Tengo sed

A qué precio hemos permitido que un grupito haya manejado burdamente la Suprema Corte de Justicia, las altas Cortes, la Cámara de Cuentas, como blindaje de la impunidad.
Rafael Alvarez de los Santos - 17 de Abril de 2017 - 12:08 am - Deja un comentario

El viernes santo el Padre Michel Rosario en el sermón de las siete palabras en la Catedral de la Vega, se portó como un profeta. Le pedí que me dejara publicar su reflexión y me concedió el honor. El texto no es íntegro por la limitación de espacio, pero en esencia aquí está la reflexión de la sexta palabra “Tengo sed”

Jesús tiene sed de amor compasivo, sed de escuchar a los que sufren porque a ellos se les da a menudo, como al Maestro, el amargo vinagre del rechazo.

“Basta de hacer silencio, dice Santa Catalina de Siena, pues por callar el mundo está podrido”. “No me asusta la maldad de los malos, me aterroriza la indiferencia de los buenos” dijo Gandhi. Sé que no es sencillo poner en juego el prestigio y las buenas relaciones con el poder, por dar respuestas que reflejen nuestra integridad.

Levantar la voz no es fácil, pero hacer silencio ante los males que son públicos, parecería apoyo cobarde. Por no caer en el presentismo confieso que no he juzgado correctamente los tiempos de Trujillo, donde muchos comunicadores, líderes sociales, empresarios, miembros de la Iglesia y hasta de mi familia, apoyaron sin cuestionamiento las migajas que les daba el dictador, y a qué precio.

A qué precio estamos bebiendo en este momento el nuevo progreso súper endeudado que tenemos. A qué precio vendemos a Jesús, para poder comprar nuevamente la libertad de Barrabás. A qué precio han salido las obras de Odebrecht, los sobornos y las supuestas sobrevaluaciones, el Hospital Darío Contreras, el parqueo de la UASD, la OISOE, los tucanos, el CEA, los Tres Brazos, el hospital de Bonao, las aguas contaminadas del Río Magajita por la Barrick Gold, el Río Camú, la salida humana de los campesinos de Valle Nuevo, las montañas de Bayacanes y la escuela sin inaugurar que le llaman del Padre Almonte.

A qué precio hemos permitido que un grupito haya manejado burdamente la Suprema Corte de Justicia, las altas Cortes, la Cámara de Cuentas, como blindaje de la impunidad. El borrón y cuenta nueva, el no tirar piedras hacia atrás, o cuando un presidente de la cámara de diputados decía irresponsablemente ante un contrato sin leer: voten, honorables, voten. ¿Alguna vez los poderes serán independientes y no genuflexos al Ejecutivo?

Deseo y suplico a los íntegros de todos los partidos, de las iglesias, los movimientos sociales y empresariales, las emisoras de radio y canales de televisión, toda la prensa e instituciones que conforman el devenir de este país, a los hombres y mujeres de fe y buena voluntad, que nos pongamos de pie, con dignidad y sin desorden, para defender el pueblo dominicano.

Dice el Papa Francisco que para conseguir la paz, se necesita más valor que para la guerra; el corrupto no tiene amigos, tiene cómplices. No entiendo qué hace Mons. Agripino Núñez en la comisión creada por el Presidente para investigar la licitación de Punta Catalina. No dudo de su honradez, pero no entiendo cómo formaba parte de la Junta directiva de Acero Estrella, y ahora forma parte de esa comisión estando vinculada esa empresa. Tampoco entiendo cómo el Señor Presidente elige una comisión que está hecha a la medida. No es ético ser juez y parte, dijo Mons. Víctor Masalle.

Imploro a la Virgen de las Mercedes, que nos ayude a romper la estructura de impunidad que ha manejado al país, donde parece que solo hace falta robar mucho para que las bocinas se enciendan al unísono, ofendidas porque se cuestione las fortunas adquiridas por muchos que no la pueden justificar.

Si les parece bien, los invito a firmar el libro verde como expresión de rechazo a la impunidad. Conozco amigos que no se han atrevido a hacerlo por no perder un trabajo, una tarjeta, una botella o un uniforme. El editorial del Semanario Católico Camino hace una semana decía: “Al pasar los años, los dominicanos de hoy tenemos que enfrentar otra batalla, en esta ocasión, en contra del mal de la corrupción, la inseguridad ciudadana y la falta de transparencia a todos los niveles que padece nuestro pueblo. Esta lucha no es menos riesgosa que aquellas que libraron nuestros antepasados”. Que Dios nos bendiga a todos.

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