Privilegios a las universidades privadas y discriminación a la pública l

En realidad la UASD representa más del 50 por ciento de la matrícula nacional de estudiantes, y de la misma manera cuando egresan de sus aulas convertidos en profesionales, mientras que el resto de estudiantes están distribuidos en 42 Centros privados, muchos de ellos de pésima calidad, pero expiden títulos al vapor
Nolberto Luis Soto - 19 de Marzo de 2017 - 12:07 am - Deja un comentario

Emilie Durkheim, sociólogo francés, explicó que las instituciones se comportan como un organismo vivo, se transforman y se  alimentan en relación a las otras de su entorno social.

La universidad estatal vive la dinámica y el contexto de los tiempos actuales normada por las condiciones, valores y apetencias mercantiles de la globalización.

Sus programas se diseñan atendiendo básicamente a las exigencias de la economía de mercado, que en esos términos proyecta carreras de informática, mercadeo, publicidad, administración, gestión de negocios, comercio exterior, negociación comercial, finanzas públicas, banca privada y otras consubstanciales a los menesteres de la política neoliberal.

La Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) tiene 96 departamentos y cientos de carreras no constreñidas a la política de mercado, diseña su currículum buscando el equilibrio en la oferta de programas profesionales que asumiendo su respuesta al mercado, oferta además planes de estudios humanísticos, sociales, ingeniería, bioquímica, ciencias de la salud, diversidad de idiomas, veterinaria y agronomía. Cumple así con su responsabilidad social y la filosofía de formar profesionales críticos, con una visión integral y ética, consignada en su Estatuto Orgánico. Cuestión que no asumen las universidades privadas porque entienden que no les resulta rentable, sólo ofrecen carreras autofinanciables en el sentido empresarial, ya que son negocios que se instalaron para producir ganancias, no por pura vocación y sentido educativo; aparecen en ellas últimamente los programas educativos, cuando se aprueba el 4 por ciento para la educación.

Antes sólo la UASD hacía el sacrificio académico y presupuestario de impartir esas carreras vitales para el desarrollo nacional. Ahora “sabichosamente” se inscriben al Programa de Formación al Maestro las instituciones privadas con la finalidad de obtener ganancias, pero anteriormente dejaban la carga académica a la UASD.

Hoy el Estado reenvía a instituciones focales educativas y universidades privadas todo un paquete de programas educativos con un cuantioso presupuesto que administran sin supervisión alguna y usan con fines discretos en su administración hacia los efectos empresariales.  Constituyendo una injusticia y la merma de las funciones propias de la Universidad Estatal, que recibe a los profesores y estudiantes de pedagogía del ámbito nacional con menores ingresos económicos desde hace años. Se justifica que sus máximas autoridades eleven sus reclamos y derechos, sabedores de que en definitiva son profesores usdianos jubilados o activos que sirven a esas instituciones privadas.

Conocemos a cabalidad instituciones privilegiadas, que amén de construirles edificios, donarles herramientas tecnológicas y entregarles partidas presupuestarias, exigen a los candidatos a ingresar a su matrícula un índice superior a 80 puntos, seleccionando a los que presentan un mayor índice; trabajan así con los estudiantes venidos de colegios con excelencia o status de calidad óptima de clase alta o media alta.

El Estado arrincona con su política a la UASD y le deja a los sectores humildes y pobres que recibimos con mucha deficiencia, resultado de una educación de poca calidad donde no hay biblioteca ni actualización para los docentes. Desde luego, la Universidad no puede ni está en capacidad de rectificar ni transformar en el Colegio Universitario las carencias que tiene el sistema educativo nacional. No obstante, aspiramos a comparar esos centros privilegiados con la Universidad Autónoma, introduciendo un verdadero discrimen y una separación elitista, y lo peor cerrándoles en forma discriminatoria las puertas del mercado a los puestos de más calidad, según me testimonian los propios estudiantes. Las empresas de cierta categoría social al parecer les niegan el derecho a ingresar como empleado a las mismas, discriminándolos por su condición social o espíritu crítico que aprende en la Universidad Pública.

En realidad la UASD representa más del 50 por ciento de la matrícula nacional de estudiantes, y de la misma manera cuando egresan de sus aulas convertidos en profesionales, mientras que el resto de estudiantes están distribuidos en 42 Centros privados, muchos de ellos de pésima calidad, pero expiden títulos al vapor, contándose sólo unos pocos Centros Educativos con calidad. Por tanto, el presupuesto para la UASD debe comprender más de la mitad que se les entrega a todas aquellas juntas, sino entregarle el 5 por ciento del Presupuesto Nacional de acuerdo a la Ley. En otro artículo, analizaré la interioridad de la UASD y la urgente necesidad de producir cambios a lo interno, porque “amor no quita conocimiento”, ya que la Institución hay que someterla a una revitalización urgente para que exhiba su autoridad moral y del talento.

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