Un elogio del caos o la poesía de Plinio Chahín

Plinio Chahín - 21 de Marzo de 2017 - 12:08 am - Deja un comentario

En una reciente visita a la República Dominicana, la poeta peruana Andrea Cabel, conversó con el poeta Plinio Chahín  sobre su poesía, el caos, la muerte, el deseo, entre otros temas relacionados con la poesía dominicana. Entérate en esta entrevista como así Plinio Chahín empezó a escribir poesía, y lo que más disfruta de ella, qué piensa de la poesía y la filosofía juntas y detalles de sus propios poemas.

La reseña bibliografía de Plinio Chahín (Santo Domingo, 1959), es ingente, la cantidad de libros que ha publicado  rondan la ventena, si es que quisiéramos publicarla. Por ello trataremos de resumirla –si es que acaso eso es posible- en algunas significativas líneas. Chahín tiene una licenciatura en letras, estudios y diplomas de postgrado en lengua y literatura, así como una maestría en artes visuales. Él escribe críticas, poemas y ensayos, enseña en la prestigiosa Universidad Autónoma de Santo Domingo, es un articulista de primera y es, también, uno de los más apreciados autores de microrrelatos de su país. Su obra literaria aparece, de manera parcial, en diferentes antologías, nacionales e internacionales. Además, ha publicado numerosos ensayos, literarios y filosóficos. Entre sus libros publicados tenemos: Pensar las formas, Editora Búho, 2017; Fantasmas de otros. Minificción, Editora Nacional, 2016; Sin remedio, seguido de Consumación de la carne, Amargord, Madrid, 2015; Narración de un cuerpo, poesía reunida,1986-2011. Entre muchos otros. Las preguntas finales de esta entrevista recaen, justamente, en el penúltimo libro de esta lista, el publicado en la editorial española Amargord.

La poesía más de cerca.  

  1. Cuéntanos ¿cuándo empezaste a escribir poesía. ¿Alguna anécdota en especial?

A partir de los 17 años empecé  a ensayar mi único  y aún inconcluso poema. Durante  los  años ochenta tuve un encuentro con la poesía de José Martí y sus “versos sencillos”. Por instintos de lector, empecé a leer infinitos libros, hasta dar con “Estación violenta”, de  Octavio Paz,  en el año 1980, resultando dicha experiencia  decisiva para mi proyección de poeta en ciernes.  Desde entonces nada ni nadie ha podido separarme de esta vocación irredenta.

  1. ¿Qué es lo que más disfrutas de la poesía?

El proceso incierto de su creación. La posibilidad de crear otros mundos, fuera de ti o de mí. Un ámbito de visiones nuevas, que nos sitúa más allá del ser y del mundo. Luego, podar las musas, para crear un infinito mundo de fantasías y deseos.

  1. ¿Cómo consideras a la literatura dominicana actual? ¿Qué textos y poetas nos recomendarías leer?

La literatura dominicana aún espera  un mejor amanecer, aunque hayamos escritos textos dignos de mejor suerte, tales como Rosa de tierra, de Rafael Américo Henríquez; Sin mundo ya y herido por el cielo, de Franklin Mieses Burgos;  Los huéspedes secretos, de Manuel del Cabral;  Banquete de aflicción, de Cayo Claudio Espinal; El fabulador, de José Enrique García; Opio territorio, de Alexis Gómez Rosa; Lengua de paraíso, de José Mármol; Pseudo-libro, de León Félix Batista, entre otros;  la literatura, y en especial la  poesía dominicana, aún  espera   un “nuevo escalofrío”.

Entramos a hablar de Consumación de la carne libro que esta anexado a Sin remedio. Publicado por la editorial española Amargord.

  1. Si bien el preámbulo de este poemario desarrollas la importancia de hermanar la poesía y la filosofía, también comentas que este libro propone una poética en la que lo sensual y lo intelectual se reúne y dialoga. ¿Cómo crees que esta propuesta podría ganar adeptos más jóvenes, por ejemplo? ¿o una lectoría mayor? Sabemos que la poesía no tiene un público masivo, y muchas veces existe, no digo que este sea el caso, un interés en hacerlo más grande, ¿tu propuesta intenta abrir más campos al lector o al menos, abrir una mayor lectoría? ¿cómo así?

 Mi intención es abrir el mayor campo posible de lectura, como experiencia radical del ser, pues al leer habitamos el deseo, como ente de lectura. Toda lectura transforma los sentidos y abre el pensamiento a la creación.

La poesía abre los sentidos al umbral del pensamiento, allí donde pensar lo imaginario desnuda lo más hondo. Somos el ente abierto al asombro. Cada vez que leemos reinventamos la vida. La poesía es el espacio abierto del no-ser, como ente misterioso del asombro. De allí nace el pensamiento del que brota la experiencia más honda del misterio. La experiencia vital que dice lo que ninguno de nosotros dice y que no sólo se preserva con tal de decir, sino que entre tanto se dice, es el leer en que se participa como experiencia creativa.  Esta creación del acto de leer deja en su lugar—tal vez necesario, quizás insuficiente—a la expresión indecible del ser.  Leer desde esa necesidad es anuncio de lo otro de sí que, siendo irreductible, forma sin embargo parte de uno. Si bien se propicia con ello un encuentro, tal encuentro no adopta la forma de una pura identificación entre el ser y la lectura. La aspiración es leer, dejando en cada ser una línea.

El amor y el caos en la (su) poesía

  1. Acerca de la numeración en la Consumación de la carne: la mayoría de los poemas están ordenados numéricamente más que por títulos. Solo 7 poemas tienen títulos: ¿A qué se debe el uso en la estética numérica para ordenar los poemas? Pregunto porque si bien los números intentan establecer un orden, o una continuidad, los poemas son más bien fragmentarios, plantean una idea, y saltan a otra, rompiendo de ese modo la idea inicial que estaría detrás de la consecución racional numérica. Es como si los poemas desobedeciesen al orden que los ata.

No hay ningún orden posible. La poesía es puro caos. Del caos venimos y hacia él vamos. Somos rizomas de un decir fragmentario. Yo sólo intento poner orden a mi caos: fragmentación incierta del ser. El caos expresa lo fugaz, el reverso del orden. Si enumero mis poemas es sólo para aprisionar mi confusión. Cada número es un universo que fragmenta mi respiración. En cada número late el infinito. Es imposible fragmentar, sin enumerar nuestras agonías y deseos.

  1. Respecto de la fragmentación en los poemas: Como Eric Satie en sus composiciones, parece que cuando algunos poemas terminasen, realmente estuviesen haciendo solo una pausa para continuar. Esto, se acentúa ya que los poemas acaban sin un punto final, solo terminan al abandono de la página en blanco. Esto, el dejarnos en suspenso, es solo un nivel de la fragmentación de los poemas. Diríamos, de una fragmentación interna. Otro nivel, aún más impactante es cuando se pasa de un poema a otro, sin entender como concatenarlos, pero entendiendo que pertenecen a una misma estética y a una misma voz. ¿Por qué representar de este modo un universo poético que apela al dialogismo entre la poesía y la filosofía, por ejemplo? ¿Por qué apelar a la complejidad de cortar uno tras otro, dejando en muchos casos al lector pendiendo de un hilo? ¿Cuál es el trasfondo estético que se busca con este efecto?

Hay sólo un efecto posible: la página en blanco. La meta es abolir el poema. Crear otro espacio fuera del texto. El poema como iniciación ontológica o plegaria al vacío. Raspaduras sin límites, el poema empuja a situaciones extremas, al miedo bajo la explosión de las palabras, aquellas que llevan  lo inexpresado al lenguaje.  Como raspaduras del alma, las palabras impresionan hacia lo más hondo, desnudando nuestros  bajos instintos, impudicias y dolores.  Somos seres errantes. No hay nada más allá del poema que el poema que huye hacia la página en blanco.

  1. Incluso más que el deseo, el amor en Sin Remedio es el protagonista de los versos. Representado de modo muy diferente a tu otro libro (Consumación de la carne) ¿Cómo sientes y piensas al amor?

Lo siento como la otra fuerza, la que transfigura el ser y su imposible, más allá del dolor, la alegría o la muerte. Sentir el amor es reinventar  las huellas del otro, su imaginario posible y  su redención.  El deseo de la imaginación en movimiento. El amor posibilita la instantaneidad del deseo propiciando su muerte.

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