El espacio de una práctica cultural

Así pues, hemos observado, mediante una lectura que hace visibles, posibles y hasta reales sus contextos de emisión y relación, las imágenes y puentes estéticos, literarios de su obra.
Odalís G. Pérez - 19 de Abril de 2017 - 12:08 am - Deja un comentario

La escritura epistolar conforma en el espacio cultural hispanoamericano, un tipo especial de historia cultural basada en el testimonio. Mediante las colecciones de cartas entre interlocutores, filósofos, políticos, literatos, militares, bibliógrafos, historiadores y otros, adquirieron formas los diversos discursos ilustrados, académicos, biográficos, testimoniales, administrativos, historiográficos reveladores de la consciencia histórica marcada por los diversos signos e imágenes epocales.

El opus epistolar de Max Henríquez Ureña es, en este sentido, una historia cultural con varias aristas o vertientes del quehacer intelectual en cuyo ritmo de envío, recepción, dicción, narrativa y enunciación instruye su propio “deseo de escritura”, revelador de significados históricos y culturales que dan cuenta de cardinales escriturarias, textuales, biográficas, poéticas, narrativas y artísticas trasmisoras de valores críticos, filosóficos, bio-bibliográficos, pedagógicos e institucionales.

Los tres tomos que se han publicado en Obra y Apuntes (Vols. XXIV, XXV y XXVI), así como sus cartas familiares contenidas en el Epistolario-Familia Henríquez Ureña (1994), sugieren una lectura plural de temas legibles también en centenares de cartas convertidas en crónicas, ensayos, consultas, noticias, homenajes y vínculos literarios que encontramos como “huellas” de los múltiples momentos, espacios y ocasiones de vida que influyeron en la historia cultural, literaria, política y diplomática de MHU.

La nutrida correspondencia de nuestro autor abarca diversos períodos de producción de las mismas, y sobre todo líneas de interés donde encontramos niveles, grados, travesías, temas asumidos junto a informaciones cruzadas en contextos de dificultades y cambios de lugares, debido a su trabajo como diplomático, profesor, representante, conferencista o enviado gubernamental.

En lo concerniente a responsabilidades asumidas por nuestro intelectual, las cartas cobraron un gran valor de comunicación privada y pública visible en las más de quinientas cartas recibidas o enviadas y que se pueden leer hasta hoy gracias al archivo depositado en el Instituto de Literatura  y Lingüística de Cuba y en publicaciones personales o parciales donde encontramos parte de su escritura epistolar.

Existe un tejido de cartas familiares fuera de estos tres tomos que comprende las correspondencias entre México y Cuba, encontradas en diversas ediciones antológicas que refieren el intercontacto Pedro-Max-Camila Henríquez Ureña; otro intercontacto es el relativo a Francisco-Max-Pedro; encontramos también el intercontacto familiar e intelectual entre Max-Camila-Pedro y otros que aparecen en la cronología del citado Epistolario  compuesto por Cartas recibidas entre 1913 y 1946 (1), Cartas recibidas entre 1947 y 1953 (2), y Cartas recibidas entre 1954 y 1961 (3).  En este tercer tomo están contenidas las cartas enviadas por MHU a diferentes personalidades. (Ver, op. cit. pp. 189-307)

Es importante destacar que el tomo 3 del Epistolario de marras, contiene también un pequeño diccionario de remitentes y destinatarios de las cartas, ordenado de la A-Z, y con ciertas informaciones o noticias de los mismos.  La importancia de remitentes y destinatarios muestra la calidad del documento en la medida en que su contenido merece ser situado por su grado de significación para el emisor o receptor de dicha correspondencia o texto epistolar.

En efecto, la edición completa de estas cartas se completa con tres índices onomásticos, distribuidos en cada volumen establecido. Lo que ha implicado un esfuerzo del equipo editor de esta monumental obra y en particular de las editoras y editores de los tres tomos.

Sin lugar a dudas, el cuerpo epistolar de MHU resalta el interés de un maestro de la literatura dominicana y continental que, como hemos visto, ha hecho de la literatura universal un mundo selecto y un espacio de valores confluyentes.  Con sus relaciones epistolares nuestro autor construyó un espacio intelectual que activó también con la docencia y las misiones internacionales.

Lo que pone de relieve el Opus epistolar de MHU es su confluencia de niveles, grados de comunicación y acercamiento cultural, allí donde le tocó impartir dictar conferencias, presentar ponencias académicas o establecer relaciones literarias y culturales para poner de manifiesto sus ideas, representar su país en el ámbito internacional y contribuir con el desarrollo y divulgación de las letras dominicanas, hispanoamericanas y universales.

La lección cultural de MHU a través de sus cartas es evidente si se lee con atención los detalles epistolares del conjunto (referencia de revistas, periódicos, diarios matutinos o vespertinos, anuarios y otras publicaciones). El estilo claro, desprovisto de accesorios retóricos, y otros lujos de lengua desaparecen en las cartas de Max, de suerte que su comunicación fluida no vulnera la comunicabilidad del texto epistolar.

El ensayista literario y cultural se siente muchas veces en las cartas escritas y enviadas de, toda vez que el dispositivo verbal de comunicación se ajusta a la corriente de lectura creada por cierta erudición humanista hispanoamericana. La carta no es solo vehículo, sino medio y modo con fuerza ilocucionaria evidenciada en la escritura que se lleva a cabo para informar y propiciar visiones socioculturales.

Así pues, hemos observado, mediante una lectura que hace visibles, posibles y hasta reales sus contextos de emisión y relación, las imágenes y puentes estéticos, literarios de su obra.  El listado de cartas recibidas y enviadas por MHU traduce los valores de cada fórmula donde la escritura y sus ecos no se confunden con el dispositivo de comprensión del lector o interlocutor.  La vida de las cartas surge cuando las mismas pueden crear modos de análisis de la producción y visión de la literatura y otros géneros de discurso.

La inserción de datos reales en las cartas sirven como forma-método que desde la Filología ayuda a explicar, contextualizar y fijar algún posicionamiento intelectual o productivo de interés y necesidad para darle tratamiento a un juicio o argumento que respalda un determinado caso o problema de investigación y estudio.  El mismo texto epistolar sirve de apoyo privado o público en cuanto a sustentación, información, baremo o doxa conveniente o no para tratar, analizar o perseguir un estado de cosa cultural o literaria.

Rafael Gutiérrez Girardot plantea un panorama espiritual del ensayo del siglo XIX en Hispanoamérica, donde hace un trazado de escritores que cultivaron con vocación una escritura epistolar marcada por cierta vertiente erudita así como independiente.  El modelo de ensayo acepta como en Montaigne, Feijoo, Cadalso, Montalvo, Martí, Donoso Cortés, Manuel González Prada y otros, modelos dialógicos y enunciativos respaldados por su elocuencia, fuerza escrituraria y propósito erudito. (Véase, Rafael Gutiérrez Girardot: El ensayo en lengua española en el siglo XIX, Eds. UNAULA y Universidad Autónoma Latinoamericana, Medellín-Colombia, 2012).

Muchos puntos, aspectos y relaciones que trataremos más adelante en tal sentido, podrían proporcionar modos de pensar, argumentar y aclarar tramas, bordes, ejes y preguntas necesarias para remover y reconocer el archivo de MHU en sus conjunciones, forjas, propiedades axiológicas y culturales que darán lugar a una puesta en valor de su discurso cultural y crítico.

La preparación literaria, histórica y crítica de MHU ha tenido que ver mucho con su universo familiar, esto es, con los ejemplos formadores de su emblemática familia, tal como se puede advertir en los diversos y aprovechables epistolarios familiares que han abierto nuevos caminos de investigación atendibles como interpretación del fenómeno cultural y literario de la América continental.

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