Max Henríquez Ureña: Semblanza de Joaquín García Monge

Odalís G. Pérez - 18 de Marzo de 2017 - 12:08 am - Deja un comentario

“Al morir Joaquín García Monge, pierde la América Española un apóstol de la cultura. Contaba ya setenta y siete años: había nacido en Costa Rica en 1881. Se inició a los dieciocho en las letras, glosando en forma narrativa temas folklóricos de su tierra; y en 1900 dio a la estampa su primer libro, El Moto. Otros vinieron después, pero no era la de escritor su principal actividad: se había impuesto a sí mismo, desde temprano, la obligación de difundir la cultura de nuestra América mediante la publicación de libros que fueran de fácil adquisición y manejo, por su formato y por su costo, y si en algo podría importarle el producto de su venta, era para tener medios de imprimir otros más”.  (Max Henríquez Ureña: “Un apóstol de la cultura: García Monge” (1881-1958), en Letras de América 3 (XVIII) de Obra y apuntes, Op. cit. p. 209)

El ensayo-semblanza que escribiera Max Henríquez Ureña sobre el editor, narrador e intelectual costarricense Joaquín García Monge, daba cuenta de lo mucho que este aportó a la cultura de la América continental. Joaquín García Monge fue un erudito, compilador y divulgador de las letras que desde su conocido Repertorio americano divulgó obras, hombres de letras e ideas literarias de gran repercusión continental. Dicho Repertorio fue una publicación que por su factura intelectual incidió como fuente, valor, estudio y reserva intelectual no solo en Costa Rica, su patria, sino también en toda Hispanoamérica.

Según Max Henríquez Ureña, el estimable aporte de Joaquín García Monge fue la idea de concentrar editar obras y autores de gran valor para el conocimiento literario de América Latina:

“Así nació y prosperó la Colección Ariel, iniciada en 1909. Poco después vino otra: El Convivio, a la cual se agregaron las Ediciones Sarmiento y las Ediciones de autores costarricenses (que incluyeron obras de Roberto Bunes Mesén, Carmen Lira, Rómulo Tovar, Octavio Jiménez, Manuel González Zeledón y el propio García Monge” (Ibídem. Op. cit.).

¿Cuál era la idea, y su intención en el caso de estas ediciones según MHU?

“En esas colecciones, que debían incluir, según declaración de su autor, obras “de los buenos escritores de todas las naciones y épocas”, abundaban los nombres de egregios representantes del pensamiento americano: José Martí, Manuel Gutiérrez Nájera, Julio Herrera Reissig, Almafuerte, Leopoldo Lugones, Carlos Guido y Spano, Santiago Pérez, Enrique José Varona, Antonio Zambrana, Manuel Díaz Rodríguez, José Enrique Rodó, Alfonso Reyes, Pedro Henríquez Ureña, Rafael Arévalo Martínez, Carlos Vaz Ferreira, José María Chacón y Calvo, José Vasconcelos…” (Op. cit. pp. 209-210).

Pero donde más sobresalió su aporte literario y humanístico fue en el Repertorio Americano, donde García Monge activó una memoria cultural y literaria de alto valor para las letras y las ideas hispanoamericanas.  Explica MHU que junto a su labor de escritor

“…García Monge dio comienzo en 1919, al empeño que mayor relieve dio a su personalidad: la publicación del Repertorio Americano.  Al amparo de ese título, que un siglo antes había ideado Andrés Bello, para un intento semejante, García  Monge se propuso recoger, día a día, las manifestaciones más relevantes de los hombres de pensamiento de nuestro tiempo en la América española”. (Ibídem.)

Agrega MHU lo que con pasión, objetivo necesario y valor marcado nació del esfuerzo de García Monge:

“Con tino de maestro avezado a las buenas lecturas, García Monge tomaba, de los periódicos y revistas del continente, todo lo que atesoraba superior interés para el pensar y sentir de nuestra América. El Repertorio que él hacía llegar a los escritores, representativos de la cultura continental, era un guión o índice necesario para que los pueblos de América se conocieran mejor unos a otros”. (Ibídem. Loc. cit.)

MHU se pregunta: “¿Podían llegar acaso a todas las manos las publicaciones periodísticas de veinte países, para que cada lector, después de revisarlas, desentrañara de ellas lo más importante?” (Ibídem. Loc. cit.).  Señala y destaca Max que:

“Esa labor era la que realizaba García Monge para que los demás se beneficiaran con ella: clasificaba, valoraba, escogía; y desde las páginas del Repertorio, echaba a volar el fruto de su rebusca”. (Ibídem.)

Lo más importante en este caso ha sido la obra que en el marco humano de su autodisciplina, rigor y trabajo llevó a cabo Joaquín García Monge para solidificar una “idea de América” a partir  de sus fuentes, informaciones, desarrollos, pronunciamientos históricos y literarios y con ellos contribuir a un ramaje editorial e historiográfico útil y necesario para la investigación de las letras y las ideas en la América continental.

“El repertorio –acentúa MHU-, vocero y acervo de la cultura continental, era un medio de comunicación y de información que se había hecho indispensable para cuantos quisieran conocer y apreciar el movimiento de las ideas en la América española: era algo así como un clearing house de  la producción intelectual hispanoamericana”. (Op. cit. pp. 210-211)

García Monge quería democratizar el pensamiento y la cultura de América a través de su Repertorio Americano. Al conocer y leer algunos números del mismo, hemos podido aquilatar el campo de interés y de trabajo editorial de estima y valor que sentía el intelectual costarricense por las letras de su país y de toda América.

De ahí que MHU se pregunte acerca de lo que supuso el plan y el objetivo de su trabajo:

“¿No supone todo esto un trabajo capaz de abrumar a quien no tuviera la pericia excepcional de García Monge para desentrañar la ganga inútil el oro puro? A su mesa llegaban periódicos y libros de todas partes, en copiosa profusión. García Monge, tijera en mano, seleccionaba, día tras día, lo que pudiera ser digno del Repertorio americano. (Ibídem.)

Su labor de creación literaria había pasado a un segundo plano, debido a su dedicación por la investigación y divulgación cultural y literaria. Tal y como refiere MHU, había publicado como narrador El Moto (1900), Hijas del Campo (1901), Abnegación (1902), La mala sombra y otros sucesos (1917).

“¿Habían caído en el olvido, causa de no haber perseverado en sus empeños de creación propia, aquellos libros suyos, que tuvieron inspiración y su origen en el folklore y en las costumbres del pueblo costarricenses? Quizás; y por ello Luis Alberto Sánchez escribió para Cuadernos Americanos, en mayo de 1950, un ensayo con este título: Joaquín García Monge, novelista ignorado.  No era, sin embargo, un ignorado; en todo caso, un olvidado”. (Ibídem.)

Según Max,

“No merecía ese olvido.  García Monge se cuenta entre los escritores costarricenses que mejor explotaron la rica veta del folclorismo nacional.  En ese campo fue uno de los primeros en el tiempo y en la calidad”. (Ver, pp. 211-212)

La literatura costarricense ha dado frutos literarios en el marco de la narrativa, las tradicciones populares y los testimonios culturales, poéticos, filosóficos y críticos de la primera y la segunda mitad del siglo XX.

Según MHU:

“Otras actividades desplegó García Monge durante su útil y fecunda vida. Ejerció el magisterio con segura competencia, a la vez que con amor; y abogó por eficaces reformas en los programas de enseñanza primaria, como lo evidencia un proyecto que redactó en 1908, en colaboración con Roberto Brenes Mesen. Desde la cátedra de lenguaje y literatura que tuvo a su cargo un tiempo, despertó en las generaciones nuevas el entusiasmo por las grandes obras literarias y por el buen decir”. (Vid. pp. 212-213)

Su hoja de vida pública y profesional contiene puntos que destaca MHU en una puntual información:

“Ocupó durante tres lustros la dirección de la Biblioteca Nacional, que nunca estuvo en mejores manos. Fue ministro de instrucción pública, aunque por breve lapso (de septiembre de 1919 a mayo 1920), durante el gobierno interino del presidente Francisco Aguilar Barquero, que tuvo por misión la urgente celebración de elecciones y el restablecimiento del orden constitucional después de derribado el régimen dictatorial de los Tinoco”. (Ibídem.)

Un rasgo biográfico acentuado y memorial lo pone de relieve MHU en su doxa crítica y referencia:

“García Monge, a más de apóstol de la cultura, lo fue también de la libertad de pensamiento y de respeto a la dignidad humana.  Las páginas del Repertorio eran una cátedra de moral política y de rectitud cívica. Sin alardes ni estridencias, García Monge fue el adversario decidido, en el orden internacional, de todos los imperialismos; y en el orden interno, de todo abuso de poder. En el Repertorio encontraron siempre acogida los que propugnaban nobles idealismos y amplias libertades. Más de una vez, esa conducta provocó en contra suya injustificados ataques de los turiferarios que se humillaban ante mandones irresponsables”. (Ibídem., pp. 212-213)

El Repertorio Americano que fundó Joaquín García Monge en Costa Rica, fue un espacio intelectual de cardinales intelectuales, activadas y utilizadas por muchos escritores y pensadores emblemáticos hispanoamericanos y europeos.

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