en tanto que su forma de expresión consta de valores financieros.

Su importancia en la empresa o en cualquier otra institución trasciende lo operativo y práctico, para ocupar un lugar estelar en la gestión de cumplir con las expectativas de transparencia que tiene una sociedad hiperconectada.

Parece básico, elemental, un consejo de primer semestre de aulas en cualquier facultad de administración de empresas. Aun así, sorprende experimentar de primera mano la cantidad significativa de compañías pequeñas, medianas o grandes, que no presupuestan o elaboran esta herramienta de manera incompleta, o aun más notables son los que plantean sobre papeles un presupuesto que en la práctica no aplican.

Más que probados son los argumentos a favor de elaborar presupuestos desde el punto de vista técnico del liderazgo empresarial y la gerencia financiera. Pero, ¿Cómo esta herramienta supera la utilidad gerencial y se posiciona como una columna de la institucionalidad?

Está a la vista: Es la máxima expresión de la transparencia, sobre todo de cara a los accionistas y reguladores. Está muy claro cuánto ingresó, en qué acciones será invertido y el monto de esa inversión. La discrecionalidad no tiene cabida en un esquema virtuoso donde una empresa se plantea un plan, lo escribe, lo comparte con los públicos estratégicos y lo cumple.

El objetivo es esencial: El presupuesto es el mapa que señala hacia dónde se dirige una empresa, un gobierno o una organización del tercer sector. El objetivo que se plantea la alta gerencia en ese plan coordinado y expresado en valores financieros comunica si esa institución será efectiva, se adecua a los tiempos del mercado y realiza sus operaciones con base en la responsabilidad compartida.

Los principios de la institución se salvaguardan cuando esta herramienta rige la gestión, puesto que el fin u objetivo propuesto/presupuestado responde a estos valores y no a la discrecionalidad de un ejecutivo, por más alta que sea su jerarquía.

La realidad lo pone a prueba: El genio militar prusiano Helmuth Carl von Moltke dijo que ningún plan sobrevive al contacto con el enemigo. El avezado general tal vez era tajante, pero lo cierto es que hacer planes y realizar un desempeño coordinado previamente ayuda a verificar las capacidades reales de las organizaciones de afrontar los desafíos del mercado.

Cuando una organización responsable pone en marcha un plan o presupuesto, tiene la capacidad de ajustarlo a las inclemencias de la realidad a tiempo, para beneficio de sus accionistas y colaboradores.

No es la persona, es la institución: Cuando se planifican la inversión y el gasto, y estos planes se expresan en documentos consensuados, ya no se trata de la decisión discrecional de la una persona, sino de la acción programada de una institución con un objetivo claro.

Expresa los elementos más básicos de la gestión empresarial, pero el presupuesto es más que un plan expresado en números, es la puerta de entrada para la sostenibilidad de una cultura institucional.

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